sábado, 7 de febrero de 2015

Un taxi hubiese sido más barato.

Se hacía tarde en Macao y tenía que volver a Hong Kong a buscar mis bolsos y volver a China. A las 22:20 tenía un vuelo a Chongqing desde la ciudad fronteriza de Shenzhen (pronunciense Chongching y Yendzen).

El plan era pasar un día en Chongqing para ver el curso del río Yangze, quizás pasar por las cuevas de Dazu y de ahí ir a Chengdu en un tren que no demoraba más de dos horas.

Agarré los bolsos y me fui por donde vine. Con el MTR me despedí de Hong Kong, subiéndome a las175 y monedas de la tarde, y llegando a eso de las 18:30 a Lo Wu. Podría haber ganado tiempo e ido a Lok Ma Chau (la frontera con Futian, que en teoría corta más camino que Lo wu/Luohu) pero opté por lo seguro.

Yo había visitado una frontera semi muerta a la ida, producto de haberla cruzado cerca de la medianoche. (De hecho, tanto las fronteras de Luohu y Futian cierran a la medianoche, por lo cual queda sólo un paso abierto, Huanggang, que está fuera del transporte público, salvo por el colectivo 338 que tendrá su papel en esta historia).  Al día de hoy me cuesta explicar explicar la cantidad de mercadería y cajas que vi a la vuelta. Todo el mundo desesperado agarrando su mercadería y haciéndola pasar a través de la frontera. Había más productos que personas, casi sin dudar. Una vez atravesada la frontera, eran las 8 de la noche casi, y yo tenía que ver como llegar al aeropuerto. Sabía que tenía esos colectivos que por 20 yuanes tardan 40 minutos, pero pensé que podía haber más tráfico y tampoco los veía por ningún lado. Un taxi me parecía una opción antieconómica y pensé que llegando nueve y veinte iba a estar bien.

Entonces me metí en el subte, cuya terminal del otro lado era el Aeropuerto Internacional de Baoan.

Felicito a los chinos por hacer un subte con 45 estaciones en una hora y media y una distancia de más de 30 km. Sin embargo, no fue suficiente para superar el quisquilloso Check-in (una hora y cuarto antes del vuelo cerró el checkin para un viaje doméstico. Y pensar que había hecho un checkin 5 minutos antes de partir a la mañana de ese mismo día!).

Al margen de eso, yo ahí me pasé de ganso. La opción segura, pese a todo, era el taxi. Y yo confié demasiado en la omnipresencia subterránea china. Cuando vi la cantidad de estaciones que eran, podría haber tenido un acto de valentía y bajarme a mitad de recorrido buscando el milagro. El tema es que tampoco sabía muy bien donde bajar! Al tratarse de una ciudad absolutamente desconocida y enorme no parecía haber algún lugar idóneo donde pudieras encontrar un taxi. Entonces seguí en el subte, rezando por lo mejor.

Llegué nueve y media, y había una combi que te llevaba gratis al aeropuerto. Tras una subida por una autopista que parecía sacada de Tron,  llegué 21:35, suficientemente tarde para que me dijeran que había perdido el vuelo.

Quise sacar otro pasaje de emergencia, pero no aceptaban tarjeta (no, ni siquiera en los aeropuertos). Para colmo de males, me dijeron que el aeropuerto cerraba a las 2 am, así que tampoco era una opción quedarme ahí a dormir a ver como resolvía esto.

Entonces, tipo 10 y media me fui preocupadísimo por lo que iba a hacer y ofuscadísimo por haberme tomado aquel subte en lugar de viajar en taxi. Agarré la combi de vuelta y en la estación de subte (que ya había cerrado) en medio de la nada también estaba la parada del 338. Me subí a ese colectivo, que no tenía la menor idea para donde iba, y escribí en el celular "hola, estoy solo, triste y perdido, me decis donde queda un hotel barato donde pueda pasar la noche?". La chofer (porque recordemos, en China la proporción de choferes es bastante pareja) me indicó al llegar a un suburbio cerca del aeropuerto que me bajara y probara suerte por ahí. Es muy probable que yo haya sido uno de los primeros turistas en años en ese barrio.  La cara de sorpresa del pibe del hotel cuando me vio no me la olvido más. Pagué por una noche y me fui a planear mi próximo movimiento. Pero el milagro estaba hecho. De pasar de estar en medio de la nada y perdido en la noche había llegado a un lugar donde podía pasar la noche

Al ser mi primer noche en un hotel, tenía acceso a objetos nuevos, a diferencia de un hostel. Principalmente, una TV. La encendí y para mi sorpresa había algo así como una novela de esas románticas donde eran todos militares, y algo que parecía ser un reality de caligrafía/deletreo. Parecía ser el season finale: estaban la Malena Pichot china, un hipster genérico chino y un niño genio, de esos menores de edad con camisa y sweater que son el orgullo de papá y mamá. Los jueces también eran tres: la Any Ventura china, alguien que parecía ser el Mediavilla chino, y un negro con rastas y una bandana (?). La cosa era así, les dictaban un ideograma y tenían que representarlo y escribirlo. Y terminó ganando el pibito. Era un reality porque mostraban como a lo largo del programa quienes fueron eliminados (primero Malena y después el hipster finalista, coronando a nuestro joven gurrumín) fueron creciendo y desarrollando sus talentos en diferentes emisiones, lo cual da una idea de continuidad, y no de ser un programa de juegos aislados.

A lo largo de esa noche, lo pensé mejor y conseguí, nuevamente por Ctrip, un pasaje a Chengdu desde Shenzhen vía internet, el martes a la madrugada. Lo cual implicaba que iba a pasar un día más en Shenzhen. También pude cancelar el pasaje que no usé, así que recuperé una parte de esa plata y pude pagar con tarjeta, así no ponía en riesgo mi limitado capital yuánico. Ctrip corazón. También mandé un mail a mi hostel en Chengdu diciendo que iba a llegar un día más tarde de lo planeado. No me cobraron esa noche, en un gesto de buena onda.

Tenía dos opciones para el día siguiente: ir a los jardines botánicos de Shenzhen, de los más lindos de China según los que saben, o recorrer el museo de arte moderno del OCT y Window of the World, parque de diversiones epítome de la locura China: modelos a escala del Taj Mahal, la Acrópolis, el Coliseo, la torre Eiffel, etc por doquier.

Apenas puse un pie en la calle durante el día me convertí en la atracción del barrio. Dicen que hay muchos chinos que sólo conocen un extranjero en toda su vida. Imaginen la sorpresa de varios de ellos al ver un caucásico en su humilde Lugano 1 y 2. Todo el mundo mirando, pero con muchísimo respeto y sonrisas. Fotos, sonrisas y montones de "hello!" se repitieron durante el día.

Fui a pedir un chau fan a un restaurant chiquito y uno de los pibes que estaba ahí y se defendía con el inglés, preguntó como carajo había hecho para terminar ahí. Shenzhen, suburbio marginal al margen, es una de las SEZ (Special Economic Zone) y una de las que más creció a nivel mundo en los últimos años. Está previsto que sea la próxima megalópolis China, y pionera de la industria informática, que ya tiene varios angloparlantes nativos y extranjeros insertos en ella.

