sábado, 18 de abril de 2015

La última frontera.

Cuando pensé en China, lo hice pensando en conocer la Muralla. Mientras fui planeando el viaje y descubriendo un poco más sobre el país en base a lectura, me topé con Tagong. Casi no había información sobre el lugar. Sólo unos párrafos y una foto que me daba a entender que estaba en un sitio único. Pensé que ir a China y no hacer el esfuerzo para acercarme ahí hubiese sido un desperdicio. Entonces planifiqué mi viaje tratando de encontrar la forma de llegar al oeste de Sichuan, en la frontera con el Himalaya, en el invierno de oriente.

A las seis de la mañana estabamos listos con Jackie y Liam, viendo en que minivan viajabamos hacia Tagong. Tuvimos que esperar a que se llene, con un monje, y dos personas más que iban a lugares igual de despoblados y remotos que nuestro destino. La ruta, siempre en subida, nos paseó una y otra vez por Minya Konka, una de las 5 montañas más altas del mundo, y otras fracciones nevadas de la cadena del Himalaya. El camino, entre la subida y la estrechez de la ruta, se hace a una velocidad limitada, por precaución. Tras mil giros de montaña, comienzan a verse los primeros asentamientos de arquitectura 100% khampa al costado de la ruta. Casi que se camuflan con el paisaje, porque las casas usan el mismo color que la tierra. Tres horas y un par de paradas para bajar y recoger otros pasajeros en medio de la ruta, vimos una inscripción de miles de banderas tibetanas incrustadas en una montaña. Era la señal que habíamos llegado a Tagong

Tagong se describe sola. No más de 30 casas puestas una enfrente de la otra, en una calle de tierra. La plaza central tiene forma redonda, y alrededor de ella están el Templo, a un costado la posada, y a otro costado unas stupas junto a las ruedas de oración. Atrás del templo está la mencionada inscripción sobre la montaña. A diferencia de Kangding, acá sí son casi todos Khampa, no hay tantos chinos Han como en la capital de Garzé. En la posada aguarda el único contacto con el mundo occidental: Angela, una estadounidense casada con un khampa es quien se hace cargo del hotel, junto a su asistente, una estudiante de linguistica de la Universidad de Texas que tuvo la idea de especializarse en el tibetano, una lengua de la cual se sabe muy pero muy poco y casi no existen reglas escritas más allá de algun libro de frases. Un proyecto ambicioso, pero que el que quiere celeste...

Los tibetanos no comen animales, salvo que estos hayan muerto naturalmente. Por eso es habitual ver que en el pueblo carneen en plena calle a los yaks fallecidos, porque Tagong no conoce el concepto de heladera (más allá del clima del lugar). La dieta tibetana es principalmente vegetariana, pero el yak en este caso es su "monocultivo animal", porque junto al caballo tibetano (un pony más peludo) es el único animal capaz de sobrevivir en esas condiciones climáticas tan adversas.
La carne, entonces, o se come fresca (al día o al día siguiente) o se desperdicia.  Sin embargo, quienes hacen este trabajo no son los khampa varones (los cuales religiosamente usan su campera de cowboy, su sombrero de cuero y el pelo largo y lacio), sino las mujeres. Debo decir que la carne de yak es de la mejor que comí en China, pero principalmente por el hecho de poder saber que estaba comiendo carne de yak y no de un animal desconocido.

A la derecha de las stupas encontré el monasterio que aparecía en la foto que había visto. Sin embargo, recorriendo , mirando de un lugar para otro, no había encontrado el ángulo correcto, lo cual me hacía pensar que quizás ese no era el monasterio, sino otro.

Recorriendo con Liam y Jackie las colinas, realmente sentís que estas en un lugar que no tiene comparación. Una mezcla de Asia Central, con el Tibet, con China, donde realmente uno siente que las nubes están más cerca. Y el dolor de cabeza también. Obviamente, a 4000 metros de altura es casi imposible no apunarse (o atibetarse, en este caso). La gran mayoria del camino a Tagong se hace a alturas que promedian entre 4000 y 4750 metros.

Las colinas de Tagong son una de las joyas ocultas de China. Entre las montañas nevadas, las sinuosidades y las formas del terreno, el cielo y los cientos de yaks que pastaban daba todos los condimentos de un lugar mágico. Después de miles de kilómetros, finalmente estaba ahí. A lo lejos, a una distancia que parecía ser de unos 5 kilómetros, parecía haber un edificio. Determinado, y pensando que quizás ahí sí estaba mi monasterio, me dirigí sin pensarlo mucho, mientras Liam y Jackie habían vuelto a la posada de Angela. Los cinco kilómetros se hicieron más, sobre todo por la falta de un camino recto. La única orientación era la visual al supuesto monasterio, pero las subidas y bajadas, los yaks salvajes que aparecian en el camino, y las caídas hacían que caminar fuese muy dificil. Después de Huangshan, sin embargo, estaba curado de espanto de caminar en condiciones adversas. Sin embargo, tras mucha caminata, desvío y sudor llegué a destino.

El monasterio claramente no era el lugar que estaba buscando, arquitectónicamente me resultaba evidente. Pero en la puerta, asombrados ante mi llegada, había cuatro chiquitines aprendices. Todos en ojotas y tapados, y uno incluso estaba comiendo un palito helado de agua. Yo estaba con mi campera más abrigada, y estaba muriendome de frío y calor al mismo tiempo, y estos pibes comiendo un palito en el invierno del Himalaya!. Me quedé un rato con ellos y un monje mayor que los acompañaba. Pero tenía que volver, no fuese cosa que me oscureciera y tuviese que improvisar a la intemperie OTRA VEZ.

La vuelta fue ligeramente menos ardua que la ida, pero el total de caminata hizo que la experiencia fuese desgastante. Estaba cayendo el sol y las habitaciones esperaban. Tal como en Kangding, no existía ni el inodoro ni la calefacción. Fue la noche más fría que pasé (después de la de Huangshan a la intemperie, claro está).  A la mañana siguiente, tenía que volver para Chengdu, así que a primerisima hora conseguí una minivan a Kangding y de ahí en micro a la tierra de los Pandas, porque a última hora me esperaba un tren hacia Xi-an. Liam y Jackie no tenían apuro con el tiempo, entonces su plan era seguir al sur, a Litang, y de ahí entrar "por la puerta de atrás" a Shangri-la, en la pintoresca provincia China de Yunnan. Me hubiese encantado hacer esa ruta, pero uno hace lo que puede en el tiempo que tiene. Como premio consuelo, un poco de orgullo o de ego me despierta el saber que quizás sea, no se si el primer argentino en pisar Tagong, pero seguro el primer florestano.

Y sí, cuando estaba casi a punto de irme, finalmente encontré la foto que tanto había ido a buscar. Solo pude tomar dos fotos antes que muriese la batería, pero me mostré conforme con el resultado. Era el primer monasterio, pero por las sinuosidades de la montaña, solamente recién cuando volvía encontré el ángulo que estaba en la foto que había visto.



PD: En la parada en Kangding, me paró un monje khampa y me pidió una foto con el. Decí que tardé en entender que es lo que quería hacer conmigo, sino yo también le hubiese pedido una foto a el, pero no me avivé. Porque el tipo me mostró como quedó la foto que sacamos con su cámara y si yo tuviera una así con el CLARAMENTE sería hoy mi foto de perfil en todas las redes sociales. 

