viernes, 26 de febrero de 2016

La París de África Parte III: Donde los muertos se mezclan con los vivos

Quedaban cosas por recorrer en el Cairo así que el día después de las pirámides comencé la larga-pero-no-tan-larga caminata hacia el Sudeste de la ciudad. La ciudad, incluso con mapa en mano, no resulta tan sencilla para navegar porque puede haber puentes no mencionados, desvíos inesperados y otra serie de avatares. El destino de la caminata era la Ciudadela de Saladino, pero antes, el paso me llevó a la parte baja de las colinas del Mokattam. Traducción:  La Ciudad de los Muertos. Egipto evidentemente tiene su cosa con la necrología, como lo demuestran las pirámides, los artefactos y los templos. Sin embargo, La Ciudad de los Muertos es diferente: comenzó como un cementerio, pero se edificó sobre el y ahora medio millón de personas convive con sus antepasados y los antepasados de otros. Es básicamente, una villa de emergencia edificada sobre un lugar sumamente inusual, donde las casas y las chozas se mezclan con tumbas. La mezcla entre la Villa 31 y El Cementerio de Recoleta (porque si bien los pobres del Cairo iban a parar ahí, las lápidas y las construcciones son tremendas) ofrece, inesperadamente quizás, una de las mejores panorámicas de la ciudad
La Ciudad de los Muertos

La Ciudadela de Saladino (o Ciudadela del Cairo) es otro edificio que si bien no tiene la chapa mundial de la que gozan las Pirámides o El Museo Egipcio, tiene bastante de que presumir. Más de 800 años de historia y un estado físico envidiable para su edad. A mi me encantaría llegar a 800 años en ese estado (otra razón más para momificarse). A todo esto, no confundir con la Ciudadela de Saladino sita en Siria, aunque imagino que en estos momentos no tienen pensado un viaje por esos pagos, aunque estaría bueno, porque Siria es uno de los lugares donde nació la historia, y debe valer la pena conocerla. Vale un paréntesis teórico para aclarar que entre el 58 y el 71 Egipto y Siria se unificaron bajo la denominación "República Árabe Unida" y al día de hoy pueden encontrarse con esa denominación en ciertos formularios, como el de "países donde vas a usar tu tarjeta de crédito" que te piden para activar internacionalmente la misma. 

Lamentablemente, hay que pagar entrada para acceder a la Ciudadela (60 LE). Una vez allí, se pueden dividir en cuatro grandes atracciones: las paredes y las fortificaciones, la mezquita de Mohammed Alí Pasha/El Palacio de Al-Gawhara, el Museo del Ejército (que está dentro de la Ciudadela) y los miradores. Resulta que la Ciudadela se encuentra al tope del Mokattam por lo cual para llegar a ella es precisa una subida pronunciada mas no dramática y con unas vistas majestuosas del Cairo como premio: La Ciudad de los Muertos, las mezquitas, el Parque Al-Azhar, el bazar de Khan-El-Khalili (pronúnciese "Janeljalili") y los edificios del Cairo Copto son algunos de los highlights que ofrecen los miradores. 
En lo que respecta a la mezquita de Mohammed Alí, se trata de una construcción de más de 150 años en la cima de la Ciudadela y una de las postales de la Ciudad. Fue construida en honor al hijo fallecido de Mohammed Alí Pasha, el poronga Otomano de aquel entonces. Como se imaginarán, la mezquita y el palacio de Al-Gawhara (donde se encontraba el trono de Mohammed Alí Pasha) son espectaculares, aunque si vieron otras mezquitas antes como la de Sultanhamet o la Mezquita Azul (en Estambul ambas) puede que no les parezcan tan espectaculares. 
Lo que sí resultó una sorpresa fue el museo militar. 1 LE como colaboración para entrar, pero la exhibición es grande, detallada y ayuda mucho a entender la historia de Egipto durante este último siglo, así como su idiosincracia y la relación que tiene el ejército con la sociedad civil. Definitivamente recomendado como para pasar una horita ahí.


La Mezquita de Mohammed Alí Pashá.


Una vez completa la visita a la Ciudadela la idea era ir hacia el Cairo Copto. Otra caminata larga se hacía esperar (porque hasta donde sabía no había forma de llegar en colectivo, y los carácteres árabes no ayudaban en demasía) pero no sabía cuanto tiempo podía llegar a tardar, por lo cual me tragué mi orgullo y paré un taxi. Error, tremendo error.  Si bien el tipo llegó rápido y me cobró 30 LE, que era lo que habíamos acordado (si el taxi no tiene taxímetro, siempre traten de acordar un precio con el chofer antes de subir y obviamente siempre arreglen un número por debajo de lo que el pida) cuando me bajé en "Old Cairo" (otra denominación que tiene la parte Copta) el taxista se bajó de su vehículo y comenzó a seguirme por todas partes: por la Iglesia Colgante, la Sinagoga, la Fortaleza de Babilonia y el Museo Copto. La experiencia se hizo decididamente menos encantadora por la marca personal, así que mucho no pude disfrutar gracias al chofer sediento de turistas (?). En cierto sentido, es difícil culparlo: en estos tiempos es casi imposible ganar más de 40 LE en un día y el chabón tenía todo el tiempo del mundo para aferrarse a la esperanza de que lo usase como guía de facto y chofer o que simplemente me asaltase a mano armada si la ocasión daba para ello. A tal punto que me hinché las bolas y decidí no terminar el recorrido porque hacía hambre y estaba cansado del acoso callejero (?). Un par de maniobras evasivas y llegué a la estación de Mar Girgis, del subte Cairota, que da a la entrada de la Ciudad Copta (quedará para otra ocasión la mezquita de Abn ibn al-as y el Nilómetro de la isla de Roda).

El Cairo Copto (Old Cairo)

África sólo tiene dos ciudades en donde el subte dice presente: El Cairo y Argel. El subte del Cairo, si bien no es espectacular, es relativamente rápido y combina pasajes subterráneos con estaciones por sobre la tierra, cual si fuera un tren. Por error, cuando llegó la formación me metí en el vagón de las mujeres. Si, hay un vagón de las mujeres, así que me volví destinatario unánime de todos las miradas al subirme. Traté de mirar al piso todo el trayecto tras darme cuenta que me había mandado alto moco, aunque notaba que las Cairotas miraban y se reían de lo que había hecho, pero siempre con una mueca afable y no indignada. Se reían conmigo, no de mí (?)

Apenas el subte se detuvo en la siguiente estación bajé corriendo y subí a otro vagón. Al parecer subir al vagón de las mujeres es punible de multa y con la Sharía no se jode. Llego a Tahrir y son las doce. Imposible comer algo a esa hora y encontrar un restaurant abierto. Toda la gente sale con sus mantas a la calle y se pone a rezar junto al llamado de los rezos que sale por los megáfonos. De rodillas sobre el tapete y complacer a Alá.