Gracias al google translator nuevamente pude arreglar con el muchacho del lobby para que me consiguiese un taxi para ir al aeropuerto. El vuelo a Chengdu salía a las 7:50 am. Me despertó a las 5:15. Y lo bien que hizo. Consiguió un taxi minivan para varios que ibamos desde el hotel y llegamos a las 6:20 al aeropuerto de Baoan.  Hice el Checkin in Hainan Islands Airlines (les comenté que casi todas las provincias chinas tienen su propia aerolínea?) y listo.

No conocí Chongqing, pero al menos aprendí algunas cosas de Shenzhen. Cuando de acá a 50 años ella y Shanghai dominen al mundo no digan que no les avisé (?)


Por cierto, el OCT estaba cerrado y Window of the World era mucho más barato a la tardecita que de día, pero cuando volví me sentí muy mal y me quedé en el hotel hasta que se hizo de noche.  Por eso casi no hay fotos de mi estadía en el Shenzhen. Como hay pocas fotos, las explico. Algunas son del barrio donde estaba, otras del OCT y de Window of the World, y las símil tetris son del piso del eclecticísimo aeropuerto de Baoan.

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Spoiler: Próximamente estaremos hablando de Pandas. Mientras tanto, una muestra del delirio de Window of the World

viernes, 23 de enero de 2015

El lugar de los Candados. Y las pilas. Y los encendedores.

Antes de volver a China decidí darme una vuelta por Macao. A la noche tenía un vuelo que salía a las 10 pm desde Shenzhen (la ciudad de frontera con Hong Kong) hacia Chongqing (pronúnciese chong-ching), así que cruzar la frontera vía HK a pie, tal como había hecho a la ida, era a priori lo más sencillo. Si bien hay otras maneras de hacerlo: puede hacerse desde Macao mismo directamente a Shenzhen, pero hubiese implicado llevar todo el equipaje conmigo. Parece que no, pero efectivamente termina cansando el llevar un montón de cosas todo el tiempo.

A las 8 de la mañana entonces, estaba subido a la lancha que une Hong Kong con Macao, a una hora de viaje al este de la isla. Vendría a ser un equivalente de Buenos Aires - Colonia, en perspectiva: forma de viajar, tipo y dirección del barco, carácter lusitano del destino, destino para pasar el fin de semana, etc. Cabe destacar que hice cualquiera, salí tardísimo y recién 7:55 inicié el trámite de migraciones para irme a Macao. 7:59 ya estaba en el barco, y puntualmente a las 8 zarpó. Con lo justo, e incluso menos que lo justo, subí.

Una hora después, cruzando el Pearl River (Río de la Perla, si quieren seguir buscando referencias a Buenos Aires-Colonia), llegué a la isla de la bandera verde. Pasé por migraciones con la mínima idea de hablar un poco de portuñol, ya que el portugués era junto con el cantonés la lengua oficial de la Isla. Lo cual no hizo más que confundirme al ver que los oficiales respondían en inglés un "bom día". Sentí que mi portugués era malísimo, y golpeada mi autoestima salí de la terminal buscando un mapa (insisto, los mapas son sus amigos).

Así como China, Macao precisa una visa para entrar al país (diferente a la China, claro está). Pero se trata de una visa que se saca on arrival, así que por la módica suma de 100 patacas (moneda de Macao, y prima segunda de los patacones, casi al cambio 1 PTC= 1 HKD) tenía el visto bueno para entrar al país. Creo que si vas a Macao a tomar un vuelo podés estar tener una exención de 48 horas, por cierto.

A diferencia de Colonia del Sacramento, Macao es la versión asiática de Las Vegas. Exención impositiva, casinos al por mayor, y wifi para todos en el sistema wifigo. Acá lo conocemos como BA Wifi, pero en lugares como China y Hong Kong (donde el wifi gratis es tan raro como encontrarse quintillizos por la calle), era una novedad al menos digna de destacar.

Macao tiene 4 grandes divisiones : La península de Macao, y cruzando un puente están Taipa, Coloane, y Cotai. Taipa es una zona residencial estilo portugués, más alejada del eclecticismo de la isla central. Sobre Cotai honestamente no tengo mucha idea, sólo se que el casino más grande del mundo, The Venetian, se encuentra ahí. Coloane, más al sur, tiene los espacios verdes y las playas.

En Macao necesitás un permiso del gobierno para pasar la noche, y encima no hay hostels, así que per se no es fácil para los backpackers estar más de un día en Macao. Ergo, generalmente, la mayoría no abandona la península ante los límites del tiempo.

Cuando llegue, pensé que iba a tener que caminar mucho yendo de una punta de la isla a la otra, así que me tomé un bondi y el tipo al ver que no tenía cambio (solo tenía un billete de 100 patacas para pasar el día) me dejó pasar como si nada. En diez minutos ya estaba en la otra punta de la isla, lejos de los casinos y más cerca de la parte colonial.

Ciertamente Macao es un lugar idílico para pasar los últimos años de tu vida, pero no antes. Cuando una de las principales avenidas de un lugar se llama "avenida da amizade" medio que estás advertido de que se trata de un lugar donde la vida se vive de otra forma. Muy poca presencia de la "street food", y una población en promedio envejecida recorría las calles de la isla. El casco histórico está trazado por las veredas, cuyos adoquines muestran referencias naúticas: si estabas parado sobre un ancla, un sol, un camarón o un pez, estabas en camino a los lugares relevantes de Macao.

A saber: la plaza del Senado, las ruinas de la catedral de Sao Paulo, el templo de A-Má (lo que se dice un guiño evidente a los 80 (?))  , la casa del Mandarin, entre otras.  Todo ese ensamble de cosas por sí solo no significa mucho o va a resultar impresionante. Creo que es todo el enclave de pequeñas atracciones el que hace que sea agradable el paseo. Vale la pena hablar del ritmo tranquilo, de las casas que alternan rosa amarillo y verde, de que los nombres das ruas están en portugués.

Como Hong Kong, también Macao destila eclecticismo, pero en vez de hacerlo con estridencia, lo hace con calma.  La estatua de Guan Yin frente al río, en una pose símil Virgen María, es un guiño a esto. Calles amplias con edificios gigantes con bajísima densidad poblacional y casitas coloniales a lo lejos. Era como si Atlantic City hubiese hecho un trío con Lisboa y Cantón.

Macao fue interesante, aunque no haya podido ver mucho. Tampoco estoy seguro si había mucho más para ver desde la perspectiva o la cultura portuguesa (Taipa o Coloane, quizás). El problema es que la radicalidad de cualquiera de esas tres cabezas (la americana, la portuguesa y la china) se pierde y queda un híbrido que no se sabe muy bien de que esta hecho en realidad. Es como cuando se derriten los helados de diferente sabor y se mezcla: el gusto resultante es una consecuencia no deseada de esa mezcla.

Pero bueno, era hora de irme de Macao para volver a Hong Kong porque tenía un vuelo que tomar en China a fin de acercarme al Tibet.




















La bandera...nacional? Al día de hoy el status es confuso en ambas SAR (Special Administrative Region). Que en plural debería ser SARS (?)  Irónicamente hablamos del lugar donde nació nuestra querida y nunca bien ponderada neumonía atípica. Cosas de la vida.


las fotos? donde siempre: https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo/ 

sábado, 27 de diciembre de 2014

Hong Kong, la ciudad de los mil mundos

Cuando armé este viaje no tenía en mente pasar por Hong Kong. Quedaba bastante lejos de mi itinerario original, así que la decisión de pedir una visa a  China de doble entrada fue de último momento. Como Hong Kong y China se manejan por fronteras diferentes, un viaje a Hong Kong desde China cuenta como si fuese uno internacional. Ergo, al volver a China, tenés que tener una visa de doble entrada.