Las fotos están acá y son un montón. Espero haberle hecho justicia al lugar con mi cámara.

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lunes, 23 de marzo de 2015

La ruta al techo del mundo.

La región del Tibet originalmente consistía de 3 grandes provincias, en una especie de triángulo: Kham al este, Amdo al norte y U-Tsang al oeste. En la primera mitad del siglo XX, con el gobierno del Kuomintang, el Tibet pudo repeler las invasiones a las cuales fue sometida una y otra vez. Sin embargo, con la llegada de Mao al poder, el Tibet sufriría una reducción del territorio que perdura al día de hoy: casi la totalidad de lo que era Amdo quedaría anexado en las provincias Chinas de Qinghai y Gansu (ahí está el monasterio lama de Labrang, el más grande fuera de Lhasa) mientras que la mayoría de Kham formaría parte de Sichuan, quedando una pequeña fracción en lo que hoy conocemos como Tibet.

A partir de los últimos años el acceso al Tibet para turistas no chinos está prohibido en el mes de marzo (y a veces la veda se extiende por más tiempo). Si bien el gobierno Chino dice que el Tibet "cierra por mal tiempo" lo cierto es que se trata del mes de reclusión en protesta por el exilio del Dalai Lama, y también es el mes donde históricamente ocurrieron la mayoría de los levantamientos por la independencia tibetana. En conmemoración a esos sucesos, las fronteras se cierran. No es de sorprender entonces que haya una fuerte presencia militar y policial en las regiones tibetanas dentro y fuera de la provincia propiamente dicha.

El objetivo de mi viaje siempre fue el Tibet. Sin embargo, la época no ayudaba (Marzo) y tampoco los costos (conseguir una visa para Lhasa es complicadísimo y caro, porque a partir del 2010 tenés que reservar un tour y además tenés que conseguir un grupo de tu misma nacionalidad para recorrer las instalaciones de Potala, lo cual hace muy muy difícil siendo argentino recorrer Lhasa hoy día, y menos como viajero independiente). Entonces cuando planeé el viaje tenía tres opciones: desechar cualquier intento de tibetaneidad, ir a Amdo o ir a Kham. Después de mucho dudar, elegí ir a Kham. Y esa es la explicación por la cual fui a Chengdu.

Luego de irme de Pandas, agarré mis cosas y fui para la terminal de micros de Chengdu. Idealmente quería conseguir un pasaje a Kangding (o Dartsendo en tibetano) bien temprano para no llegar de noche, pero fue imposible, sólo había lugar en el último micro del día, a las 14 hs. Un chino bastante alto, de unos 20 años, tez trigueña, con camisa y pantalón de jean, con el pelo largo y enrulado y en un estado de higiene discutible gritaba "Kangding Kangding!" cuando me vio llegar hacia el micro. Se trataba nada más y nada menos que el chofer.  Como tenía pensado volver a Chengdu en unos días (tenía un tren a Xi-an desde ahí) dejé la mochila grande en el guardarropa de la terminal por un módico precio: 40 yuanes. También es posible ir de Chengdu a Kangding en avión, pero en invierno el aeropuerto está cerrado.
 

El viaje a Kangding dura entre 7 y 8 horas, por una ruta de montaña en su mayoría rural y en un solo carril. Lo que no te avisa nadie es que al parecer todos los tibetanos son camioneros. Es impresionante y emocionante la cantidad de camiones con leyendas escritas en tibetano. Bastante copadas de ver, también. Ahí realmente sentís que estás yendo a un lugar muy distinto a lo que viste en tu vida. El día que sea camionero (si ser sociólogo es ser tachero ser camionero supongo que será el posgrado) mataría por tener una.

El problema de la ruta y la cantidad de camiones es que puede que tengas colas de tránsito a 3500 metros de altura en la ladera de una montaña. Nuestro chofer (que a esa altura ya me había dado cuenta que no era un Chino han como la mayoría, sino que era justamente un khampa) con su estilo de conducción no hacía más que alimentar la  idea de que desbarrancar, chocar o morir eran posibilidades más que fehacientes. En Argentina quizás no manejamos bien, pero al menos tenemos miedo de chocar nuestro auto o tirarlo por un barranco. Así que le tengo que dar la razón en esta a los que dicen que viven con miedo (?).

Diez horas, casi cuatro caídas y casi cinco choques después llegamos a Kangding, capital de la prefectura de Garzé (el chino (?)), la más grande de Kham. No tenía donde dormir, y mi único contacto con el lenguaje había estado con Liam y Jackie, dos británicos que viajaban conmigo en el micro y miraban con la misma desesperación al chofer cuando se mandaba una de las suyas. Llegamos a eso de las 10 de la noche y había un vendaval de chinos y tibetanos ofreciendo alojamiento. Liam dijo que había conseguido unas camas por 40 yuanes. Le dije que me parecía bien y fuimos a unas muy muy humildes habitaciones, al lado de algo que parecía un taller mecánico. Básico y bastante descuidado por el paso del tiempo, pero no faltaba nada: cama, manta eléctrica, tv, termotanque eléctrico y letrina (si bien en la mayoría de China el inodoro llegó para quedarse, en el Tibet se vive y se muere de dorapa).

A esa hora comer ya estaba fuera de las posibilidades. A las diez las únicas luces prendidas son las de muy pocas casas y las cocinas cierran.

Sólo les voy a decir que prendí la tele y me emocionó mucho el ver las noticias con caracteres tibetanos en la pantalla.

Kangding, sita a 3000 metros de altura, es la capital de Garzé, pero la población no es completamente tibetana. De hecho, si bien los censos dicen que es mitad y mitad, realmente lo sentís como China con varios destellos de Tibet. Yo sabía que mucho para hacer en Kangding no había, pero la hora a la cual llegamos destruyó cualquier iniciativa de ir a primera hora a Tagong (Lhagang en tibetano), donde ahí se habla tibetano, se come tibetano, y se ̶i̶n̶m̶o̶l̶a̶  vive tibetano a más de 4000 metros de altura (y a lo largo del camino llegás a alturas de casi 4700 metros sobre el nivel del mar). Eso quedará para el próximo post.