Rezo por vos (?)


Me quedaba un ratito antes de tener que emprender ruta al aeropuerto así que tenía que elegir entre el Parque Al-Azhar y El Bazar de Khan-el-Khalili. Ante la agresividad Egipcia para venderte cosas y mi falta de fondos para comprarlas opté por el parque. Sólo voy a decirles que la "Joya Verde del Cairo" es espectacular, y tiene una vista privilegiada a las mezquitas (que valga la redundancia, son las mezquitas de Al-Azhar) que dan a la Ciudadela.





La mesquita Al-Azhar vista desde la Ciudadela



Ahora sí, despedida afectuosa con Ahmed y Eslam, también un abrazo con Memo que justo llegaba de su sesión por Ardelewa y taxi al aeropuerto. Era el 28 de Marzo a las 17 hs. Tenía que tomar un vuelo en Tel Aviv a las 6:30 del día 30. Antes de irme, un último pantallazo a la tele. Había elecciones en el Al-Ahly, una protesta de universitarios que habían tomado la facultad, varios cortes por la ciudad, y los partidarios de El-Sisi que estaban dispuestos a proclamarse para las elecciones venideras. Si la pantalla del noticiero está dividida en seis, probablemente significa que hay quilombo. Además, algunos terroristas se habían pasado de graciosos y habían decidido unos días antes hacer volar un micro lleno de turistas coreanos a bazuca limpia, por lo cual la frontera terrestre de Taba/Eilat estaba más que cerrada. Para colmo, Egipto e Israel no tienen vuelos directos entre sí, por una cuestión política. Mi plan original era tomar un micro del Cairo a Taba y de ahí hacer el cruce, vía terrestre. Pero ahora tenía que triangular mi regreso con dos aviones diferentes a través de un tercer país. Por una cuestión financiera, iba a volver vía Estambul, tal y como había venido, siendo más conveniente que otras rutas posibles (vìa Amman, Atenas o Nicosia). Entonces, la idea era ir el 28 a la noche a Estambul (Vuelo N°1), dormir en el aeropuerto de Ataturk, recorrer un día más la ciudad con todos mis bártulos encima y a la tarde noche ir hacia el otro aeropuerto de Sabiha Gokcen  (si, encima tenía que hacer un cambio de aeropuerto) para tomar el vuelo a Tel Aviv (Vuelo N°2), cosa de llegar a medianoche y de ahí un avión a Madrid (Vuelo N°3) y otro a Buenos Aires (Vuelo N°4).

Y de Estambul (o sea, antes de China y antes de Egipto) va a tratar el próximo post porque siempre es mejor contar la historia completa. 


Fotos, en el set 2.
https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo/sets/72157660021966974



lunes, 28 de diciembre de 2015

La París de África, parte II: Walk like an Egyptian.

Siete de la mañana en el Cairo y ya me encuentro despierto y dándome un par de cachetadas en la cara para estar lúcido. Había que tachar un último gran destino en todo este viaje y se trataba de nada más y nada menos que las pirámides de Giza. Pero así como la muralla China tiene diferentes puntos de acceso (y por ende, diferentes panoramas), las tres clásicas estructuras de Keops, Kefrén y Miserino también presentan compañía: algunos kilómetros más al sur se encuentan las pirámides de Saqqara y luego las de Dahshur.


Cuando uno piensa en las pirámides de Giza probablemente se imagine un lugar remoto donde haya kilómetros y kilómetros de arena alrededor. Esto es parcialmente cierto. Giza antes era un distrito independiente, a pocos kilómetros al oeste del Cairo. Por esas cosas de la geografía y de los procesos de aglomeración de ciudades, ahora se trata de la misma área metropolitana, donde ambas ciudades coexisten a tal punto que básicamente Giza hoy es un barrio más del Cairo. Entonces, las pirámides marcan el hito donde la ciudad deja de existir, abriendo paso al desierto hacia el oeste de las mismas.
Si bien es posible ir a las pirámides de Giza vía subte o bondi (sí, leyeron bien, dije que podés ir a las pirámides en Subte, chupala Mauricio (?)) aunque la estación queda a un par de kilómetros del sitio arqueológico, lo cierto es que no hay forma directa de llegar a Saqqara y Dahshur por la vía del transporte público, por lo que si querés ver estas dos pirámides vas a tener que ir en taxi o el equivalente al remís Egipcio.




La contracara del camino a las pirámides
Como tampoco andaba sintiéndome muy valiente como para arriesgarme a perderme en el Cairo en mi segundo día (y los que me conocen saben que detesto no dónde estoy parado) no me quedó más remedio que pegarle un llamado a Matrix para hacer la ruta. 

Como fuimos “de abajo hacia arriba”, arrancamos por Dahshur. El sitio queda a unos 30 km al sur del Cairo, y en el camino podés atestiguar la mezcla de imponente y decadente de Egipto: palmerales hermosos y verdes mezclados con el desierto se entrecruzan con las viviendas precarias y pobreza más absoluta en las viviendas precarias de África. Es algo que la verdad vale la pena verlo para entenderlo un poco mejor, sobre todo para ver cómo es la vida en las afueras del Cairo (y también más adelante veremos cómo es la vida por dentro en algunos lugares).

Es un garrón es que los tres sitios piramidales te cobran entrada por separado. No tenés un day pass o algo por el estilo. Dahshur presenta dos pirámides: La pirámide roja y la pirámide acodada. La Pirámide Roja se destaca, además de por su color sensiblemente más rojizo que el resto de los triángulos 3-D (?), por ser la primera de las grandes estructuras que hoy conocemos como pirámides. En tanto la Pirámide Acodada vendría a ser un cover Egipcio de la torre inclinada de Pisa. Las imperfecciones, por otra parte, le transfieren un singular encanto.  A la pirámide roja de Dashsur también podés entrar y verla por dentro. Lo hice porque sé que casi todas son iguales por dentro entonces me pareció mejor hacerlo en la más aislada. Por dentro la verdad no hay nada demasiado espectacular. Tanto para entrar como para salir tenés que hacerlo casi en cuclillas, y no hay mucho más que un espacio hueco. Y la verdad más que para decir “estuve dentro de una pirámide” no vale mucho la pena la experiencia. En resumen, huelen feo y seguro algún que otro borracho las meó durante los últimos 2000 años (?)