Tiempo después me alegró mucho de haber pasado por ahí unos días: fue un respiro, no sólo por lo increíblemente divertido que es, sino también para alejarse un poco de lo que es la China continental. El shock cultural, le dicen. No es tanto por las costumbres, la higiene o lo demás. Es porque sencillamente, si no hablás chino, no hablás. Entonces, los días en Hong Kong supusieron un descanso, no tanto a los ojos, pero sí a los oídos.

Hong Kong tiene tres grandes distritos habitacionales: los suburbios The New Territories (la principal área suburbana, el famoso conurbano al cual hice referencia en el post anterior), la península de Kowloon, y la Isla Central (o simplemente, Central o la Isla), estas dos unidas a través de varios túneles. Mi hostel quedaba en Causeway Bay, isla central, y para mí sorpresa, no fue tan difícil encontrarlo. Si en Shanghai les había dicho que había hoteles contenidos enteramente en un sexto piso, que decir de Hong Kong. Imposible que puedas ver a simple vista un hostel. Están prácticamente todos escondidos dentro de edificios. Lo que sí podés ver son las luces de Causeway Bay. Cuando uno se hace las imagenes mentales de las metrópolis de Asia, a raíz del cine o de otras formas de expresión, las hacemos siempre saturadas de neón y LEDS. Beijing no daba con ese perfil, Shanghai se le acercaba pero tampoco. Hong Kong sí. Nunca fui a Nueva York o a Tokio, pero Hong Kong parecía ubicarse en algún punto medio entre ambas. 

Por 160 pesos argentinos (o 150 HK Dollars, la conversión es prácticamente 1 a 1), no podía esperar más que una cama en una habitación mínima, coqueteando con la idea de ghetto pero sin llegar a un hacinamiento indigno. Y así fue. Como tenía hambre, fui a buscar algo para comer a eso de la 1 a.m, pero sin grandes esperanzas. Menuda sorpresa me llevé al ver que todos los supermercados no sólo abrían las 24 horas, sino que tenían colas infernales bien entrada la noche. Agarré uno de esos platos de arroz con unos dumplings marca Coto (?) y por 15 HKD al menos pude cenar.

A la mañana siguiente, mientras desayunaba y chusmeaba en algún mapa de la ciudad que podía hacer, escuché un tono de inglés ligeramente latinizado: uno parecía ser francés, lo cual es normal en una ciudad con tantos expatriados, pero el otro parecía ser...un argentino? Y efectivamente, lo era. Olivier y Manuel, importados de París y Buenos Aires, acompañados por su amiga Alexa, polaca. Los primeros dos estaban estudiando arquitectura en Bélgica. Sobre ella, creo que estudiaba otra cosa, pero en Alemania. (Por eso hablaban en inglés y no en francés). Manuel, gratamente sorprendido por toparse con otro argentino, me dijo que tenían pensado ir al pico, y si quería acompañarlos.

El pico es Victoria´s Peak: el mirador de la ciudad donde se sacan todas esas panorámicas sobre Hong Kong, está dentro de Central, y la terminal del tranvía que te lleva está muy cerca del edificio del Bank of China, uno de las postales clásicas de la isla. El único problema es que en el camino, sobrevino una niebla que casi nunca había visto en mi vida, y que iba a decir presente durante casi toda mi estadía en la isla. De golpe la vista desde el pico parecía mucho menos épica. 

En lugar de bajar por donde vinimos, usamos un camino por una colina que lleva a un parque. En ese sentido, HK se parece un poco a Río de Janeiro, con muchos caminos sinuosos y montañosos que contrastan con la urbe. Ahí fui conociendo un poco más a Manuel, como había pasado de la FADU a Bélgica, que era un bardo el tener que escribir su tesis en francés, que venían viajando por todo el sudeste asiático y al día siguiente iban a ir para Indonesia en un vuelo de ....Malaysian Airways (uno de los grandes tópicos de conversación a lo largo de mi viaje con otros angloparlantes fue acerca del avión, que recordemos, iba rumbo a Beijing cuando decidió homenajear al vuelo 805 de Oceanic, tiempo antes de que el segundo avión caído de Malaysian le hiciera su homenaje al vuelo 007 de Korean). En el camino de bajada, de paso veías algunas mansiones sobre la colina, sitas sobre el valor real estate más caro del mundo en cuanto a metros cuadrados. Luego los cuatro paseamos un rato por Central y su sinfín de negocios y lugares, y fuimos a los edificios del Bank of China y el ICF tower para ver la vista (o la niebla) desde el cielo. El primero pasa sin escalas al piso 43. El segundo...al 100. 

La gastronomía cantonesa es ligeramente diferente a la china. Para comer, en lugar de un chau fan o un chau mien pedis un congee o dim sum. El primero es como una especie de caldo o guiso con una salsa blanca, y el segundo es un combinado de empanaditas de cerdo.  Y el idioma cantonés es diferente al mandarín. El Ni hao se cambia por un Mh´Goi, e incluso aprendés a reconocer el origen distinto de los ideogramas (por ejemplo, los ideogramas terminados en k, como Shek, Kok, Pik, sabés que son 100% cantoneses) 

A la noche, Manuel y Alexa prefifieron descansar, así que salí con Olivier y Raz , un canadiense recién llegado que se nos unió. Si un hostel estaba en un sexto piso en Hong Kong, que quedaba para un bar? Obviamente la única forma de imaginar que había un bar ahí era efectivamente, sabiendolo de antemano, nos metimos a un edificio que también parecía de departamentos, y fuimos a jugar unos pooles a un piso 12, con una vista de la ciudad mucho más privilegiada que la que teníamos en el pico, más parecida a la que muestran películas como Black Rain o Blade Runner.

Pero lo cierto es que esa cosa ultra urbana a la vez tiene algo increíblemente rural: no sólo cuantitativamente (el 70% de la totalidad de Hong Kong es rural, ergo, el trekking y sus playas son dos de sus grandes secretos escondidos) sino porque también tenés esa cosa suburbana u hogareña en la misma urbe. Es algo difícil de explicar. Es como si a los tres días ya pudieras sentir que vivís ahí hace años. 

A la mañana siguiente los chicos ya se iban al aeropuerto, y Olivier me pidió un favor antes de despedirnos: que le firmara su guitarra. Sacó el estuche junto a una estilográfica, y vi como sus recuerdos de viaje, en lugar de hacerlos en fotos u otros medios, los hacía a través de las firmas que las personas que iba conociendo dejaban en su instrumento, como si de un yeso se tratase.

Cuando nos hubimos despedido, planée mi próxima jugada: Lantau Island. Mencioné a los New Territories, a Central, a Kowloon. Pero también tenés dos lugares más en Hong Kong: Lantau Island y otras islas menores, como Lamma y Cheung Chau (atracciones de surfistas y fanáticos del mar)

A Lantau llegás a través de una combinación relativamente sencilla del MTR. Te subís en la línea azul de Central, y luego combinás con la Roja que cruza hacía Kowloon, y de ahí a la Amarilla que va a Lantau. Qué hay para hacer en Lantau? 

-La estatua del Gran Buda
-El monasterio de Po Lin
-La villa de pescadores de Tai O
-Disneyworld HK
-El teleférico de Ngong Ping 
-La reserva acuífera de Shek Pik...