Por lo pronto les cuento que la ciudad de Kangding está dividida por un río, la comida no tiene casi gusto (el lugar hace que la alimentación sea una cosa bastante básica. La sal está casi fuera de la dieta y la prioridad es no pasar hambre). No obstante hay pequeños vicios de occidentalidad: la tienda de café tiene una estética bastante parecida a los de occidente y allá también los smartphones llegaron para quedarse. Las casas intercalan una estética entre China y Tibetana, e incluso el templo lama de la ciudad parece perderse entre la etnicidad. La plaza del pueblo (que de verde no tiene nada, es un gran cuadrado de concreto) es el lugar donde las personas se reunen al caer la tarde. Mientras Jackie se quedó leyendo a George Martin, con Liam salimos a descubrir todo esto. 22 años, nacido e hincha del Coventry, salió con su novia a recorrer el mundo. Después de China querían llegar a Sri Lanka, tras un viaje que comenzó en octubre y terminaría en abril o mayo, segun sus cálculos. Un pibe al que le encantaba hablar de fútbol, de cerveza, y me explicó que el Full English Breakfast es así de salado y lleno de colesterol porque es el mejor remedio que los británicos tienen contra la resaca. Al anochecer, vimos una de las situaciones más inusuales que presencié en mi vida. En la puerta del taller había unos 10, 15 choferes tibetanos, perfectamente vestidos con sus gorras cowboy y camperas de cuero, empujándose y gritándose cosas entre sí. Liam le hace un gesto al dueño del taller, levantando los puños, del tipo "se están peleando?"  El dueño del taller asiente, y vemos como se desenvuelve la trifulca. Puteadas, algunas piñas, empujones, agite. Hasta que en un momento forman una especie de círculo que se va cerrando más y más....hasta que en un momento alguien grita "OK!", los 15 choferes pegan un salto, gritan "wiiii!" y se van corriendo hacia la terminal tomados de la mano, sonriendo. Liam y yo nos miramos, pusimos nuestra mejor cara de "(?)" y nos encogimos de hombros, sin entender nada de lo que había pasado. Buscamos al dueño del taller para pedir alguna explicación, pero ya no estaba. Creo que nunca vamos a entender que fue lo que ocurrió y está bien que así sea. Mejor pensar que los tibetanos son unos locos del carajo.


Al día siguiente, ahí sí, estabamos a las 6 de la mañana yendo al centro a buscar alguna minivan para llevarnos a Tagong, en un viaje de tres o cuatro horas. Conseguimos un par de panes sin gusto a modo de desayuno, y esperamos poco más de una hora a que se llene la minivan (con capacidad para seis). Esto es una práctica usual, y los choferes se van a pelear entre ellos para llevarte. No hay muchos turistas o personas que necesiten una minivan en marzo, y hay muchos pero muchos choferes. La tarifa estándar es 50 yuanes per cápita, pero hay quienes dicen que a veces tienden a cagarte y hacerse los boludos, aprovechando que juegan de local. A nosotros no nos pasó.

A las siete de la mañana seguía habiendo una luna impresionante, y el sol no parecía tener ganas de salir en breve. Había llegado la hora de conocer Kham.

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domingo, 1 de marzo de 2015

Viaje al Oeste


(Sí, este post lleva a los pandas)


No estaba muy entusiasmado por ir a Chengdu cuando planifiqué el viaje. Pero lo había pensado como un "mal necesario". Si quería ver pandas, casi que no podía evitar pasar por ahí. Y era muy difícil siquiera soñar con llegar a tierras tibetanas en Marzo sin dejar huella en la capital de Sichuan,también conocida como la ciudad del Weiqi (aquí conocido como el juego del Go. Chengdu es el único lugar en China donde podés aprender Go con clases en inglés)

Casi un año después y con los diarios de muchos lunes puedo decir que es una de mis ciudades favoritas de China. Se trata de una de esas conexiones que son difíciles de explicar racionalmente o incluso desde lo descriptivo. Pero  lugares desde la Plaza Tianfu hasta los edificios modernos de oficinas me parecían dignos de una mirada. Pero no tanto una mirada turística, sino desde una mirada hogareña. De las grandes ciudades de China, fue por lejos la que sentí como más relajada, más amigable, más íntima.   

Llegué a la mañana desde Shenzhen, y fue bastante fácil llegar al hostel. Ya más de dos semanas en China me habían afilado el más importante de los cinco sentidos: la geografía. Empecé a familiarizarme con los sufijos de puntos cardinales, y con algunas palabras. Por ejemplo, mi hostel estaba cerca de Renmin Bei Lu.  O sea, La avenida del Pueblo (Renmin Lu) del lado Norte (Bei). Si fuese Renmin Nan Lu sería del lado Sur. Así tenemos a Xi para el Oeste y Dong para el Este.  Entonces un shuttle desde el aeropuerto me dejó cerca de la avenida principal, de ahí un colectivo que iba derecho por la avenida principal y voilá.

Desempaqué, fui a comer algo y me tomé el subte hacia la plaza Tianfu. La línea de subte de Chengdu es una de mis favoritas (igual no hay con que darle a la de Beijing, es increible la distancia que podés hacer ahí tan sólo por 2 yuanes), no tanto por su recorrido, sino por tener estaciones con nombres fantásticos como "Incubation Park", "Hi Tech Zone" o "Century City". 

Para el 2020, en la línea 4 a inaugurarse, nos deleitarán joyas como "Higher Education Mega Center"  "West New Town West" (sic) entre otras.

Tianfu tiene la estatua de Mao más grande de China y en lo referido a tamaño, es casi tan grande como Tiananmen. La estatua da la espalda a la politécnica de Sichuan, y al este de la estatua está el camino hacia el parque del pueblo (Renmin Square) 

El parque fue de las sorpresas más agradables de mi viaje. De tanto caminar y recorrer, a veces te olvidas que está bueno que pasen un par de horas mientras te tomás un té frente al lago. Ahí ves como viven de verdad las personas. Grupos de hombres y mujeres de todas las edades juntandose a tomar el té, adultos mayores haciedno lo mismo, contemplando el verde. Malabaristas que son muy muy buenos en lo que hacen (había un señor que se ponía botellas de cerveza sobre un palo que sostenía con la boca y las apilaba). Hasta te ofrecían un servicio de limpieza de orejas con un par de pinzas gigantes. No me animé, pero debe ser una experiencia interesante. Cuando estaba por irme, una señora de unos 70 años que tomaba té me sonrío y me preguntó en perfecto inglés?
-"Where are you from?"
-"Argentina"
-"Oh, so you´ve come a long way to be here. Welcome to Chengdu, I hope you like it"
Sonreí , le agradecí y seguí camino, al monasterio Wenshu. Era lindo, pero mi cabeza estaba puesta en otros monasterios que debía visitar más adelante.

A la noche salí a caminar por la ciudad, asombrado por lo barato que salía todo y lo moderno que parecía. Charlé un rato con Benjamin, de Filadelfia. Charlamos de los Sixers, de los Flyers (los equipos de básquet y hockey de la ciudad) y me contó que era un periodista que hacia freelance de noticias internacionales para un diario de EEUU. Y el avión de Malaysian air obviamente, se hizo presente en todas las conversaciones. El avión cambió 100% la agenda para todos los expatriados periodistas que vivían ahí.

También fui para Leshan, donde está el Buda tallado más grande del mundo. 70 metros de puro Buda. No le tenía muchas expectativas, pero realmente es algo imponente. También hay un pequeño paseo con estelas de piedra, pero el buda es la atracción obvia. Aún así, creo que me gustó más el buda de Hong Kong, si bien era más chiquito, el estar en la cima de una colina y la panorámica que te daba de la isla era algo fantástico. Leshan queda a 75 km de Chengdu, entonces tenes que ir en un micro. De ahí llegas a Leshan, que es una ciudad bastante simple (aunque nuevamente, para los estándares chinos, seguro tiene un millón de habitantes) y de ahí la línea 13 te lleva al Buda. En el camino encontré el cartel más fantástico de mi viaje. En las fotos se darán cuenta de cual estoy hablando.