Siguiente parada: Saqqara, la antigua necrópolis de Memfis, otrora capital egipcia. El sitio tiene algunos lugares para destacar: el primero de ellos es la pirámide escalonada de Djoser, que en forma se asemeja más a las pirámides de Chichén Itzá que a las de Giza. Asimismo también tenés un par de pirámides menores que son indistinguibles de un par de montículos sobre la arena: parecen más accidentes orogénicos que construcciones humanas. Sin embargo, una de ellas es la pirámide de Unas y vale la pena entrar ahí porque adentro  hay algunas inscripciones y eso siempre es bienvenído porque al ver jeroglíficos en una pirámide, aunque parezca un arenero, te sentís medio Indiana Jones. Junto con esta micropirámide, la otra joya de la necrópolis de Saqqara es el Templo de Djoser. El templo, si bien hoy quedan ruinas, está bastante zarpado. Te da esa sensación de estar en esos lugares grandes donde más o menos sentís que se inventó la historia. Adentro además están las tumbas. En teoría no se puede entrar, pero lo cierto es que a nadie le importa si lo hacés. A tal punto que en cada uno de los complejos arqueológicos tenés personas esperando a los visitantes para mostrarle las instalaciones por dentro y llevarse una moneda, haciendo de guías turísticos “de facto”.  Si bien no hay ninguna momia por dentro de las tumbas, lo cierto es que está lleno de inscripciones y ser el templo un lugar iluminado por el sol hace que los registros visuales se vuelvan más espectaculares.



El templo de Djoser

Ahora sí, el plato principal: Giza. Como bien les dije, poco antes de llegar a las tres pirámides hay ciudad, pero tampoco es que una vez que entras al sitio todo es color de rosa, o color de arena, en este caso. Hay distancias de un kilómetro más o menos entre cada sitio. Además, con la desesperación por turistas que tiene el lugar, prepárense para ser bombardeados y que les quieran vender hasta un pariente. Por un lado, es fantástico tener una maravilla del mundo prácticamente para uno solo porque a nadie se le ocurre ir a Egipto en este momento político del país. Por otra parte, es imposible que te dejen de acosar hasta que te vean arriba de un camello u otro animal de carga. Por suerte los precios, como todo en Egipto,  son negociables. Bajar los precios pacientemente hasta que llega el punto donde te piden menos de la mitad de lo que te pedían al principio es una práctica en la que fui volviéndome más ducho tras  estar viajando por cuatro lugares donde el regateo era moneda corriente (Israel, Turquía, China y Egipto). Conseguimos camello nomás y arrancamos por la pirámide de Kefren, que si bien no tiene la mística de Keops (“la gran pirámide de Giza”) es la que mejor se conserva -pese a sus refacciones- y la que permite mejores ángulos para sacar fotos . Además, como bonus, es la que te permite sacar mejores panorámicas de Giza y el Cairo: resulta que desde el desierto tenés una vista inmejorable a la ciudad, sin obstáculos.

Micerino es la más chica de las tres (en rigor de la verdad son seis, hay tres pirámides pequeñas detrás de Micerino), pero también tiene lo suyo. Keops es la más antigua y solía ser la más grande, pero la erosión y los arreglos en la pirámide de Kefren, sumado al hecho de que esta fue construida "on higher ground", le dan la ventaja a la segunda pirámide. Además, la cúpula de Keops tuvo que ser reconstruida.
Por cierto, antes podías trepar a las pirámides, pero se daban muchas situaciones del estilo

-"cómo murió?"
-"se cayó desde una pirámide"

así que se prohibió la práctica por exceso de pelotudez.

Stairway to Kefren (?)
Bueno, técnicamente esta es Keops, pero dejenla pasar por favor


Cerca de la fosa de Keops  tiene lugar el museo de la Barca Solar. Nombre fantástico para el sitio donde está la barca funeraria del otrora faraón. Supuestamente es a través de este barco en donde Keops hizo “su viaje al sol. Tanto Keops como Miserino permiten la entrada hacia adentro de las mismas. El problema es que la entrada, tanto para el interior de las pirámides como para el Barco Solar es cara y es por separado. Además, cerca del museo está otro infaltable de Egipto: La esfinge. El tiempo le hizo una rinoplastia a la estatua legendaria, pero una foto al monstruo con las pirámides de fondo es algo imponente. Nuevamente, prepárense para ser acosados por los guías de facto que quieran llevarse una moneda.

Llegué a las 8 de la mañana a Dahshur. Ahora eran casi las 4 de la tarde cuando finalmente estaba volviendo al centro, hecho pelota. Si sólo les interesa hacer Giza es posible hacerlo en dos o tres horas. Pero el templo de Djoser en Saqqara vale la pena el desvío.

A la noche me fui a tomar un par de birras con Memo. En Egipto, pese a la Sharía, no comen vidrio y venden cerveza en algunos lugares. Lo que sí, la venden barata. Bah, la venden al mismo precio que venden un shawarma, que en realidad no es nada. Un shawarma y una cerveza valen 10 libras Egipcias. Menos de 20 pesos. Le pregunté a Memo de donde era, me dijo que de Foggia, pero como quien dice “Villa Pirulo”, teniendo que explicar con cierta resignación en qué región se ubicaba, que ciudades tenía cerca, etc…  Acá es donde años de jugar al Pc Calcio y mi conocimiento sobre clubes de fútbol salió a lucirse. “Pino Zaccheria” fueron las palabras que pronuncié que inmediatamente cambiaron su expresión. La cancha del Foggia fue la contraseña para que Memo saliese de su centralidad impermeable y exhibiera un costado mucho más pasional, sorprendido por la referencia y encantado por saber que en otro continente alguien recordaba a aquel equipo que hoy milita en la tercera división tana. Charlamos un rato del Foggia que en los 90 figuró en la Serie A, me contó algunas historias de cuando fue infiltrado a la cancha del Napoli y le dijeron cosas como "eh, que hace tano puto? te vas a ir en bolsita de acá eh", etc. Cosas de fútbol y de hinchas.  

Memo también me comentó que iba a volverse en los próximos días porque estaba cansado de Egipto. Mañana tenía su última tarea fotográfica en Ardelewa (hoy Mohandessin), cerca de Giza, en un lugar donde básicamente la Villa 1-11-14 era un resort de lujo en comparación. También me puso un poco al tanto de la realidad política Egipcia. Él decía que Morsi, el único presidente no militar y democrático  de la historia de Egipto estaba en cana muriéndose como un perro y como Mubarak pasaba sus días en una celda VIP. En los próximos días tenían que proclamarse los candidatos a las elecciones, y todo daba a entender que iba a ser una lista única encabezada por El-Sisi, el mismo general que depuso a Morsi en Julio de 2013 (Morsi asumió en Junio de 2012). El chiste es así: son los partidarios quienes salen a la calle pidiendo por el candidato y este es quien dice “yo no quería, pero si ustedes lo piden, yo me debo a mi público...”