...entre otros. Ahí me dí cuenta que para conocer todo lo que Hong Kong podía ofrecerme iba a precisar del doble de tiempo que tenía (unos pocos días nomás). Sentía que podía prescindir de Tai O porque había visto la villa de pescadores de Hongcun, Anhui. Shek Pik por su parte, parecía una linda reserva, pero no tenía mucha idea de como llegar. Entonces fui directamente para el Gran Buda, sito junto al monasterio de Po Lin. Este último no era gran cosa comparado con algunas cosas que había visto en Beijing (y ni hablar de las que vería en el resto del viaje). Pero el buda...al día de hoy sigo puteando por la niebla que había ese día. Lamentablemente en China y en HK, el clima es, la mayor parte de las veces lo único que te separa de una vista única e increíble de una confusa y terrenal. Sé que lo más importante es estar ahí, pero uno no puede dejar de decepcionarse al ver las fotos en internet que te da un día despejado y las que saca uno con una niebla densa. 

La estatua de Buda no es la más alta del mundo (35 metros, un Cristo Redentor de altura) ni la más antigua (se terminó hace 20 años nada más). Pero resulta única por una serie de factores: por su ubicación, en la cima de una colina, por la base que es similar a la del templo del cielo de Beijing, por la pose sentada, con la palma derecha abierta, con su mano izquierda descansando sobre su regazo. Es un buda sereno, es un buda feliz. Es un buda que está en sintonía perfecta con la naturaleza a su alrededor, con el hombre. Fue una de las sorpresas más gratas de mi viaje. Y no sería la única estatua de Buda que vería en el viaje, pero sí mi favorito.

De las montañas del Buda Tian Tan a la base de Lantau iba a volver vía el teleférico de Ngong Ping, que ofrece unos 20 minutos con vistas espectaculares (nuevamente, niebla, pero aún así se veía bastante bien), con cabinas con el piso de cristal. De la base, nuevamente me subí al MTR hacia...Disneyland Resort, que tiene su propio ramal de MTR. Es un tren, tipo tren de la costa, con asientos customizados, con la banda de sonido de las películas ya desde el momento en que subís al tren...el impacto es profundamente emocional, llegar ahí y sentís que chocaste de pleno con varias de las cosas de tu infancia, mientras caminas por las estatuas y las referencias de las películas que veías de chiquito, con sus soundtracks sonando por los altoparlantes del resort. La entrada? 450 HK. 

Después del choque con la niñez, fui para Kowloon, a conocer el centro, y ahí sí creo que me encontré con una imagen más clásica de un Hong Kong saturado de gente, y de negocios. Dos de los grandes ghettos de HK (Chungking y Mirador Mansions) se encuentran en Nathan Road, una de las avenidas principales. Negocios truchos, originales, gastronómicos, viviendas encima de los negocios... lo que se dice un caos organizado. Por Kowloon está la costanera, que da a la avenida de las estrellas, donde están las estatuas de los famosos asiáticos, destacándose Bruce Lee por sobre el resto, obviamente.

A la noche quería ir al hipódromo sito en Happy Valley (en 1850, una epidemia de malaria azotó el distrito, y el barrio esencialmente se convirtió en un cementerio. Los británicos, en una muestra más de britanicismo (?), nombraron el distrito fúnebre como Happy Valley), en Central.

Entonces, dos cosas:

a) la vista a los rascacielos y las luces de Hong Kong, "el bund" cantonés, la tenés desde la avenida de las estrellas. La niebla nuevamente, me jugó una mala pasada y si bien al ojo distinguías las luces con relativa nitidez, la cámara era vítcima de "Fog-Kong"

b) La otra forma para cruzar de Kowloon a Central, como en el bósforo, era vía ferry. El Star Ferry es toda una institución en Hong Kong, y junto con los juncos cruza las aguas de la bahía de Victoria trasportando todos los días un sinfín de pasajeros de una punta de la isla a la otra.

Aún atontado por las luces, llegué al hipódromo con las carreras ya empezadas. La pasión por el turf, deporte nacional, es otro regalito británico. De hecho, durante las olimpiadas de 2008, las pruebas de equitqación las hicieron en Hong Kong, y no en Beijing. Los miercoles y sábados se corre a la noche, no me acuerdo con exactitud cuando se hace de día. Pero las carreras nocturnas son una cosa espectacular. Por sólo 10 HKD, entrás al evento social semanal más grande de la isla: 40000 personas, extranjeros y nacionales, tomando cerveza, apostando y viviendo con toda la tensión del mundo el glamour del hipódromo más grande de Asia. La verdad que fue muy divertido. Volví caminando porque la isla central es lo suficientemente chica como para recorrerla a pie, pero no quiero dejar de mencionar que los colectivos y tranvías, como en Buenos Aires, funcionan las 24 horas del día. Al día siguiente, me tocaba una escapada a Macao así que había que dormir temprano.

(Algunos lugares que me quedaron por recorrer: El restaurante flotante Jumbo, Ocean World, el Parque Hong Kong, el monasterio Chi Lin y el Jardín Nan Lian entre otras cosas).


Para muchos Hong Kong simplemente es un pastiche de un montón de cosas ya hechas y recauchutadas en una sola aglomeración. En ese sentido me hace acordar a las críticas que le hacen algunos a Boyhood, la última película de Richard Linklater. La premisa no es nueva, pero la forma de narrarlo, el como se filma, y el como las personas actúan hacen que la pieza resulte inolvidable.  

Por eso para mí Hong Kong es la ciudad que se parece a todas, pero al mismo tiempo no se parece a ninguna. Y por eso me encantaría volver a verla.


Kowloon. https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo/sets/ tiene el resto de las fotos

domingo, 14 de diciembre de 2014

Peregrinando a Hong Kong: el churrasco, el rey momo y la estación del sudeste

A la tarde después de la mexicaneada, fui a la terminal de ómnibus central de Hangzhou (generalmente en las grandes ciudades de china hay varias terminales de ómnibus, y según al punto cardinal al que uno se dirige, es la terminal que corresponde. Las excepciones son las estaciones centrales) y saqué un boleto para Shanghai, el más rápido posible.

Resulta que a la mañana de ese mismo día, antes de salir a pasear por el lago, hablé con David. Le pregunté si ya había vuelto a Shanghai y si tenía ganas de cenar conmigo esa noche, al menos una vez más antes de que me fuese a Hong Kong. El dijo que sí, y que iba a traer compañia además. Por eso la celeridad de hacer más o menos rápido esos 178 kilómetros que separan Hangzhou de Shanghai, sobre todo conociendo el tráfico en China. Sí, es terrible, pero tampoco tanto como las hipérboles nos quieren hacer creer de demoras de 15 horas (días después las comprobaría, a menor escala, de todas formas). Fue un viaje de 4 horas en total hasta la estación, más media hora hasta la estación de Nanjing Road, donde habíamos quedado en encontrarnos. Él y su compañero, Ignacio, ya se estaban yendo cuando justo llegué, a último momento (recordar, al no tener 3g y el wifi ser una cosa tan circunstancial la comunicación y la coordinación no son cosa fácil).  Me preguntó como había estado Huangshan y yo le pregunté a su vez por la colonia italiana de Tianjin.