Lo que todos quieren ver
A la vuelta, un par de pibes chinos se coparon hablando conmigo. ´Recuerden que cuando les digo hablando, generalmente me refiero a : nos pusimos a chatear via celular porque no llegabamos a ningún lado con el lenguaje. Me contaron que vivían en Chengdu y habían ido de excursión por el finde a Leshan. Se sacaron un par de fotos conmigo y nos quedamos hablando de básquet. En China es un deporte súper popular. Tanto que cuando volví al hostel estaba lleno de Chinos viendo la final entre los Beijing Ducks y los Xinjiang Flying Tigers. Se vivía un clima de superclásico. Ciertamente parecía serlo. El ex NBA Stephon Marbury fue elegido como el MVP de los Ducks, que terminando siendo campeones. Bien por Starbury, que es uno de tantos que dejó la NBA para seguir una carrera en el básquet oriental. La liga China desplazó a la europea como receptora de talentos NBA que abandonan la liga más grande de todas. No es poco.

Saqué pasaje para Kangding, el próximo destino, pero antes de irme, me fui de pandas (y red pandas). 

El monte Emei, el monte Qingcheng (cuna del Taoísmo) y el dique de irrigación de Dujiangyan no los pude ver por una cuestión de tiempo. Pero volvería a Chengdu para visitar a los pandas otra vez, tomar un té en el lago y conocer esos lugares.

Las fotos, como siempre:  https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo/  Esta vez tenemos 3 álbumes.

El Gran Buda de Leshan
Disfruten el Pandamonium (y red pandamonium!)

sábado, 7 de febrero de 2015

Un taxi hubiese sido más barato.

Se hacía tarde en Macao y tenía que volver a Hong Kong a buscar mis bolsos y volver a China. A las 22:20 tenía un vuelo a Chongqing desde la ciudad fronteriza de Shenzhen (pronunciense Chongching y Yendzen).

El plan era pasar un día en Chongqing para ver el curso del río Yangze, quizás pasar por las cuevas de Dazu y de ahí ir a Chengdu en un tren que no demoraba más de dos horas.

Agarré los bolsos y me fui por donde vine. Con el MTR me despedí de Hong Kong, subiéndome a las175 y monedas de la tarde, y llegando a eso de las 18:30 a Lo Wu. Podría haber ganado tiempo e ido a Lok Ma Chau (la frontera con Futian, que en teoría corta más camino que Lo wu/Luohu) pero opté por lo seguro.

Yo había visitado una frontera semi muerta a la ida, producto de haberla cruzado cerca de la medianoche. (De hecho, tanto las fronteras de Luohu y Futian cierran a la medianoche, por lo cual queda sólo un paso abierto, Huanggang, que está fuera del transporte público, salvo por el colectivo 338 que tendrá su papel en esta historia).  Al día de hoy me cuesta explicar explicar la cantidad de mercadería y cajas que vi a la vuelta. Todo el mundo desesperado agarrando su mercadería y haciéndola pasar a través de la frontera. Había más productos que personas, casi sin dudar. Una vez atravesada la frontera, eran las 8 de la noche casi, y yo tenía que ver como llegar al aeropuerto. Sabía que tenía esos colectivos que por 20 yuanes tardan 40 minutos, pero pensé que podía haber más tráfico y tampoco los veía por ningún lado. Un taxi me parecía una opción antieconómica y pensé que llegando nueve y veinte iba a estar bien.

Entonces me metí en el subte, cuya terminal del otro lado era el Aeropuerto Internacional de Baoan.

Felicito a los chinos por hacer un subte con 45 estaciones en una hora y media y una distancia de más de 30 km. Sin embargo, no fue suficiente para superar el quisquilloso Check-in (una hora y cuarto antes del vuelo cerró el checkin para un viaje doméstico. Y pensar que había hecho un checkin 5 minutos antes de partir a la mañana de ese mismo día!).

Al margen de eso, yo ahí me pasé de ganso. La opción segura, pese a todo, era el taxi. Y yo confié demasiado en la omnipresencia subterránea china. Cuando vi la cantidad de estaciones que eran, podría haber tenido un acto de valentía y bajarme a mitad de recorrido buscando el milagro. El tema es que tampoco sabía muy bien donde bajar! Al tratarse de una ciudad absolutamente desconocida y enorme no parecía haber algún lugar idóneo donde pudieras encontrar un taxi. Entonces seguí en el subte, rezando por lo mejor.

Llegué nueve y media, y había una combi que te llevaba gratis al aeropuerto. Tras una subida por una autopista que parecía sacada de Tron,  llegué 21:35, suficientemente tarde para que me dijeran que había perdido el vuelo.

Quise sacar otro pasaje de emergencia, pero no aceptaban tarjeta (no, ni siquiera en los aeropuertos). Para colmo de males, me dijeron que el aeropuerto cerraba a las 2 am, así que tampoco era una opción quedarme ahí a dormir a ver como resolvía esto.

Entonces, tipo 10 y media me fui preocupadísimo por lo que iba a hacer y ofuscadísimo por haberme tomado aquel subte en lugar de viajar en taxi. Agarré la combi de vuelta y en la estación de subte (que ya había cerrado) en medio de la nada también estaba la parada del 338. Me subí a ese colectivo, que no tenía la menor idea para donde iba, y escribí en el celular "hola, estoy solo, triste y perdido, me decis donde queda un hotel barato donde pueda pasar la noche?". La chofer (porque recordemos, en China la proporción de choferes es bastante pareja) me indicó al llegar a un suburbio cerca del aeropuerto que me bajara y probara suerte por ahí. Es muy probable que yo haya sido uno de los primeros turistas en años en ese barrio.  La cara de sorpresa del pibe del hotel cuando me vio no me la olvido más. Pagué por una noche y me fui a planear mi próximo movimiento. Pero el milagro estaba hecho. De pasar de estar en medio de la nada y perdido en la noche había llegado a un lugar donde podía pasar la noche

Al ser mi primer noche en un hotel, tenía acceso a objetos nuevos, a diferencia de un hostel. Principalmente, una TV. La encendí y para mi sorpresa había algo así como una novela de esas románticas donde eran todos militares, y algo que parecía ser un reality de caligrafía/deletreo. Parecía ser el season finale: estaban la Malena Pichot china, un hipster genérico chino y un niño genio, de esos menores de edad con camisa y sweater que son el orgullo de papá y mamá. Los jueces también eran tres: la Any Ventura china, alguien que parecía ser el Mediavilla chino, y un negro con rastas y una bandana (?). La cosa era así, les dictaban un ideograma y tenían que representarlo y escribirlo. Y terminó ganando el pibito. Era un reality porque mostraban como a lo largo del programa quienes fueron eliminados (primero Malena y después el hipster finalista, coronando a nuestro joven gurrumín) fueron creciendo y desarrollando sus talentos en diferentes emisiones, lo cual da una idea de continuidad, y no de ser un programa de juegos aislados.

A lo largo de esa noche, lo pensé mejor y conseguí, nuevamente por Ctrip, un pasaje a Chengdu desde Shenzhen vía internet, el martes a la madrugada. Lo cual implicaba que iba a pasar un día más en Shenzhen. También pude cancelar el pasaje que no usé, así que recuperé una parte de esa plata y pude pagar con tarjeta, así no ponía en riesgo mi limitado capital yuánico. Ctrip corazón. También mandé un mail a mi hostel en Chengdu diciendo que iba a llegar un día más tarde de lo planeado. No me cobraron esa noche, en un gesto de buena onda.