El post quedó largo. Tan largo que voy a hacer otro para contarles lo que me faltó: les debo (e imagino que será el último sobre el Cairo)  el raconto de La Ciudad de los Muertos, La Ciudadela de Saladino y sus addons (?), El Cairo Copto, y un par de comentarios sobre el Parque Al-Azhar y el bazar de Khan el Khalili.


Las fotos, como siempre: 

lunes, 14 de diciembre de 2015

La París de África, parte I

Meses después de aquel último post, pensé que también era justo contar la historia que vino después, y antes también. En este orden anacrónico, destacaremos los sucesos entre el 25 y el 28 de Marzo del 2014, justo después de mi aventura China.


 Pájaro, pájaro, ojo gigante, pirámide, pájaro, ojo gigante, pez muerto, cabeza de gato, cabeza de gato, hombre haciendo así... postales del Museo Egipcio.

En esta cosa extraña que supone el concepto de desplazarse entre meridianos, salí a las 2 am de Beijing y volé durante 6 horas para llegar a Doha a las 5:50 am. Por un lado sabía que no me quedaba mucho tiempo de viaje antes de volver a Buenos Aires, y a juzgar por las horas que había tenido de escala en el Cairo, pensé que no la iba a pasar del todo bien en la convulsionada capital Egipcia, en contraposición a la suprema amabilidad china. Pasaron las tres horas de escala en el megaaeropuerto de Doha, cargué el celular un rato y del avión lleno de Beijing me subí a uno semidesierto que iba hacia el Cairo. Creo que no había más de quince pasajeros en total. 13 varones y dos turistas rusas, que no se privaban de ningún lujo en el avión: champán a las 7 am, vino blanco, uso y abuso del free shop de la aerolínea. Carteras y ropa de primerísima marca y un estado de exaltación aparente, mientras yo creo que no llegaba a los mil pesos en el total de mis prendas ¿qué carajo hacían en este vuelo? ¿Qué hacen yendo de clase turista jetsetizada a un país al borde de una guerra civil, donde además la burka es lo único que te separa de un maltrato o acoso en la vía pública? (Si bien no lo vi con mis propios ojos, son conocidos los relatos de lo que ocurre con las mujeres sin compañía en países donde se aplica la ley de la Sharia).

En fin, 12 del mediodía, se ven las pirámides y el desierto al llegar al aeropuerto. Y cuando las turistas rusas bajan del avión, no me olvido más de la expresión boquiabierta de los controladores aéreos y sus balizas. Creo que hasta que las muchachas se fueron de la escena ellos no pudieron cerrar la mandíbula en esa mixtura de estupefacción, asombro, incredulidad y pajerismo.

20 dólares la visa de entrada (hay una casa de cambio antes de migraciones) y el acoso y la desesperación por decenas de transportistas que precisan hacer unos mangos y llevarte a algún lado cuando pisas la sala de arribos. Previendo esto, yo había arreglado un transfer con el hostel esta vez. No me sentí capaz de arriesgarme a llegar al centro de una en una ciudad como esta, que no conocía a priori, y además por lo que había averiguado no sobraban opciones para ello tampoco. Así que nada, 80 libras egipcias (10 dólares aprox.) y tenía un traslado directo al hostel, en lugar a arriesgarme a que me cobren el doble o el triple. Igual, lo de las 80 libras siempre es relativo. En Egipto la noción de propina se conoce como  Baksheesh y consiste en justamente, dar un adicional a quien provee el servicio. Se usa bastante este premio al servicio dado con "lo que te haga feliz", monetariamente hablando. Si estás hablando con un egipcio y este saca a relucir el asunto de la felicidad, probablemente esté pidiéndote unas libras. También un movimiento de mano derecha en alusión al dinero puede indicar esto.
Por su parte, las rusas consiguieron un taxista para llevarlas al centro, por su parte. Como no salieron en las noticias voy a asumir que no les paso nada (?).

Mi chofer , por otro lado, no aparecía. Se hacía tarde y me estaba empezando a impacientar. Cada dos por tres aparecían otros conductores para llevarme y yo me negaba. Finalmente apareció el chofer, un pelado angloparlante con el cuerpo de un Marine y anteojos de sol a lo Morpheus y a disfrutar el comienzo de la primavera en el Cairo con 30 grados y pantalones largos (porque si bien no está estrictamente prohibido el usar shorts en un país islámico, sí está muy mal visto y no da ofender a los señores  musulmanes). Salimos del aeropuerto, pasamos por Nasr City, Heliópolis y finalmente llegamos a Midan Tahrir, el centro cairota, no sin antes vivir uno de los famosos embotellamientos de tránsito propios de la ciudad que serían moneda corriente durante mi estadía. En fin, me despido de Matrix y llego a un edificio bastante viejo, en pésimo estado y subo por el ascensor hasta el tercer piso.

Al parecer en los primeros dos pisos hay oficinas o negocios, pero tampoco se ven muy favorecidos por el estado del inmueble. El ascensor no tiene puerta, y el piso del mismo es simplemente una pieza de madera grande adherida a las poleas. Porque esto es África, diría Shakira. El hostel, sin embargo, distaba bastante del aspecto calamitoso del edificio (y de la ciudad en general, que bien podría valerse de varias manos de pintura): sencillo, acogedor, agradable, y sobre todo, barato: 35 libras egipcias la noche (o sea, 5 dólares).

En la recepción estaba Ahmed, estudiante de trabajo social que se ganaba la vida en el hostel, junto con Eslam, que en este momento no estaba. Ahmed tenía la típica cara de árabe con nariz grande, tez trigueña, barba incipiente y rulos cortos. Un pibe muy simpático. En el hostel había algunos huéspedes, pero dos llamaron mi atención: un viejo americano que bien podría haber sido Willie Nelson, y un italiano, Doménico, alias Memo. El primero parecía simplemente con ganas de vagar por el mundo: había venido desde Lusaka, luego pasó por Kinshasa y su próximo destino aún no estaba decidido, aunque parecía ser Estambul. Su despreocupación Lebowskiana daba a entender que estaba bastante curtido en esto de viajar a todos lados. Memo, por su parte, se ganaba la vida sacando fotos. Estaba hace unos tres meses como corresponsal y no veía la hora de irse a la mierda.