El dijo que tenía una sorpresa preparada para Ignacio (mendocino él) y para mí. Y nos llevó a una "churrascaría". Se excusó y pidió perdón porque no había ningún lugar de carne argentina, pero creyó que la versión brasilera de la parrilla sería un sustituto apropiado. Obviamente no nos negamos. A diferencia de Beijing, donde David y yo usábamos principalmente el inglés para comunicarnos, ahora la situación era diferente, Ignacio usaba el chileno castellano así que me vi impulsado a hacer lo mismo. David, por su parte, respondía en italiano. Era una cena bastante distendida así. La carne? Estaba bastante bien, para lo que son los estándares chinos, pero obviamente no hay comparación con la de acá.  Igual la comida era lo de menos, la verdad. La charla fue bastante amena y entrada la noche, ellos se fueron por su lado y yo me volví al hostel, despidiéndonos y contentos de habernos visto una vez más.

De Shanghai me arrepiento de no haber ido de haber ido a los jardines botánicos, pero claro, hablar con el diario de seis meses después es fácil. Me tomé el subte y fui para el aeropuerto de Pudong, porque eran unos 90 minutos de viaje bajo tierra y no quería llegar con lo justo. Durante las últimas estaciones el subte decidió mostrarle su cara al mundo (?) y no fue un recorrido soterrado. Así que pude ver a la izquierda del anden una especie de viaducto, donde pasaba nada más y nada menos que el tren MAGLEV, cuyo nombre se debe a la fantástica combinación de palabras conocida como "Levitación Magnética", capaz de alcanzar 430 km/h. El Maglev une el aeropuerto de Pudong con el centro, como el subte, pero con una tarifa mucho más elevada, y a una velocidad ridícula gracias a su preciosa tecnología. Anotá, McFly.

Llegué a Pudong temprano, y como no tenía mucho que hacer, empecé a chusmear vidrieras, y demás...boludeces que uno hace para pasar el tiempo. Entre esas boludeces, estaba la lista de objetos peligrosos que uno no debería llevar en el equipaje de mano bajo ningún concepto: como los chinos son fanáticos de los extremos, por un lado teníamos una espada, símil katana. Por el otro lado, un aerosol de nieve artificial de nuestro querida marca, Rey Momo. Industria Argentina y todo, decía el envase.

El vuelo en realidad no era a Hong Kong, sino a Shenzhen, una ciudad SEZ (zona económica especial) que queda en la frontera con la ex colonia británica. Esto fue así porque obviamente, el vuelo iba a salir más barato al tratarse de uno doméstico y no uno internacional (300 yuanes, o sea, unos 380 pesos en una línea como China Southern, miembro de Star Alliance, si no me equivoco. Una página súper útil para los vuelos domésticos en el país es la versión en ingles de ctrip.com).
El vuelo llegó con más de una hora de demora a Shenzhen, por lo cual aterrizó a las 9 cuando debió haberlo hecho a las 7 y media. No son buenas noticias, porque tenía una frontera por cruzar, y mientras más tarde lo hiciese, menos alternativas de transporte tendría. Así que me subí a un bondi que hace servicios a Luohu (tenés dos fronteras, en Futian y en Luohu. La primera es más cerca, pero es un poco más difícil llegar así que fui a lo seguro y me fui a Luohu, la frontera del sudeste).

Al bajar, terminé en una especie de edificio parte shopping, parte lugano 1 y 2, parte terminal de micros de Retiro, parte pabellón 3 de ciudad universitaria, bastante díficil de describir. Ese edificio al cual era difícil llegar (por falta de señalización en el exterior y por falta de gente en la calle al ser las 10 y media de la noche) era el edificio de frontera China-Hong Kong. Poca luz, negocios del tipo tugurio abiertos a altas horas de la noche, subir y bajar pisos siguiendo un cartel esporádico que decía por donde ir...

Una vez superado el laberinto de concreto, llegabas a un andén. La frontera a Hong Kong técnicamente se cruza a pie desde China, pero en realidad al hacerlo no salís a la calle, sino que te lleva al MTR (Mass Transit Railway, el tren/subte de Hong Kong). Esto es, una frontera pedestre-ferroviaria.

Cerca de la medianoche, el último tren desde Lo Wu (en cantonés, Luohu es en Chino mandarín) hacia Kowloon estaba por salir en unos minutos. Así que cambiamos los yuanes por HKD (Hong Kong Dollars y conseguí la SUBE nativa, la Octopus Card)  El primer tramo del camino, sobre la superficie, era el conurbano de Hong Kong, los "new territories", con menor densidad de población en comparación a la isla central pero aún así relativamente urbanizados. Me bajé en la terminal, ya haciendo trayecto bajo tierra, era cerca de la ciudad universitaria, y sin tener mucha idea de como cruzar desde Kowloon hacia la Isla Central (donde estaba mi hostel) a medianoche con un medio de transporte público me ví obligado a tomar un taxi hacia Causeway Bay, distrito donde iba a pasar la noche y dormir como un campeón tras un día larguísimo. Por lo poco que había visto de Hong Kong hasta ese entonces, lo sentí como un lugar que se parecía a todos los lugares pero a la vez era algo único.

Desde ya les adelanto, que es un lugar donde me encantaría volver.

Si bien la abrumadora mayoría de las fotos de Hong Kong no forman parte de esta historia (aún), están donde siempre:

https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo/


Los taxis de Hong Kong. Todos tienen el mismo modelo de Toyota.

sábado, 1 de noviembre de 2014

De Texcoco al Lago Oeste

Después de visitar a Xidi y Hongcun, tenía tiempo para visitar una ciudad más antes de volar a Hong Kong el día 10. Las opciones eran dos. Hangzhou y su lago gigante (que aparece en los billetes de 10 yuanes, creo) o Suzhou y sus jardines imperiales. Hurgando panfletos y esas cosas que te dan en los hostels, vi que al menos tenía un mapa de Hangzhou. No es el mejor criterio para elegir un destino, pero después de todo, se trata de China: un país que te demanda una concentración de 100% para no pasarte de una parada en un colectivo o de estudiar instrucciones súper precisas para llegar. Hangzhou no era la excepción. Además, era la ciudad de Liu, así que supongo que tenía sentido hacer una parada ahí. Destino le dicen.

Después de llegar a la terminal, tenía que tomarme dos bondis para llegar al hostel, sito no muy lejos del lago, pero en algo que podría definir solamente como los suburbios. Sobre los bondis, muchas líneas, pero estaban bastante poco conectadas entre sí. Por lo cual la transferencia de colectivos es habitual. Prendí el modo paranoia una vez más para saber donde bajarme. Estar muy concentrado es importante para entender los ideogramas porque pasarse en el bondi siempre es una posibilidad. Y si te pasás andá a saber donde terminás.

Sobre los suburbios del lago: mucho, muchísimo verde, calles de 500 metros con plantas sin negocios casi, ni nada. Imaginen una ciudad diagramada sobre el Rosedal. Pero el lago del Rosedal en este caso tiene unos cuantos kilómetros de diámetro. Definitivamente Hangzhou es una de las ciudades más inusuales que me tocó explorar y eso la vuelve muy dificil de describir. Pero puedo decir que estaba partida en dos: había una epiciudad diseñada en torno al lago, y completamente desconectada de ella estaba el resto de la urbe.