Tenía dos opciones para el día siguiente: ir a los jardines botánicos de Shenzhen, de los más lindos de China según los que saben, o recorrer el museo de arte moderno del OCT y Window of the World, parque de diversiones epítome de la locura China: modelos a escala del Taj Mahal, la Acrópolis, el Coliseo, la torre Eiffel, etc por doquier.

Apenas puse un pie en la calle durante el día me convertí en la atracción del barrio. Dicen que hay muchos chinos que sólo conocen un extranjero en toda su vida. Imaginen la sorpresa de varios de ellos al ver un caucásico en su humilde Lugano 1 y 2. Todo el mundo mirando, pero con muchísimo respeto y sonrisas. Fotos, sonrisas y montones de "hello!" se repitieron durante el día.

Fui a pedir un chau fan a un restaurant chiquito y uno de los pibes que estaba ahí y se defendía con el inglés, preguntó como carajo había hecho para terminar ahí. Shenzhen, suburbio marginal al margen, es una de las SEZ (Special Economic Zone) y una de las que más creció a nivel mundo en los últimos años. Está previsto que sea la próxima megalópolis China, y pionera de la industria informática, que ya tiene varios angloparlantes nativos y extranjeros insertos en ella.

Gracias al google translator nuevamente pude arreglar con el muchacho del lobby para que me consiguiese un taxi para ir al aeropuerto. El vuelo a Chengdu salía a las 7:50 am. Me despertó a las 5:15. Y lo bien que hizo. Consiguió un taxi minivan para varios que ibamos desde el hotel y llegamos a las 6:20 al aeropuerto de Baoan.  Hice el Checkin in Hainan Islands Airlines (les comenté que casi todas las provincias chinas tienen su propia aerolínea?) y listo.

No conocí Chongqing, pero al menos aprendí algunas cosas de Shenzhen. Cuando de acá a 50 años ella y Shanghai dominen al mundo no digan que no les avisé (?)


Por cierto, el OCT estaba cerrado y Window of the World era mucho más barato a la tardecita que de día, pero cuando volví me sentí muy mal y me quedé en el hotel hasta que se hizo de noche.  Por eso casi no hay fotos de mi estadía en el Shenzhen. Como hay pocas fotos, las explico. Algunas son del barrio donde estaba, otras del OCT y de Window of the World, y las símil tetris son del piso del eclecticísimo aeropuerto de Baoan.

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Spoiler: Próximamente estaremos hablando de Pandas. Mientras tanto, una muestra del delirio de Window of the World

viernes, 23 de enero de 2015

El lugar de los Candados. Y las pilas. Y los encendedores.

Antes de volver a China decidí darme una vuelta por Macao. A la noche tenía un vuelo que salía a las 10 pm desde Shenzhen (la ciudad de frontera con Hong Kong) hacia Chongqing (pronúnciese chong-ching), así que cruzar la frontera vía HK a pie, tal como había hecho a la ida, era a priori lo más sencillo. Si bien hay otras maneras de hacerlo: puede hacerse desde Macao mismo directamente a Shenzhen, pero hubiese implicado llevar todo el equipaje conmigo. Parece que no, pero efectivamente termina cansando el llevar un montón de cosas todo el tiempo.

A las 8 de la mañana entonces, estaba subido a la lancha que une Hong Kong con Macao, a una hora de viaje al este de la isla. Vendría a ser un equivalente de Buenos Aires - Colonia, en perspectiva: forma de viajar, tipo y dirección del barco, carácter lusitano del destino, destino para pasar el fin de semana, etc. Cabe destacar que hice cualquiera, salí tardísimo y recién 7:55 inicié el trámite de migraciones para irme a Macao. 7:59 ya estaba en el barco, y puntualmente a las 8 zarpó. Con lo justo, e incluso menos que lo justo, subí.

Una hora después, cruzando el Pearl River (Río de la Perla, si quieren seguir buscando referencias a Buenos Aires-Colonia), llegué a la isla de la bandera verde. Pasé por migraciones con la mínima idea de hablar un poco de portuñol, ya que el portugués era junto con el cantonés la lengua oficial de la Isla. Lo cual no hizo más que confundirme al ver que los oficiales respondían en inglés un "bom día". Sentí que mi portugués era malísimo, y golpeada mi autoestima salí de la terminal buscando un mapa (insisto, los mapas son sus amigos).

Así como China, Macao precisa una visa para entrar al país (diferente a la China, claro está). Pero se trata de una visa que se saca on arrival, así que por la módica suma de 100 patacas (moneda de Macao, y prima segunda de los patacones, casi al cambio 1 PTC= 1 HKD) tenía el visto bueno para entrar al país. Creo que si vas a Macao a tomar un vuelo podés estar tener una exención de 48 horas, por cierto.

A diferencia de Colonia del Sacramento, Macao es la versión asiática de Las Vegas. Exención impositiva, casinos al por mayor, y wifi para todos en el sistema wifigo. Acá lo conocemos como BA Wifi, pero en lugares como China y Hong Kong (donde el wifi gratis es tan raro como encontrarse quintillizos por la calle), era una novedad al menos digna de destacar.

Macao tiene 4 grandes divisiones : La península de Macao, y cruzando un puente están Taipa, Coloane, y Cotai. Taipa es una zona residencial estilo portugués, más alejada del eclecticismo de la isla central. Sobre Cotai honestamente no tengo mucha idea, sólo se que el casino más grande del mundo, The Venetian, se encuentra ahí. Coloane, más al sur, tiene los espacios verdes y las playas.

En Macao necesitás un permiso del gobierno para pasar la noche, y encima no hay hostels, así que per se no es fácil para los backpackers estar más de un día en Macao. Ergo, generalmente, la mayoría no abandona la península ante los límites del tiempo.

Cuando llegue, pensé que iba a tener que caminar mucho yendo de una punta de la isla a la otra, así que me tomé un bondi y el tipo al ver que no tenía cambio (solo tenía un billete de 100 patacas para pasar el día) me dejó pasar como si nada. En diez minutos ya estaba en la otra punta de la isla, lejos de los casinos y más cerca de la parte colonial.

Ciertamente Macao es un lugar idílico para pasar los últimos años de tu vida, pero no antes. Cuando una de las principales avenidas de un lugar se llama "avenida da amizade" medio que estás advertido de que se trata de un lugar donde la vida se vive de otra forma. Muy poca presencia de la "street food", y una población en promedio envejecida recorría las calles de la isla. El casco histórico está trazado por las veredas, cuyos adoquines muestran referencias naúticas: si estabas parado sobre un ancla, un sol, un camarón o un pez, estabas en camino a los lugares relevantes de Macao.

A saber: la plaza del Senado, las ruinas de la catedral de Sao Paulo, el templo de A-Má (lo que se dice un guiño evidente a los 80 (?))  , la casa del Mandarin, entre otras.  Todo ese ensamble de cosas por sí solo no significa mucho o va a resultar impresionante. Creo que es todo el enclave de pequeñas atracciones el que hace que sea agradable el paseo. Vale la pena hablar del ritmo tranquilo, de las casas que alternan rosa amarillo y verde, de que los nombres das ruas están en portugués.