El Cairo es una ciudad abrumadora al principio. Todos te miran, todos tratan de venderte algo, todos te chamuyan para llevarte hacia su negocio. Es una ciudad de gente muy carismática y muy seductora para los negocios. Así que salvo que estén seguros de querer comprar algo, estense atentos y con el instinto abierto.  La ciudad te hace acordar mucho a Buenos Aires -después de todo es la París de África- aunque como bien mencioné antes, su estado edilicio general no es el mejor: edificios viejos que necesitan pintura, muchos cerrados y en estado de abandono, una ciudad de 17 millones de personas donde los policías de tránsito hacen las veces de semáforos (sí, no anda ni un sólo semáforo allá) y en el cual la plaza principal de la ciudad, Plaza Tahrir, da justo en frente a un edificio rosado, uno de los más conocidos de la ciudad. Pero no se trata de la Casa Rosada, sino del famoso Museo Egipcio. Sin embargo, a priori, no da la impresión de tratarse de un museo: su acceso se encuentra absolutamente colapsado de gendarmes, carros anti disturbios, alambres de púas, y hasta algún que otro camión de artillería (!) custodian la entrada al museo. La entrada al museo cuesta 75 libras egipcias (o EP) pero casi como todo en El Cairo, viene con trampa: la sala de las momias cuesta un adicional de 100 EP más (recuerden, proporción de 1 US$ - 7 EP).

El museo está bárbaro, pero sospecho que sería aún más espectacular si los británicos no se hubiesen llevado algunas piezas clave al British Museum donde las exponen. Sin embargo, está lleno de sarcófagos, objetos, papiros, monedas y artefactos, además de la historia de los faraones y demás. De hecho, el museo Egipcio es el lugar donde hay más antiguedades faraónicas del mundo.  La joya es la máscara de Tutankamón y te lo hacen saber: siempre hay dos personas vigilando para que no le puedas sacar una foto a la pieza (igual metimos una de queruza acá, aunque no es ideal https://www.flickr.com/gp/alosconfinesdelmundo/gQr4Hx).  Idéntico tratamiento se aplica a la sala de momias, donde ves en que estado se conservan los cuerpos tres siglos después (si se van a ir de este mundo, momifiquense chicos, es la posta). También hay que señalar que en el 2011 en una incursión se robaron varias piezas, pero que luego fueron encontradas (no todas), e hicieron una exhibición especial donde se muestran precisamente las piezas robadas.

El museo también estaba lleno de chicos de una escuela de arte, que habían ido al museo a hacer dibujos. Así que había carpetas y hojas canson por doquier. Los chicos se dieron cuenta que no era de allá, así que también me charlaron un rato, bastante copados la verdad. Creo que deben ser las únicas personas que conocí que no querían venderme nada en aquella ciudad. Con dos horas te alcanza para recorrer el museo, tres es ideal por las dudas y con noventa minutos es estar jugado, pero se puede hacer.

Todo lo que quieren las wachas
           

Después, fui a comer algo así que me pedí un sandwich. Me atendió una chica que tenía los famosos "ojos de medio oriente", mitad verdes, mitad violetas. Nunca había visto unos así antes, tal como le pasó a Shakira (?) . No me pude contener y tuve que sacarle una foto con carpa. Por suerte no se dio cuenta, porque ahí si le sacas una foto a alguien que no quiere, sobre todo a una mujer, se pudre. Yo me enteré de esto después.

Para ir cerrando el día, me di una vuelta para conocer un poco más el centro de la ciudad, y hacia el norte, tenés el río más famoso del mundo: el Nilo, que separa la ciudad en dos, pero en este caso, Midan Tahrir y la isla de Gizera, donde está Zamalek (un barrio de clase media alta-alta). En esta última se encuentran la Torre del Cairo (lastimosamente estaba cerrada así que no pude ver una panorámica desde la isla), la Ópera, el estadio del Al Ahly (nota mental: soy un forro, me encanta coleccionar camisetas de fútbol, voy a Egipto y no me compro una?), y los pocos edificios modernos por la zona urbana de la ciudad. Aclaración obligatoria: Gizera no es Giza, donde están las pirámides.

El Nilo puede ser cruzado a pie por uno de los dos puentes, llamados 6 de Octubre y 15 de Mayo. En El Cairo muchas cosas están llamadas en función a fechas, por lo que percibí: calles, monumentos y demás. Más que en otras ciudades (incluso más que en Buenos Aires). Si querés podés subirte a una feluca y pagar para recorrer en bote el río, pero eso es una actividad más para la noche y que idealmente querés hacer acompañado, salvo que te gusten los paseos en bote de a uno.

El Nilo dividiendo el Cairo Central de Gizera
Y hablando de noche, a dormir temprano que mañana a las 7 tenía que arrancar para ir a las Pirámides de Giza.  Así que me pedí un plato de Kushary, el plato nacional de Egipto (arroz, macarrones, lentejas, garbanzos, cebolla, salsa de tomate, ajo, vinagre y un poco de especias, todo en un mismo plato) y a la cama.

Las fotos, como siempre, acá:


https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo/albums  (también están las de la segunda parte de este relato Cairota. Saben lo complicado que es subir 200 fotos de un saque a Flickr y ordenarlas cronológicamente por suceso? Ni loco)

Pero en resumen, van a ver:

-Las pirámides y sus alrededores
-El museo Egipcio
-Algunas postales y sueltas del Centro
-La Ciudadela de Saladino y el mirador de la ciudad
-La mezquita de Mohammed Alí Pasha (que está dentro de la Ciudadela)
-Un par sueltas de la iglesia Copta, en la ciudad vieja
-Zamalek
-La Ciudad de los Muertos.





viernes, 21 de agosto de 2015

Escorpiones fritos

Último día. Llego a las 8 de la mañana a la estación de Beijing tras dormir como un tronco en la litera (hard sleeper) las 12 horas de viaje. Leí un poco, pero esta vez dormí temprano y me levanté igual de temprano. El tren fue infinitamente más moderno pero el viaje fue más aburrido y con menos eventos que cuando fui desde Chengdu. Por cada compartimiento hay solamente espacio para tres literas, entonces ya de por sí las limitaciones espaciales eran más evidentes a la hora de las interacciones.
Llegué a Beijing con la determinación de visitar los lugares a los cuales no había podido ir en mi primer paso por la ciudad: puntualmente el Templo Lama y el mercado nocturno de Donghuamen.  Entonces, subte, un par de combinaciones y llegamos a la estación de la línea 5 (o era la línea 2?) del Templo Lama.

El Templo de Yonghe (como también es conocido) se caracteriza por ser el mayor exponente de la lamasería China afuera del Tibet.  La misma arquitectura del templo delata que se trata de una mezcla entre las arquitecturas china (han) y tibetana. Ya al entrar, junto a la entrada te regalaban un mini cd con algunos mantras para meditar, lo cual me pareció un lindo gesto. Me gusta cuando te compensan materialmente el costo de la entrada (el mapa del templo del cielo y el mini cd son mis "souvenirs" favoritos en este sentido).