Y para cuando llegué, no había mucho que hacer. Llovía y al estar cerca del lago, estabas lejos de la ciudad, así que tampoco había muchas opciones. Sin embargo, me llevé una sorpresa al llegar a mi habitación: me encontré una pareja durmiendo en la cama de arriba (ya eran como las 2 de la tarde), una botella de whisky y dos muchachos hablando en...español. Mexicanos, para ser más preciso. Crucé unas palabras con ellos, aliviado de usar el idioma después de casi dos semanas. Pese a no tener buen tiempo, salí a recorrer la ciudad un rato, pero fue al pedo. La lluvia no paraba y casi no había nada para hacer más que pasar por el lago con capucha encima. Sin embargo llegué hasta la pagoda del tigre, que es uno de los íconos del lugar. Insisto: pocas veces vi tantos espacios verdes en una ciudad de más de un millón de habitantes en ese recorrido que habrá durado unos dos kilómetros.

A eso de las seis de la tarde más o menos, vuelvo al hostel y vuelven a aparecer los mexicanos. Me cuentan que estaban haciendo ahí: son una banda que hacía covers, tocaban todas las noches en un club y me invitaron a ir a verlos esa noche. Yo muchas ganas de salir no tenía por el mal tiempo y el cansancio de Huangshan, pero honestamente, ¿cuántas veces iba a tener la oportunidad de ir a un sucucho a escuchar mexicanos haciendo covers en China? Así que les dije que sí. Me puse las alpargatas, una remera que no debía valer más de cincuenta pesos y un jean. A eso de las nueve menos algo nos pasa a buscar un taxi que nos llevaría hacia allá.

Salgo junto a Jorge y Memo, dos de mis compañeros hispanoparlantes. Junto a ellos aparece la sorpresa número uno, que no había visto hasta ese entonces: un muchacho flaquito que debía tener poco más de 20 años y todo trajeado, conocido como el Picas, su carta de relaciones publicas. Él era quien había conseguido el contacto con el club y el único capaz de hablar chino. Originalmente no estaba con la banda, sino que creo que estudiaba Administración o algo así, pero sus capacidades con el idioma le consiguieron este laburo. Siempre lookeado y con una sonrisa, dirigió la comitiva hacia el lugar. Para mi sorpresa, el sucucho al que imaginábamos que iría era nada más y nada menos que The Dragon Hotel, un cinco estrellas de la zona. Jorge me comenta por lo bajo "al parecer el dueño de este hotel es nada más y nada menos que Jackie Chan". Creer o reventar.

A juzgar por como era el hotel, elegí creer. Joyerías, pisos de primer nivel, ornamentos por todos lados... que creo que ni en el Alvear Palace tenés. Ante mi asombro, Jorge se reía en voz baja. Bajamos el ascensor al subsuelo, y el club que esperaba allí estaba en consonancia con lo mostrado en planta baja. Carteles publicitarios de marcas prestigiosas, muchos caucásicos y caucásicas haciendo de modelos. Mucha rusa, mucho inglés. Junto a ellos posando había una fila de jóvenes aceitados, con el torso desnudo y un moñito (según explicaron después, ¡era por el día de la mujer! ¯\_(ツ)_/¯).

Y adentro del club, la barra: chinos con mucha guita, occidentales con muchísima guita, y árabes con más guita aún. Y yo que a duras penas tenía 200 pesos en mi ropa. El Picas agarra al barman y me dice "pide lo que quieras, la casa invita". Así que arranqué con un gin tonic, y Jorge y Memo con una picada el mismo trago. La picada tenía quinotos, sandía, papas fritas, jamón, queso y aceitunas. No aguantó mucho.  Aproveché la ocasión para hablar un rato con Jorge, quien me contó que la noche anterior habían ido a un KTV. El KTV (Karaoke TV) merece un párrafo aparte es una institución muy particular en China. En resumidas cuentas, el KTV es el lugar donde se lleva a una amante, se contrata a una prostituta provista por el mismo lugar, o lo que hicieron los mexicanos, se alquila simplemente una habitación con la máquina de karaoke toda la noche, y haces lo que se te canta con la misma. Podés fumar, embriagarte, lo que se os ocurra.

Y empezando por él, dejenme presentarles a la banda: nuestro tecladista Jorge, es alto, desgarbado, físicamente muy parecido a Eddie Vedder, me contó que la mitad de la banda era de Guadalajara, y la otra mitad de Cancún creo. A el en realidad le gusta otro tipo de música, pero por la plata baila el mono. Dijo que tenía una novia argentina, cuyo padre tenía un restaurant (creo que el nombre de la piba era Maia, pero ahora no estoy seguro). La relación se hacía díficil con un año y once horas de huso separándolos, pero el dijo que la quería. Era un tipo muy simpático e inteligente por lo que se veía, uno de esos tipos que se nota que tienen una sensibilidad particular.

Luego teníamos a Memo. El más grande de la banda por lejos, entrado en los 30 años ya, físicamente robusto y con el pelo corto, parecía el que más entendía el negocio. Tipo muy inteligente y vivo, tocaba el bajo en la banda. Lucía poco, pero parecía hacer todo bien. Es uno de esos tipos que sabe mucho más de lo que parece, con pocas palabras.

Nuestro baterista es Salvador. Con el hablé poco, lo que sí les puedo decir es que estaba coqueteando con los 30, y su manera de tocar había generado rispideces con la banda en su momento: un poco por su estilo alto, otro poco por su caràcter temperamental. Las cosas parecían estar bien sin embargo, como profesionales.

Edgar era el violero. No estoy seguro que haya tenido 20 años cumplidos el muchacho. Pelo largo, forma de vestir juvenil, flequillo que le cubría casi toda la cara, tocaba con un sombrero a lo Slash, pero por otra parte tenía carácter muy introvertido, a lo Jonny Greenwood... y creo que hasta parecía abrumado por la experiencia de vivir en otro país y tocar todos los días. Su talento tocando la viola le había conseguido una novia china, aunque el no dominase mucho el idioma. No era para menos, el pibe era un crack total a su corta edad, casi un prodigio, por lo que uno imagina que el tiempo lo pondrá en otro lugar al muchacho más temprano que tarde.

Nos quedan nuestros cantantes, que oh casualidad, era la pareja que estaba durmiendo más temprano en el hostel. Que ¡oh casualidad! al parecer no son pareja (?). Ella era carisma puro, terminaba todos sus temás con un Xiexie Hangzhou! (gracias Hangzhou!) y tenía una muy linda voz. El apelaba más a los gestos a los movimientos y a la facha como voz acompañante. Cada tanto agarraba la viola también. Se compenetraban muy bien, tengo que admitir.