Como Hong Kong, también Macao destila eclecticismo, pero en vez de hacerlo con estridencia, lo hace con calma.  La estatua de Guan Yin frente al río, en una pose símil Virgen María, es un guiño a esto. Calles amplias con edificios gigantes con bajísima densidad poblacional y casitas coloniales a lo lejos. Era como si Atlantic City hubiese hecho un trío con Lisboa y Cantón.

Macao fue interesante, aunque no haya podido ver mucho. Tampoco estoy seguro si había mucho más para ver desde la perspectiva o la cultura portuguesa (Taipa o Coloane, quizás). El problema es que la radicalidad de cualquiera de esas tres cabezas (la americana, la portuguesa y la china) se pierde y queda un híbrido que no se sabe muy bien de que esta hecho en realidad. Es como cuando se derriten los helados de diferente sabor y se mezcla: el gusto resultante es una consecuencia no deseada de esa mezcla.

Pero bueno, era hora de irme de Macao para volver a Hong Kong porque tenía un vuelo que tomar en China a fin de acercarme al Tibet.




















La bandera...nacional? Al día de hoy el status es confuso en ambas SAR (Special Administrative Region). Que en plural debería ser SARS (?)  Irónicamente hablamos del lugar donde nació nuestra querida y nunca bien ponderada neumonía atípica. Cosas de la vida.


las fotos? donde siempre: https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo/ 

sábado, 27 de diciembre de 2014

Hong Kong, la ciudad de los mil mundos

Cuando armé este viaje no tenía en mente pasar por Hong Kong. Quedaba bastante lejos de mi itinerario original, así que la decisión de pedir una visa a  China de doble entrada fue de último momento. Como Hong Kong y China se manejan por fronteras diferentes, un viaje a Hong Kong desde China cuenta como si fuese uno internacional. Ergo, al volver a China, tenés que tener una visa de doble entrada.

Tiempo después me alegró mucho de haber pasado por ahí unos días: fue un respiro, no sólo por lo increíblemente divertido que es, sino también para alejarse un poco de lo que es la China continental. El shock cultural, le dicen. No es tanto por las costumbres, la higiene o lo demás. Es porque sencillamente, si no hablás chino, no hablás. Entonces, los días en Hong Kong supusieron un descanso, no tanto a los ojos, pero sí a los oídos.

Hong Kong tiene tres grandes distritos habitacionales: los suburbios The New Territories (la principal área suburbana, el famoso conurbano al cual hice referencia en el post anterior), la península de Kowloon, y la Isla Central (o simplemente, Central o la Isla), estas dos unidas a través de varios túneles. Mi hostel quedaba en Causeway Bay, isla central, y para mí sorpresa, no fue tan difícil encontrarlo. Si en Shanghai les había dicho que había hoteles contenidos enteramente en un sexto piso, que decir de Hong Kong. Imposible que puedas ver a simple vista un hostel. Están prácticamente todos escondidos dentro de edificios. Lo que sí podés ver son las luces de Causeway Bay. Cuando uno se hace las imagenes mentales de las metrópolis de Asia, a raíz del cine o de otras formas de expresión, las hacemos siempre saturadas de neón y LEDS. Beijing no daba con ese perfil, Shanghai se le acercaba pero tampoco. Hong Kong sí. Nunca fui a Nueva York o a Tokio, pero Hong Kong parecía ubicarse en algún punto medio entre ambas. 

Por 160 pesos argentinos (o 150 HK Dollars, la conversión es prácticamente 1 a 1), no podía esperar más que una cama en una habitación mínima, coqueteando con la idea de ghetto pero sin llegar a un hacinamiento indigno. Y así fue. Como tenía hambre, fui a buscar algo para comer a eso de la 1 a.m, pero sin grandes esperanzas. Menuda sorpresa me llevé al ver que todos los supermercados no sólo abrían las 24 horas, sino que tenían colas infernales bien entrada la noche. Agarré uno de esos platos de arroz con unos dumplings marca Coto (?) y por 15 HKD al menos pude cenar.

A la mañana siguiente, mientras desayunaba y chusmeaba en algún mapa de la ciudad que podía hacer, escuché un tono de inglés ligeramente latinizado: uno parecía ser francés, lo cual es normal en una ciudad con tantos expatriados, pero el otro parecía ser...un argentino? Y efectivamente, lo era. Olivier y Manuel, importados de París y Buenos Aires, acompañados por su amiga Alexa, polaca. Los primeros dos estaban estudiando arquitectura en Bélgica. Sobre ella, creo que estudiaba otra cosa, pero en Alemania. (Por eso hablaban en inglés y no en francés). Manuel, gratamente sorprendido por toparse con otro argentino, me dijo que tenían pensado ir al pico, y si quería acompañarlos.

El pico es Victoria´s Peak: el mirador de la ciudad donde se sacan todas esas panorámicas sobre Hong Kong, está dentro de Central, y la terminal del tranvía que te lleva está muy cerca del edificio del Bank of China, uno de las postales clásicas de la isla. El único problema es que en el camino, sobrevino una niebla que casi nunca había visto en mi vida, y que iba a decir presente durante casi toda mi estadía en la isla. De golpe la vista desde el pico parecía mucho menos épica. 

En lugar de bajar por donde vinimos, usamos un camino por una colina que lleva a un parque. En ese sentido, HK se parece un poco a Río de Janeiro, con muchos caminos sinuosos y montañosos que contrastan con la urbe. Ahí fui conociendo un poco más a Manuel, como había pasado de la FADU a Bélgica, que era un bardo el tener que escribir su tesis en francés, que venían viajando por todo el sudeste asiático y al día siguiente iban a ir para Indonesia en un vuelo de ....Malaysian Airways (uno de los grandes tópicos de conversación a lo largo de mi viaje con otros angloparlantes fue acerca del avión, que recordemos, iba rumbo a Beijing cuando decidió homenajear al vuelo 805 de Oceanic, tiempo antes de que el segundo avión caído de Malaysian le hiciera su homenaje al vuelo 007 de Korean). En el camino de bajada, de paso veías algunas mansiones sobre la colina, sitas sobre el valor real estate más caro del mundo en cuanto a metros cuadrados. Luego los cuatro paseamos un rato por Central y su sinfín de negocios y lugares, y fuimos a los edificios del Bank of China y el ICF tower para ver la vista (o la niebla) desde el cielo. El primero pasa sin escalas al piso 43. El segundo...al 100. 

La gastronomía cantonesa es ligeramente diferente a la china. Para comer, en lugar de un chau fan o un chau mien pedis un congee o dim sum. El primero es como una especie de caldo o guiso con una salsa blanca, y el segundo es un combinado de empanaditas de cerdo.  Y el idioma cantonés es diferente al mandarín. El Ni hao se cambia por un Mh´Goi, e incluso aprendés a reconocer el origen distinto de los ideogramas (por ejemplo, los ideogramas terminados en k, como Shek, Kok, Pik, sabés que son 100% cantoneses) 

A la noche, Manuel y Alexa prefifieron descansar, así que salí con Olivier y Raz , un canadiense recién llegado que se nos unió. Si un hostel estaba en un sexto piso en Hong Kong, que quedaba para un bar? Obviamente la única forma de imaginar que había un bar ahí era efectivamente, sabiendolo de antemano, nos metimos a un edificio que también parecía de departamentos, y fuimos a jugar unos pooles a un piso 12, con una vista de la ciudad mucho más privilegiada que la que teníamos en el pico, más parecida a la que muestran películas como Black Rain o Blade Runner.