El templo en si está adornado con los típicos nombres espirituales chinos, del tipo "la sala de la protección eterna", "la sala de la rueda de la vida" o "el pabellón de las diez mil felicidades" entre otras. En una de las salas hay una estatua de 26 metros de madera blanca de un Buda maitreya. Lo más destacable es que supuestamente está hecha de una sola pieza de material. También se ven a los peregrinos que queman incienso en los patios. El templo es un lindo lugar para pasar una hora, pero no mucho más.

A pocos metros, sin embargo, me iba a llevar una sorpresa. Teniendo tiempo libre para quemar, resulta que me había topado con el templo de Confucio. Si bien el templo y el mausoleo de Confucio están en la ciudad de Qufu, Beijing también honra al sabio con una estructura. Después de mucho dudar, decidí entrar. Y fue una de las sorpresas más agradables de mi viaje. Las estelas de piedra con las enseñanzas de Confucio, su historia, su vida, es un espacio de aprendizaje super interesante acerca de la historia, la geografía y la filosofía de China. A quienes nos gustan las ciencias sociales y las humanísticas, el templo-museo es un lugar maravilloso.  También vi que había gente usando barbijos, extranjeros y nativos por igual. Eso significa que se trataba de un día con alerta de polución. Me habían avisado antes de ir a China que la polución era un problema serio y a veces se tomaban medidas que nos parecían ridículas, como poner carteles que muestran un día soleado para darle la ilusión a las personas que el cielo puede ser agradable. Lo cierto es que no vi de esos carteles, pero sí puedo decir que los barbijos me parecieron algo exagerados (dale man, sos turista, bancate un poquito de smog en los pulmones, viví la experiencia China (?)). Sin embargo, viendo el efecto que el smog dejó sobre el sol, me convencí que el apocalipsis podía estar justificado: el sol estaba teñido de un rojo intenso, uno que nunca había visto antes a media mañana. Ni a media tarde, ni a media nunca.


                                                           Templo Lama, Beijing

Después del templo y de recorrer unos hutongs (callejones) , fui al Mercado de la Seda, pero con la intención de no comprar nada porque no había efectivo. Vendría a ser como una salada de Beijing. Pero lo cierto es que si no tenés ganas de ir a comprar no tiene sentido que vayas. De ahí caía la tarde y ya se encendían las luces del mercado nocturno de Donghuamen. A diferencia de Taiwán, Hong Kong, Bangkok o Singapur, China no se destaca por sus ferias nocturnas. Donghuamen es la excepción: puestos de comida exóticos, gente cantando en la calle y cosas que nunca había visto antes en una brochette o un plato: orugas, ciempiés, estrellas de mar, entre otras.... como las Azúcar Moreno dijeron hace tiempo ya, sólo se vive una vez (hoy norteamericanizado en el acrónimo YOLO). Así fue como me terminé pidiendo una brochette de escorpión, al mejor estilo Marley. Lo que sigue puede resultar fuerte para algunos, así que están advertidos.

Los escorpiones están insertos en un palo, pero están vivos: ves como mueven la cola de un lado para el otro. Me di cuenta de esto después de pedirlos.  El Probablemente no hubiese pedido los escorpiones de haberme avivado antes. La cocina China es particularmente cruel, y este era un ejemplo más de ello.  Ser vegetariano debe ser difícil acá. Es un poco irónico, porque pese a que la carne no es buena, la gastronomía China en vivo y en directo suele mostrar como se preparan los platos, con los ingredientes frescos. 
El cocinero, entonces, agarró los escorpiones, los puso así como estaban y los frió. Definitivamente me sacó las ganas de comerlos, pero en honor a la verdad, no sabían mal. Sabían a frito y punto. No eran ni particularmente agradables ni desagradables porque casi no había gusto carne. Algunos dicen que tiene gusto parecido al del pollo, pero lo cierto es que la fritanga tapa todo. Además de los puestos de comida, también hay personas cantando y haciendo performance en la calle, con micrófonos, escenarios y todo.

Se estaban haciendo las nueve de la noche y yo tenía que empezar a ir pensando en como llegar al aeropuerto. Así que decidí irme como vine. De Donghuamen a Dongzhimen (a todo esto, como no paré en ningún lado llevé todo el equipaje conmigo durante todo el día), pero antes de irme...pasé por un minimercado, el cual había visitado en mi primer día en Beijing, en medio del estupor de no saber que hacer al llegar y donde no tuve un intercambio comunicativo provechoso o funcional siquiera, particularmente por mi desconocimiento del idioma y de la ubicación. En mi último día, me pareció bien gastar unos últimos yuanes en unas empanadas (porque todo bien con los escorpiones, pero no son algo que te llene exactamente) y algo para tomar. La diferencia, no sólo de vocabulario adquirido sino también de confianza a la hora de manejarme, era abismal. Definitivamente había aprendido muchas cosas durante este tiempo en China, pero más allá del idioma, sino respecto a mi como viajero y como persona.

                                                                       It´s feedin´time.

Llego a las 11 vía airport express desde Dongzhimen al aeropuerto de Jichang. El vuelo a El Cairo sale a las 01:45, con escala en Doha a las 5am hora local. Si me apurás, es la mejor hora para viajar, subirte un avión, un tren o lo que sea. A la noche es todo más...encantador digamos, como que tiene otra mística propia. Antes de hacer el embarque, veo la foto de un panda en un traje de astronauta. Estás solo en un aeropuerto a la 1:30 am y tu última imagen del país es un panda en un traje. Imposible olvidar un lugar así. A pesar de tu tofu fermentado y tus menúes ilegibles, ni aunque me agarre Alzheimer voy poder borrar toda esta experiencia. Ojalá pueda volver algún día, pero si no tengo esa suerte, con gusto me junto con ustedes a charlar un rato sobre China si tienen pensado ir para allá.

Ahora sí, cerca de las 2 a.m., subo al vuelo de Qatar, cinturones, formalidades y listo, nos vamos para África. En teoría iba a llegar a Al Qahirah cerca del mediodía. Cuando hice la escala ahí no me gustó mucho lo que vi. A ver si las perspectivas cambian después de haber pasado un tiempo en China.