La banda no tenía nombre, pero su repertorio se dividió en cuatro: hits de los 80 como Livin on a Prayer o cosas de Journey, cosas más disco (Tina y Gloria), música contemporánea pop (Justin) y       "(?)", que podía incluir desde Danza Kuduro hasta Marc Anthony.  La performance fue desfachatada y divertida, y parecían divertirse ellos también. Yo mientras tanto aprovechaba para embriagarme de arriba. Al terminar el show la pregunta era que hacer después. Algunos querían ir a otro boliche (de música electrónica, ahí es donde está la noche ), pero la mayoría quería volver al hostel, entonces nos subimos a un auto con Edgar, Federico (el cantante) y Jorge, tratando de conseguir algo para comer a eso de las 2 de la mañana. Después de andar en círculos y perdernos un poco por la ciudad. Dimos una vuelta al lago, luego pasamos por el estadio de la ciudad de Hangzhou, y nos metimos en un restaurant donde se come pescado. Para ser las dos de la mañana, estaba bastante lleno. Es esencialmente una tienda de mascotas, donde agarran a los peces vivos, nadando en un diferentes peceras y cuando querés uno, lo elegís y al horno. Bastante chocante para el que no está acostumbrado, así que los muchachos casi instantaneamente quisieron irse.  Seguimos girando y terminamos en un lugar chiquito, donde hacían unos chau fan divinos. Volvimos al hostel, y nos tiramos a comer el chau fan frente al lago cuando los pibes fueron a buscar unas cervezas que tenían en la habitación, un tequila y a Owen, el chino que hacía las veces de recepcionista de noche. Comimos y los mexicanos obviamente se prendieron uno, ante el asombro de Owen (recuerden, es su nombre occidental, por fonética se adopta un nombre occidental al chino), que ignoraba la particularidad del aroma, lo cual provocó esa mezcla de asombro y risa en los muchachos. Owen explicó que la marihuana prácticamente no existía en China, y que podías fumarte uno en plena calle que la policía ni se iba a dar cuenta. Lo que sí, había mucha cocaína y muchas pastillas a la hora de ponerse de la gorra. Los mexicanos, ni lentos ni perezosos , le dieron de probar el porro a Owen, y le dieron además tequila, cerveza, de todo... mientras pasaban música (desde King Crimson hasta Parliament Funkadelic, muy enfocado en los 70 todo, pero sonaba bien con la escena) y disfrutaban de la noche.

A la mañana siguiente, con el día más lindo, yo decidí finalmente pasear por el lago, tras alquilar una bici. Una experiencia muy linda. Si bien Hangzhou no es LA ciudad de China, el Lago Oeste es algo impresionante. Y creo que sería lindo tener uno así en la ciudad donde uno vive.

Cuando volví a eso de las 2 de la tarde al hostel a agarrar las cosas e irme (tenía que volver a Shanghai porque tenía un vuelo al día siguiente), Owen seguía cabeceando en la recepción, y los mexicanos se habían ido, salvo Memo.

Memo dijo que habían conseguido un departamento para vivir, y que se mudaban la semana que viene (tenían contrato todas las noches por un año en Hangzhou, cortesía de un chino explotador según ellos) y que se estaba yendo a conocer la casa con la banda. Yo me despedí de él (y de ellos) con la promesa de que algún día, iba a escribir su historia. ¿Seguirán tocando al día de hoy?



como siempre las fotos en https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo/sets/72157648582668331/ .Les diría que las chusmeen porque, a riesgo de autobombear, Hangzhou es un lindo lugar para sacar fotos.


viernes, 10 de octubre de 2014

La escapada de Longsheng Liu

Combis y caminatas mediante, llegué a Tunxi (también conocida como Huangshan City) completamente empapad desde la montaña. El hostel estaba en el fondo de un negocio de té, ubicado sobre la peatonal principal de la ciudad. Sobre Tunxi, imaginen una ciudad de 50000 habitantes cualquiera de Argentina, con las mismas atribuciones. Sólo que en vez de 50000 habitantes en China estamos más cerca de los 500000.  Hice el checkin y me sorprendí al ver que había chinos emigrando de la habitación. Por regla general, en los hosteles los chinos no tienen permitido estar con occidentales. Sin embargo, por el tamaño de la ciudad y su relativa remotez a otros centros urbanos, en este hostel supongo que la regla no aplicaba. Sin embargo, se estaban yendo y tenía la habitación para mi sólo. Fui a recorrer la peatonal, viendo los negocios (principalmente artesanias, té y baratijas, lindo pero nada del otro mundo) y volvi a eso de las seis de la tarde.

Entonces irrumpió en la habitación un joven chino, con pinta de tener 20 años con toda la furia , que me saludó con un gesto. Yo muchas ganas de hablar honestamente no tenía, estaba cansado y fui a fumar un pucho a la terraza del hostel. Estaba por prenderlo y tenía atrás a mi nuevo compañero, que tenía dos botellas de jugo de medio litro (una de ananá y otra de frutilla) en una mano, y su cartón de cigarrillos en la otra. Miró mis puchos, me hizo una seña como diciendome "mejor probá estos" y me dio la botella de jugo de ananá. En un inglés muy rustico, me dijo "for you". Se lo agradecí y me señaló una mesa de pool que había en el hostel, invitandome a jugar (casi no había otros viajeros). Jugamos un rato, y a medida que corría el tiempo me di cuenta que de inglés el sabía apenas más de lo que yo sabía de chino.

Ahora es cuando entra el siglo XXI: ¿cómo supe que mi compañero de cuarto se llamaba Longsheng Liu, era oriundo de Hangzhou, tenía 18 años y se había hecho una escapada de fin de semana para subir a Huangshan?  Google Translator. Verán, los celulares tienen paquetes para usar sin conexión. Tanto windows phone (bing translator), android (google translator) y supongo que apple también tienen paquetes para bajar al celular y usarlo sin conexión. Entonces, escribis la frase en inglés, y tengas wifi o no, te la traduce al idioma cuyo paquete te bajaste. En este caso, chino mandarín. En contrapartida, el baidu (El facebook chino) viene con una herramienta que hace lo propio, traduce del chino al inglés.  Entonces, teniendonos a unos pocos metros, recurrimos al chat para hablar el uno con el otro. No sería la última vez que eso pasaría durante el viaje, pero al menos me dejaba tranquilo el saber que disponía de una herramienta incómoda pero valida para comunicarme y expresarme. Cuando me contó que tenía que subir mañana temprano el monte porque no tenía otro día para hacerlo, me compadecí para mis adentros por el tiempo horrible que hacía. Pensé que no iba a poder ver nada.

Al caer la noche Liu me invitó a cenar. Me llevó a un lugar donde hacían hot pots (se acuerdan? las cosas que vas poniendo al disco con la olla picante hirviendo). El dominaba el menú, así que pidió para lo que el entendía que eran dos. Dicho de otra forma: nunca había visto tanta comida para dos personas en mi vída. Salchichas, raíces de loto (son parecidas al jengibre, pero más suave) carne rara 1, carne rara 2, cosa rara 3, verdura 4, raviol chino, pancito, otro tipo de pasta, etc. Muchas cantidades de eso sólo para dos personas. En un momento le pregunto que hay para tomar, y hace un gesto del estilo "ah, claro, me olvidé!" y trajo con toda la normalidad del mundo dos petacas de algo que parecía ser whisky, pero más dulce. 35% de graduación para bajar algo que era eminentemente picante. Que tipos raros estos chinos.


Tratando de no cometer los errores de principiante que cometí en Beijing, evité las partes ultrapicantes matapersonas, y el combo con el whisky por alguna razón no resultó tan raro. El insistió que tenía que pagar todo, porque así lo decían las normas. Cuando terminamos de comer, fuimos a tomar una birra más por la peatonal, antes de volver al hostel. Tampoco la idea era quedarse hasta cualquier hora, porque el mañana iba a la montaña y yo tenía pensado ir a Xidi y Hongcun, dos pueblitos muy antiguos que estaban a unos kilómetros de Tunxi. Me desperté a las 6 para despedir a mi nuevo amigo. El por su parte me dijo que yo era muy corajudo por el hecho de viajar a China, y encima a la provincia de Anhui. Nos deseamos buen viaje y el fue a buscar el micro al pie de la montaña. Yo por mi parte me subí a una combi para Hongcun. A medida que veía la ruta por las ventanas, se podía apreciar como subían las formas de nube que estaban a pocos cientos de metros del suelo hacia arriba, como si hubiesen despertado a Shen Long para revivir a Krilin por enésima vez. Al final Liu había elegido un gran día para ver lo que pasaba en la montaña.