Pero lo cierto es que esa cosa ultra urbana a la vez tiene algo increíblemente rural: no sólo cuantitativamente (el 70% de la totalidad de Hong Kong es rural, ergo, el trekking y sus playas son dos de sus grandes secretos escondidos) sino porque también tenés esa cosa suburbana u hogareña en la misma urbe. Es algo difícil de explicar. Es como si a los tres días ya pudieras sentir que vivís ahí hace años. 

A la mañana siguiente los chicos ya se iban al aeropuerto, y Olivier me pidió un favor antes de despedirnos: que le firmara su guitarra. Sacó el estuche junto a una estilográfica, y vi como sus recuerdos de viaje, en lugar de hacerlos en fotos u otros medios, los hacía a través de las firmas que las personas que iba conociendo dejaban en su instrumento, como si de un yeso se tratase.

Cuando nos hubimos despedido, planée mi próxima jugada: Lantau Island. Mencioné a los New Territories, a Central, a Kowloon. Pero también tenés dos lugares más en Hong Kong: Lantau Island y otras islas menores, como Lamma y Cheung Chau (atracciones de surfistas y fanáticos del mar)

A Lantau llegás a través de una combinación relativamente sencilla del MTR. Te subís en la línea azul de Central, y luego combinás con la Roja que cruza hacía Kowloon, y de ahí a la Amarilla que va a Lantau. Qué hay para hacer en Lantau? 

-La estatua del Gran Buda
-El monasterio de Po Lin
-La villa de pescadores de Tai O
-Disneyworld HK
-El teleférico de Ngong Ping 
-La reserva acuífera de Shek Pik...

...entre otros. Ahí me dí cuenta que para conocer todo lo que Hong Kong podía ofrecerme iba a precisar del doble de tiempo que tenía (unos pocos días nomás). Sentía que podía prescindir de Tai O porque había visto la villa de pescadores de Hongcun, Anhui. Shek Pik por su parte, parecía una linda reserva, pero no tenía mucha idea de como llegar. Entonces fui directamente para el Gran Buda, sito junto al monasterio de Po Lin. Este último no era gran cosa comparado con algunas cosas que había visto en Beijing (y ni hablar de las que vería en el resto del viaje). Pero el buda...al día de hoy sigo puteando por la niebla que había ese día. Lamentablemente en China y en HK, el clima es, la mayor parte de las veces lo único que te separa de una vista única e increíble de una confusa y terrenal. Sé que lo más importante es estar ahí, pero uno no puede dejar de decepcionarse al ver las fotos en internet que te da un día despejado y las que saca uno con una niebla densa. 

La estatua de Buda no es la más alta del mundo (35 metros, un Cristo Redentor de altura) ni la más antigua (se terminó hace 20 años nada más). Pero resulta única por una serie de factores: por su ubicación, en la cima de una colina, por la base que es similar a la del templo del cielo de Beijing, por la pose sentada, con la palma derecha abierta, con su mano izquierda descansando sobre su regazo. Es un buda sereno, es un buda feliz. Es un buda que está en sintonía perfecta con la naturaleza a su alrededor, con el hombre. Fue una de las sorpresas más gratas de mi viaje. Y no sería la única estatua de Buda que vería en el viaje, pero sí mi favorito.

De las montañas del Buda Tian Tan a la base de Lantau iba a volver vía el teleférico de Ngong Ping, que ofrece unos 20 minutos con vistas espectaculares (nuevamente, niebla, pero aún así se veía bastante bien), con cabinas con el piso de cristal. De la base, nuevamente me subí al MTR hacia...Disneyland Resort, que tiene su propio ramal de MTR. Es un tren, tipo tren de la costa, con asientos customizados, con la banda de sonido de las películas ya desde el momento en que subís al tren...el impacto es profundamente emocional, llegar ahí y sentís que chocaste de pleno con varias de las cosas de tu infancia, mientras caminas por las estatuas y las referencias de las películas que veías de chiquito, con sus soundtracks sonando por los altoparlantes del resort. La entrada? 450 HK. 

Después del choque con la niñez, fui para Kowloon, a conocer el centro, y ahí sí creo que me encontré con una imagen más clásica de un Hong Kong saturado de gente, y de negocios. Dos de los grandes ghettos de HK (Chungking y Mirador Mansions) se encuentran en Nathan Road, una de las avenidas principales. Negocios truchos, originales, gastronómicos, viviendas encima de los negocios... lo que se dice un caos organizado. Por Kowloon está la costanera, que da a la avenida de las estrellas, donde están las estatuas de los famosos asiáticos, destacándose Bruce Lee por sobre el resto, obviamente.

A la noche quería ir al hipódromo sito en Happy Valley (en 1850, una epidemia de malaria azotó el distrito, y el barrio esencialmente se convirtió en un cementerio. Los británicos, en una muestra más de britanicismo (?), nombraron el distrito fúnebre como Happy Valley), en Central.

Entonces, dos cosas:

a) la vista a los rascacielos y las luces de Hong Kong, "el bund" cantonés, la tenés desde la avenida de las estrellas. La niebla nuevamente, me jugó una mala pasada y si bien al ojo distinguías las luces con relativa nitidez, la cámara era vítcima de "Fog-Kong"

b) La otra forma para cruzar de Kowloon a Central, como en el bósforo, era vía ferry. El Star Ferry es toda una institución en Hong Kong, y junto con los juncos cruza las aguas de la bahía de Victoria trasportando todos los días un sinfín de pasajeros de una punta de la isla a la otra.

Aún atontado por las luces, llegué al hipódromo con las carreras ya empezadas. La pasión por el turf, deporte nacional, es otro regalito británico. De hecho, durante las olimpiadas de 2008, las pruebas de equitqación las hicieron en Hong Kong, y no en Beijing. Los miercoles y sábados se corre a la noche, no me acuerdo con exactitud cuando se hace de día. Pero las carreras nocturnas son una cosa espectacular. Por sólo 10 HKD, entrás al evento social semanal más grande de la isla: 40000 personas, extranjeros y nacionales, tomando cerveza, apostando y viviendo con toda la tensión del mundo el glamour del hipódromo más grande de Asia. La verdad que fue muy divertido. Volví caminando porque la isla central es lo suficientemente chica como para recorrerla a pie, pero no quiero dejar de mencionar que los colectivos y tranvías, como en Buenos Aires, funcionan las 24 horas del día. Al día siguiente, me tocaba una escapada a Macao así que había que dormir temprano.

(Algunos lugares que me quedaron por recorrer: El restaurante flotante Jumbo, Ocean World, el Parque Hong Kong, el monasterio Chi Lin y el Jardín Nan Lian entre otras cosas).


Para muchos Hong Kong simplemente es un pastiche de un montón de cosas ya hechas y recauchutadas en una sola aglomeración. En ese sentido me hace acordar a las críticas que le hacen algunos a Boyhood, la última película de Richard Linklater. La premisa no es nueva, pero la forma de narrarlo, el como se filma, y el como las personas actúan hacen que la pieza resulte inolvidable.  