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martes, 21 de julio de 2015

La mayonesa, el chupete y el titán

Atardecer en la muralla de Xi-an


Xi-an (中国) literalmente significa "Paz del Oeste". Fue la antigua capital China durante mucho tiempo y antes de la Dinastía Ming era conocida como Chang´an (Paz perpetua). Igual todo eso fue hace mucho ya. Cuando yo llegué a la 1 de la tarde a Xi-an después de casi no dormir y torturarme en el asiento duro del tren de Chengdu, no sabía bien que esperar.  Creo que resultó ser la ciudad que menos me gustó. Quizás era el trajín de estar viajando por tantos lugares diferentes, pero la sensación que me quedó fue que ya había visto todo eso antes de alguna u otra forma y el "wow factor" brillaba por su ausencia.

Pero ojo, que no haya sentido una conexión con la ciudad no implica que no sea muy bonita en sí misma. También puede ser que me haya fastidiado un poco el que resultase menos accesible que otras ciudades colectiverilmente hablando (y eso que después de todo hablamos de accesibilidad en viajar en bondi en China). Después de un mes calculando las paradas milimétricamente y acertando en todas, cuando me subí al 103, en un momento me perdí en la lógica de las detenciones y me pasé de parada, aún estando en una de las avenidas principales. Fue una parada nomás, pero un golpe al orgullo importante. 

Para compensar eso, el karma me mandó a un hostel donde las habitaciones seguían estando bastante baratas (40 yuanes la noche, un precio casi como el de Chengdu y bastante menor que el de Beijing o Shanghai, ni hablar de Hong Kong), donde tenía una pava eléctrica para hacerme un té si quería y durante dos de mis tres días en la ciudad, no tuve compañía alguna en el hostel (junto con el de Tunxi, este fue el único hostel donde compartí habitaciones con chinos. Sigo sospechando que debe haber algún manto de ilegalidad en esa práctica, pero todo pasa). 

Salí a comer algo porque el reloj físico y biológico me lo demandaba. Y al lado del hostel había un puesto de panchos. Al menos era algo para calmar el hambre y la verdad hacía mucho tiempo que no comía uno así que me dije ¿por qué no?:  "sí, sí, ponele mayonesa y papitas... dale, acá tenes, 5 yuanes, xiexie".

Al momento del mordisco, EL HORROR. Resulta ser que la mayonesa allá también es DULCE. MAYONESA DULCE, ENTIENDEN. MAYONESA DULCE A QUIEN SE LE OCURRE? A los chinos, obvio.  Frustrado, no pude terminar el pancho y me fui a un restaurant, donde pedí algo que pensé que era un plato de sopa de fideos. Cuando llegó el plato, no sólo tenía bastante pocos fideos, sino que estaba llena de TROCITOS DE TOFU. Sí, las mayúsculas son porque detesto el tofu y si ya venía enculado con lo de la mayonesa dulce imaginen como me puse tratando de terminar esa sopa. Mi amigo Facundo ya había ido a Xi-an y me había sugerido que pidiese un Paomo (https://en.wikipedia.org/wiki/Paomo), una sopa con trocitos de pan que es tradicional de la región. Intenté pedir un Paomo y me llenaron el plato de Tofu. Comunicacionalmente hablando, uno de mis puntos bajos del viaje. 

La ciudad de Xi-an está cubierta por unas murallas de proporciones similares. No llegan a ser simétricas, pero la parte central de la ciudad sigue fortificado por las murallas que delimitan "la ciudad antigua" del resto de la ciudad.  Lo interesante es que podes subir a las murallas, y no sólo caminar, sino también alquilar una bicicleta y recorrer todo el perímetro a pedal, mientras sacas fotos. Después del tofu y la mayonesa dulce, fue una buena forma para olvidar los dislates gastronómicos.


A la noche, caminé por las avenidas de Xi-an, donde en el corazón de la ciudad aparecen la Torre de la Campana y la Torre del Tambor, cuya iluminación por la noche...es increíble. Algunas de las mejores fotos que saqué en estos meses fueron 100% cortesía de estos dos edificios, muy similares en su iluminación pero diferentes en su complexión: mientras que la Campana es más alta y flaca, en un cuadrado casi perfecto, la torre del Tambor es ligeramente más bajita y bastante más ancha. 
La torre del Tambor da a la calle del barrio musulmán. Si, Xi-an tiene un barrio musulmán. Recordemos que se trata de la ciudad que está en el extremo oriente de la ruta de la seda, ergo, si prolongamos esa ruta, vamos a pasar por un montón de ciudades de China hacia el oeste que provienen de etnias y religiones diferentes: los Uyghur de Kashgar, los Amdo en Gansu, los Kirguistaníes, y después de eso llegamos a los Uzbecos y demás. Creo que una de las grandes cosas que me faltó hacer (y que no estaba planeado en realidad pero quiero hacer antes de morir) es recorrer la ruta de la seda hacia el oeste, pasando por las tribus, las ciudades, la arena, los camellos, el misticismo y las montañas de los "estanes" de Asia Central (Kazajistán, Kirguistán, Tajikistán, Afganistán, Uzbekistan, Turkmenistan, Pakistán). Ahí tenés tu viaje flashero. Un amigo, Santi Boscato, una vez me propuso esa idea de viaje. Si algún día se anima y lo hace, que me avise.



















Torre del Tambor (arriba) y de la Campana (abajo)


























Como quizás sepan, a los mercados árabes-musulmantes-judíos se los conoce como souq, o shuk. Entonces, podemos decir que había llegado al Souq de Xi-an. Después de haber recorrido los mercados de Israel, Estambul (y que luego tenía el Souq del Cairo por conocer a posteriori), el mercado de Xi-an resultó una experiencia llamativa. Como al parecer la ciudad estaba aferrada a destruir mi espíritu culinario, a cada paso en el barrio musulmán el olor fétido del tofu fermentado se hacía presente, pero con el agravante de que tenía un olor adicional, algo árabe, no sabría decirles bien que exactamente, pero de alguna forma lo volvía aún más torturante para mis fosas nasales. En el callejón del Souq está la gran Mezquita de Xi-an y a partir de ahí tenés puestitos que venden antiguedades y baratijas y ropa de diestra a siniestra. A la salida de los negocios están los puestos culinarios, y sí, más negocios, pero alejados del epicentro del bazar. En estos bazares está el siempre presente arte del regateo. Ya saben:

-"50", 
-"no, es muy caro, 20" 
-"¿20? te estas yendo al carajo man, 35" y así... 

Es en este punto donde me llevé quizás la mayor sorpresa de mi viaje. En primer lugar, encontré finalmente lo que había buscado por todo China en vano: una camiseta de la selección local (me encanta tener camisetas de diferentes lugares y siempre es un regalo de cumpleaños que voy a aceptar con todo el gusto del mundo, agenden). Previamente, la gran mayoría de mis transacciones requerían una calculadora para mostrarme el número que tenía que pagar. Ahora, lo que había ocurrido fue lo siguiente:

-"Nihao, duo zhao qian?"  y señalo la camiseta
- "Yi bai si shi" contesta él
-¿Yi bai si shi? bu, bu, wu shi"  replico.


