sábado, 6 de septiembre de 2014

Huangshan (la montaña amarilla)

Apollo 13 es una de esas películas que por alguna razón me encantan y cada vez que la engancho en la tele la dejo. Podría decir que lo que me pasó en Huangshan, la montaña amarilla de Anhui y una de los picos sagrados de China, fue mi versión del Apollo 13: “un fracaso exitoso”. Pero a diferencia del módulo lunar, el problema acá estuvo en mi planificación de viaje sobre una región de la que en realidad, mucho no se sabía tampoco. Internet tiró un par de centros, pero nada muy concreto que pudiera servirme, por eso en realidad la elección de Huangshan era riesgosa per se. Era una aventura antes que turismo en el sentido estricto.

En la terminal de micros de Shanghai estaba presto a las 8 am con destino al pueblo de Tangkou, sito al pie de la montaña. Y recién ahí me agarró el momento “donde estoy?”, en el pasaje de las metrópolis de Beiijng y Shanghai a la China rural, puntualmente a la provincia de Anhui, una de las más pobres del país. Ajustado por el tiempo, llegué a Tangkou con dos horas de demora.

Hasta acá todo bien, mal que mal iba a arreglármelas para sobrevivir acá, aunque no pudiese reconocer un hotel ni nada. Pero acá es donde cometí el primer gran error. Antes tengo que explicar que idealmente, la magia de Huangshan radica en el amanecer. Supuestamente en la cima de la montaña las nubes, si el tiempo lo permite, yacen debajo de la montaña en el amanecer. Y estando en la cima, uno está por encima de las nubes. Es una imagen mística y a la vez famosa en muchos cuadros y dibujos chinos.  Yo quería vivir ese momento. Pero apurado por el tiempo (tenía que estar en unos días de vuelta en Shanghai para volar a Hong Kong) tomé la decisión equivocada:  en lugar de prepararme bien y esperar un día para subir , fui con todo mi equipaje directamente a la montaña, donde deduje que a) iba a poder encontrar un hotel donde dormir, según había leído b) iba a encontrar un campamento o un refugio porque pese a ser invierno, el clima estaba bastante bien.  

Con el equipaje a cuestas, costó bastante, pero se sobrellevaba. La nieve parecía que había desaparecido, pero había dejado una niebla importante.  Mi percepción decía que había cerca de unos 15 grados de temperatura. Por lo cual, era un escenario bastante pedorro: no había nieve pero tampoco había claridad para sacar buenas fotos (lo cual fue una constante en China). Lo positivo es que dentro de todo, parecía que se podía dormir en la montaña. Primero probé suerte con dos hoteles que estaban a unos mil, mil y pico de metros. Las tarifas estaban cuatro veces más caras de lo que Internet decía. Y en un país donde las tarjetas de crédito no son aceptadas, y que tampoco venía muy bien de yuanes, era algo que simplemente no podía pagar (y estaba aún muy verde con el idioma como para intentar regatear o dormir en el lobby al menos, que hubiese sido una jugada más inteligente, analizándolo en frío), así que seguí caminando y buscando otros hoteles o lugares donde dormir.

A todo esto llegué a la cima, y efectivamente, las nubes taparon todo lo que había para ver. Un poco decepcionado, empecé a bajar buscando lugares donde quedarme.  Sin embargo, de un momento al otro, llegó la noche. Y yo estaba con todo mi equipaje, sin lugar donde quedarme, y no tenía mucha idea de que hacer. La visibilidad bajó sensiblemente, y yo encontré un lugar que parecía ser un pasillo largo, en forma de L, que conectaba la montaña con un hotel que estaba visiblemente cerrado, pero que no parecía abandonado, por eso opté por quedarme en el pasillo antes de entrar por la fuerza a un lugar desconocido, y de alguna forma medio incómoda desplegué la bolsa de dormir cerca de unos escalones. Por ahora sólo hacía un poco de frío, nada grave... hasta que estalló el invierno de una vez, entre otras cosas. Me había sacado parte de la ropa para dormir en la bolsa, pero me la tuve que poner toda de nuevo por el frío, incluso las zapatillas y dos camperas. Toda la ropa que estaba a mano fue a parar o a mi cuerpo o a la bolsa.

Por otra parte, empecé a escuchar pasos a eso de las 8 de la noche, que iban y venían, que sentía muy cercanos pero que nunca supe de donde venían. Ahí me saltó la paranoia al extremo. Imagínense: un chino viene caminando o patrullando el parque o quien sabe que, y se encuentra a un desconocido durmiendo o habitando un lugar inhóspito a 1500 metros de altura. Si estaba patrullando, era posible que tuviese un arma, además. A la locura y al frío (la botella de agua ya se había congelado, estaba tratando de controlar la neurosis cada vez que los pasos se repetían, sistemáticamente, cada media hora.) eventualmente se le sumó la nieve. Y si hay nieve, hay rayos. Salí en un momento a fumar un cigarrillo y de repente se hizo una luz blanca. Había caído un rayo bastante cerca, al parecer. Entre todo eso si dormí quince minutos, es mucho. Fueron las horas más largas de mi vida, eso seguro. Varias veces pensé que carajo estaba haciendo ahí, y que se me había cruzado por la cabeza para semejante aventura.

Finalmente, a eso de las siete de la mañana se hizo la suficiente luz para bajar, en medio de una tormenta de nieve. Por las condiciones climáticas no había teleférico, así que había que bajar el paso del Ciguangge a la antigua. Antes de partir, fui a la cumbre una vez más, a ver como hubiese sido la vista de la que tanto hablaban. Obviamente no se vio nada.  Así que, sin clavos en las zapatillas, traté de ser bastante cauteloso en la bajada. Me encontré con un grupo de chinos para bajar después de unos cientos de metros, así que completamos el descenso juntos. Sin embargo, los resbalones dijeron presente, más de una vez. En uno de ellos, la cámara que me había acompañado me dijo adiós y salió volando por la montaña. Después de cuatro horas casi sin detenerme, completamente empapado por la nieve y extenuado por llevar las cosas, finalmente llegué a base. De alguna forma, con traslado en combi mediante (el chancho de la combi era el Caruso Lombardi oriental), llegué al pueblo de Tunxi (40 km aprox. del monte) donde pasaría los próximos dos días. De más está decir que lo primero que hice fue bañarme.

En resumen, me mandé un moco importante queriéndome hacer el piola. Me confié con las condiciones climáticas y no preví un descenso de 25º C durante la noche (según confirmó luego la estación meteorológica). Me costó horrores dormir, la pasé mal del frío y me di un par de porrazos bajando. Sin embargo la conté y de alguna forma se que puedo sacar pecho de que banqué una parada muy díficil. No vi las nubes a la altura de mis pies como me hubiese gustado, pero viví una experiencia muy singular en la nieve. 


(Al final no me hice un tumblr porque tengo problemas con las subidas, así que nos mudamos a flickr con las fotos : https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo/  Como se cayó la cámara, las fotos que sobrevivieron fueron las sacadas por el celular)

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