Por eso para mí Hong Kong es la ciudad que se parece a todas, pero al mismo tiempo no se parece a ninguna. Y por eso me encantaría volver a verla.


Kowloon. https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo/sets/ tiene el resto de las fotos

domingo, 14 de diciembre de 2014

Peregrinando a Hong Kong: el churrasco, el rey momo y la estación del sudeste

A la tarde después de la mexicaneada, fui a la terminal de ómnibus central de Hangzhou (generalmente en las grandes ciudades de china hay varias terminales de ómnibus, y según al punto cardinal al que uno se dirige, es la terminal que corresponde. Las excepciones son las estaciones centrales) y saqué un boleto para Shanghai, el más rápido posible.

Resulta que a la mañana de ese mismo día, antes de salir a pasear por el lago, hablé con David. Le pregunté si ya había vuelto a Shanghai y si tenía ganas de cenar conmigo esa noche, al menos una vez más antes de que me fuese a Hong Kong. El dijo que sí, y que iba a traer compañia además. Por eso la celeridad de hacer más o menos rápido esos 178 kilómetros que separan Hangzhou de Shanghai, sobre todo conociendo el tráfico en China. Sí, es terrible, pero tampoco tanto como las hipérboles nos quieren hacer creer de demoras de 15 horas (días después las comprobaría, a menor escala, de todas formas). Fue un viaje de 4 horas en total hasta la estación, más media hora hasta la estación de Nanjing Road, donde habíamos quedado en encontrarnos. Él y su compañero, Ignacio, ya se estaban yendo cuando justo llegué, a último momento (recordar, al no tener 3g y el wifi ser una cosa tan circunstancial la comunicación y la coordinación no son cosa fácil).  Me preguntó como había estado Huangshan y yo le pregunté a su vez por la colonia italiana de Tianjin.

El dijo que tenía una sorpresa preparada para Ignacio (mendocino él) y para mí. Y nos llevó a una "churrascaría". Se excusó y pidió perdón porque no había ningún lugar de carne argentina, pero creyó que la versión brasilera de la parrilla sería un sustituto apropiado. Obviamente no nos negamos. A diferencia de Beijing, donde David y yo usábamos principalmente el inglés para comunicarnos, ahora la situación era diferente, Ignacio usaba el chileno castellano así que me vi impulsado a hacer lo mismo. David, por su parte, respondía en italiano. Era una cena bastante distendida así. La carne? Estaba bastante bien, para lo que son los estándares chinos, pero obviamente no hay comparación con la de acá.  Igual la comida era lo de menos, la verdad. La charla fue bastante amena y entrada la noche, ellos se fueron por su lado y yo me volví al hostel, despidiéndonos y contentos de habernos visto una vez más.

De Shanghai me arrepiento de no haber ido de haber ido a los jardines botánicos, pero claro, hablar con el diario de seis meses después es fácil. Me tomé el subte y fui para el aeropuerto de Pudong, porque eran unos 90 minutos de viaje bajo tierra y no quería llegar con lo justo. Durante las últimas estaciones el subte decidió mostrarle su cara al mundo (?) y no fue un recorrido soterrado. Así que pude ver a la izquierda del anden una especie de viaducto, donde pasaba nada más y nada menos que el tren MAGLEV, cuyo nombre se debe a la fantástica combinación de palabras conocida como "Levitación Magnética", capaz de alcanzar 430 km/h. El Maglev une el aeropuerto de Pudong con el centro, como el subte, pero con una tarifa mucho más elevada, y a una velocidad ridícula gracias a su preciosa tecnología. Anotá, McFly.

Llegué a Pudong temprano, y como no tenía mucho que hacer, empecé a chusmear vidrieras, y demás...boludeces que uno hace para pasar el tiempo. Entre esas boludeces, estaba la lista de objetos peligrosos que uno no debería llevar en el equipaje de mano bajo ningún concepto: como los chinos son fanáticos de los extremos, por un lado teníamos una espada, símil katana. Por el otro lado, un aerosol de nieve artificial de nuestro querida marca, Rey Momo. Industria Argentina y todo, decía el envase.

El vuelo en realidad no era a Hong Kong, sino a Shenzhen, una ciudad SEZ (zona económica especial) que queda en la frontera con la ex colonia británica. Esto fue así porque obviamente, el vuelo iba a salir más barato al tratarse de uno doméstico y no uno internacional (300 yuanes, o sea, unos 380 pesos en una línea como China Southern, miembro de Star Alliance, si no me equivoco. Una página súper útil para los vuelos domésticos en el país es la versión en ingles de ctrip.com).
El vuelo llegó con más de una hora de demora a Shenzhen, por lo cual aterrizó a las 9 cuando debió haberlo hecho a las 7 y media. No son buenas noticias, porque tenía una frontera por cruzar, y mientras más tarde lo hiciese, menos alternativas de transporte tendría. Así que me subí a un bondi que hace servicios a Luohu (tenés dos fronteras, en Futian y en Luohu. La primera es más cerca, pero es un poco más difícil llegar así que fui a lo seguro y me fui a Luohu, la frontera del sudeste).

Al bajar, terminé en una especie de edificio parte shopping, parte lugano 1 y 2, parte terminal de micros de Retiro, parte pabellón 3 de ciudad universitaria, bastante díficil de describir. Ese edificio al cual era difícil llegar (por falta de señalización en el exterior y por falta de gente en la calle al ser las 10 y media de la noche) era el edificio de frontera China-Hong Kong. Poca luz, negocios del tipo tugurio abiertos a altas horas de la noche, subir y bajar pisos siguiendo un cartel esporádico que decía por donde ir...

Una vez superado el laberinto de concreto, llegabas a un andén. La frontera a Hong Kong técnicamente se cruza a pie desde China, pero en realidad al hacerlo no salís a la calle, sino que te lleva al MTR (Mass Transit Railway, el tren/subte de Hong Kong). Esto es, una frontera pedestre-ferroviaria.

Cerca de la medianoche, el último tren desde Lo Wu (en cantonés, Luohu es en Chino mandarín) hacia Kowloon estaba por salir en unos minutos. Así que cambiamos los yuanes por HKD (Hong Kong Dollars y conseguí la SUBE nativa, la Octopus Card)  El primer tramo del camino, sobre la superficie, era el conurbano de Hong Kong, los "new territories", con menor densidad de población en comparación a la isla central pero aún así relativamente urbanizados. Me bajé en la terminal, ya haciendo trayecto bajo tierra, era cerca de la ciudad universitaria, y sin tener mucha idea de como cruzar desde Kowloon hacia la Isla Central (donde estaba mi hostel) a medianoche con un medio de transporte público me ví obligado a tomar un taxi hacia Causeway Bay, distrito donde iba a pasar la noche y dormir como un campeón tras un día larguísimo. Por lo poco que había visto de Hong Kong hasta ese entonces, lo sentí como un lugar que se parecía a todos los lugares pero a la vez era algo único.

Desde ya les adelanto, que es un lugar donde me encantaría volver.

Si bien la abrumadora mayoría de las fotos de Hong Kong no forman parte de esta historia (aún), están donde siempre:

https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo/


Los taxis de Hong Kong. Todos tienen el mismo modelo de Toyota.