(bonus: la guasada de comida que pidió Liu, aunque la foto salió movida y la resurrección de Krilin en camino a Hongcun. Las fotos de Hongcun y Xidi, y algunas de Tunxi, en https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo )




sábado, 6 de septiembre de 2014

Huangshan (la montaña amarilla)

Apollo 13 es una de esas películas que por alguna razón me encantan y cada vez que la engancho en la tele la dejo. Podría decir que lo que me pasó en Huangshan, la montaña amarilla de Anhui y una de los picos sagrados de China, fue mi versión del Apollo 13: “un fracaso exitoso”. Pero a diferencia del módulo lunar, el problema acá estuvo en mi planificación de viaje sobre una región de la que en realidad, mucho no se sabía tampoco. Internet tiró un par de centros, pero nada muy concreto que pudiera servirme, por eso en realidad la elección de Huangshan era riesgosa per se. Era una aventura antes que turismo en el sentido estricto.

En la terminal de micros de Shanghai estaba presto a las 8 am con destino al pueblo de Tangkou, sito al pie de la montaña. Y recién ahí me agarró el momento “donde estoy?”, en el pasaje de las metrópolis de Beiijng y Shanghai a la China rural, puntualmente a la provincia de Anhui, una de las más pobres del país. Ajustado por el tiempo, llegué a Tangkou con dos horas de demora.

Hasta acá todo bien, mal que mal iba a arreglármelas para sobrevivir acá, aunque no pudiese reconocer un hotel ni nada. Pero acá es donde cometí el primer gran error. Antes tengo que explicar que idealmente, la magia de Huangshan radica en el amanecer. Supuestamente en la cima de la montaña las nubes, si el tiempo lo permite, yacen debajo de la montaña en el amanecer. Y estando en la cima, uno está por encima de las nubes. Es una imagen mística y a la vez famosa en muchos cuadros y dibujos chinos.  Yo quería vivir ese momento. Pero apurado por el tiempo (tenía que estar en unos días de vuelta en Shanghai para volar a Hong Kong) tomé la decisión equivocada:  en lugar de prepararme bien y esperar un día para subir , fui con todo mi equipaje directamente a la montaña, donde deduje que a) iba a poder encontrar un hotel donde dormir, según había leído b) iba a encontrar un campamento o un refugio porque pese a ser invierno, el clima estaba bastante bien.  

Con el equipaje a cuestas, costó bastante, pero se sobrellevaba. La nieve parecía que había desaparecido, pero había dejado una niebla importante.  Mi percepción decía que había cerca de unos 15 grados de temperatura. Por lo cual, era un escenario bastante pedorro: no había nieve pero tampoco había claridad para sacar buenas fotos (lo cual fue una constante en China). Lo positivo es que dentro de todo, parecía que se podía dormir en la montaña. Primero probé suerte con dos hoteles que estaban a unos mil, mil y pico de metros. Las tarifas estaban cuatro veces más caras de lo que Internet decía. Y en un país donde las tarjetas de crédito no son aceptadas, y que tampoco venía muy bien de yuanes, era algo que simplemente no podía pagar (y estaba aún muy verde con el idioma como para intentar regatear o dormir en el lobby al menos, que hubiese sido una jugada más inteligente, analizándolo en frío), así que seguí caminando y buscando otros hoteles o lugares donde dormir.

A todo esto llegué a la cima, y efectivamente, las nubes taparon todo lo que había para ver. Un poco decepcionado, empecé a bajar buscando lugares donde quedarme.  Sin embargo, de un momento al otro, llegó la noche. Y yo estaba con todo mi equipaje, sin lugar donde quedarme, y no tenía mucha idea de que hacer. La visibilidad bajó sensiblemente, y yo encontré un lugar que parecía ser un pasillo largo, en forma de L, que conectaba la montaña con un hotel que estaba visiblemente cerrado, pero que no parecía abandonado, por eso opté por quedarme en el pasillo antes de entrar por la fuerza a un lugar desconocido, y de alguna forma medio incómoda desplegué la bolsa de dormir cerca de unos escalones. Por ahora sólo hacía un poco de frío, nada grave... hasta que estalló el invierno de una vez, entre otras cosas. Me había sacado parte de la ropa para dormir en la bolsa, pero me la tuve que poner toda de nuevo por el frío, incluso las zapatillas y dos camperas. Toda la ropa que estaba a mano fue a parar o a mi cuerpo o a la bolsa.

Por otra parte, empecé a escuchar pasos a eso de las 8 de la noche, que iban y venían, que sentía muy cercanos pero que nunca supe de donde venían. Ahí me saltó la paranoia al extremo. Imagínense: un chino viene caminando o patrullando el parque o quien sabe que, y se encuentra a un desconocido durmiendo o habitando un lugar inhóspito a 1500 metros de altura. Si estaba patrullando, era posible que tuviese un arma, además. A la locura y al frío (la botella de agua ya se había congelado, estaba tratando de controlar la neurosis cada vez que los pasos se repetían, sistemáticamente, cada media hora.) eventualmente se le sumó la nieve. Y si hay nieve, hay rayos. Salí en un momento a fumar un cigarrillo y de repente se hizo una luz blanca. Había caído un rayo bastante cerca, al parecer. Entre todo eso si dormí quince minutos, es mucho. Fueron las horas más largas de mi vida, eso seguro. Varias veces pensé que carajo estaba haciendo ahí, y que se me había cruzado por la cabeza para semejante aventura.

Finalmente, a eso de las siete de la mañana se hizo la suficiente luz para bajar, en medio de una tormenta de nieve. Por las condiciones climáticas no había teleférico, así que había que bajar el paso del Ciguangge a la antigua. Antes de partir, fui a la cumbre una vez más, a ver como hubiese sido la vista de la que tanto hablaban. Obviamente no se vio nada.  Así que, sin clavos en las zapatillas, traté de ser bastante cauteloso en la bajada. Me encontré con un grupo de chinos para bajar después de unos cientos de metros, así que completamos el descenso juntos. Sin embargo, los resbalones dijeron presente, más de una vez. En uno de ellos, la cámara que me había acompañado me dijo adiós y salió volando por la montaña. Después de cuatro horas casi sin detenerme, completamente empapado por la nieve y extenuado por llevar las cosas, finalmente llegué a base. De alguna forma, con traslado en combi mediante (el chancho de la combi era el Caruso Lombardi oriental), llegué al pueblo de Tunxi (40 km aprox. del monte) donde pasaría los próximos dos días. De más está decir que lo primero que hice fue bañarme.

En resumen, me mandé un moco importante queriéndome hacer el piola. Me confié con las condiciones climáticas y no preví un descenso de 25º C durante la noche (según confirmó luego la estación meteorológica). Me costó horrores dormir, la pasé mal del frío y me di un par de porrazos bajando. Sin embargo la conté y de alguna forma se que puedo sacar pecho de que banqué una parada muy díficil. No vi las nubes a la altura de mis pies como me hubiese gustado, pero viví una experiencia muy singular en la nieve. 


(Al final no me hice un tumblr porque tengo problemas con las subidas, así que nos mudamos a flickr con las fotos : https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo/  Como se cayó la cámara, las fotos que sobrevivieron fueron las sacadas por el celular)