Eso lo hizo enojar porque el tipo pedía 140 yuanes por la camiseta y yo le estaba ofreciendo 50.
Recuerden el proverbio, te piden el cielo, ofreceles la tierra. Pero en este caso, el enojo no le duró mucho: el tipo parecía verdaderamente impresionado por lo que estaba haciendo. Por eso me sonrío y me dijo "qi shi wu" y me añadió un pantalón de la selección, también. "Xiexie. Zaijian" No sólo había conseguido lo que buscaba, sino que además, casi sin darme cuenta, estaba regateando en Chino y creo que ahí marcó un quiebre con mi confianza en mi capacidad como viajero, sino también con la ciudad en sí, además de que WTF ESTABA REGATEANDO EN CHINO.

Sumale que a los cinco minutos se me acercan dos chicos de 10 años, y simpáticamente se me ponen a hablar en inglés porque su papá les había pedido que practiquen, y me señalan al adulto en cuestión que me sonríe con un gesto en la mano. Increíble, ¿una vez que puedo hablar en Chino y me piden que hable en Inglés? De cualquier forma, un minuto y monedas de conversación agradable, y los chicos consideraron que ya habían practicado lo suficiente, me dieron las gracias y se fueron con su padre, que también hizo lo propio y con su "xiexie". 

A la mañana siguiente me tomé un colectivo en la entrada sur de la muralla de la Ciudad para ir a los Guerreros de Terracota, quizás una de las actividades más caras de China en cuanto a precio (150 yuanes la entrada). Si bien el jardín y los alrededores son maravillosos, lo cierto es que el sitio arqueológico a mi entender dejó bastante que desear. Una perlita: a la salida del complejo, se ven fotos de personajes famosos: Fidel, Clinton, Bono, Correa, etc... ¿y representando a la Argentina adivinen quién estaba? Sí, señora, sí señor, nada más ni nada menos que Fernando de la Rúa e Inés Pertiné. Estaba a 18.851 km de casa (si, lo googlee), literalmente del otro lado del mundo y vengo a toparme con una foto de Chupete y señora? Sí con el regateo me sentía impresionado de mi mismo, con esto ya me estallé en el medio del mausoleo. 

A la tarde, pasé por la pagoda del Ganso Salvaje. Hay dos, una más chiquita y modesta, ubicada en la frontera con una de las entradas de la muralla (creo que es la norte) y la grande, próxima al museo de historia provincial de Shaanxi. Hay que ir temprano porque si bien la entrada al museo es gratuita, también es limitada, creo que los primeros 3000 cupos o algo así. Ergo, luego de ver la Pagoda me volví derrotado por haber llegado tarde. Al día siguiente, sí fui al museo y me senté a leer en el parque que da a la pagoda. Estaba leyendo una saga que me había recomendado mi amigo Pablo, de Qiu Xiaolong. Se trata de un escritor disidente que hace novelas policiales, ambientadas en la China aperturista de Deng Xiaoping, luego de la muerte de Mao. El personaje, Chen Cao, es un polícia que luego de haberse graduado en Literatura Inglesa, fue enviado contra su voluntad al servicio de policía de Shanghai porque el Partido Comunista creía que una renovación de imagen era necesaria en algunos perfiles públicos. Como bien explicó Pablo, la secuencia es más o menos así

-"El partido necesita que seas Policía", 
-"Pero...¡pero yo me gradué en letras!" 
-"POLICÍA DIJE"
-"Bueno" (cara de resignación)

Sin duda, fue una de las herramientas que más me enseñó de la sociedad china a lo largo del viaje y que me hizo de intérprete con algunas vicisitudes de la idiosincracia local. 

Hablando de policías, mientras leía en el parque, se me acerca un uniformado, con ganas de curiosear sobre mi lectura y de alguna forma trato de explicarle el contenido de la misma. En tono amable, sonríe un par de veces pero sin entender nada, hasta que se acerca otro chino, joven, alto y flaco (como todos a esta altura), de mi edad aproximadamente, con anteojos "de esos que te da la obra social". El hablaba un poco más en inglés e hizo las veces de intérprete. El policía se quedó unos minutos más y se fue, pero Tian se quedó charlando conmigo. Tian significa grande, enorme (ej: Tian Shan significa gran montaña), por lo cual era lógico que su nombre en inglés fuese "Titan" y no "Tom", como venía ocurriendo en mis encuentros con chinos. Recordemos que las "traducciones al inglés" de los nombres chinos se hacen por fonética. Titan es una persona súper amable e interesante. Trabajaba como ingeniero en software, y había venido de Shenzhen a Xi-an. Se casó acá y tiene un bebé de menos de un año. Quedó en encontrarse con su familia a las 4 en el parque, pero el reloj decía que eran las 2 y que aún sobraba tiempo. El, como no tenía nada que hacer, se quedó charlando conmigo, practicando su inglés y hablando de las preocupaciones de los chinos, según su percepción: la corrupción, la inflación,  la inseguridad y de como Xi-an había crecido mucho en los últimos años pero se estaba estancando rápidamente...pese a las maravillas de las que hablaban algunos economistas liberales sobre el crecimiento continuo y sustentable de China.  

Nos quedamos charlando un poco de todo, de China, de las ciudades, de la cultura... y resultaba muy gracioso que su muletilla a raíz de porque su inglés imperfecto (pero una bendición comparado con el nivel general de angloparlantes), cada vez que entendía algo de lo que yo decía se emocionaba y decia "ainó, ainó" (I know, I know). Nos fuimos a tomar un café y el me invitó pese a mis insistencias de pagar. Lo cierto es que se hicieron las cuatro relativamente rápido. Me presentó a su familia y yo me fui porque tenía que tomarme un tren, a Beijing esta vez. Me despedí de Titan, quien me dejó su mail en un dominio bastante raro e incomprensible (porque los mails y los dominios de los chinos son extraños a nuestros ojos), y me fui a la estación de tren. Esta vez no estaba dispuesto a que el masoquismo de viaje me mandara al hard seat, sino que saqué una litera dura, o hard sleeper. Ya había hecho 700 km a Xi-an en 17 horas y ahora tocaban otros 1200 a la capital (en 12 hs de viaje, tren semirápido). Si le sumamos las 9 horas de Kangding a Chengdu, se trataba de una cantidad de tiempo bastante considerable en total para muy pocos días. Igual confieso que me encantaba esa locura extenuante, así como me encantó la locura del viaje de 32 horas desde Estambul a Beijing. 

En perspectiva, la antigua capital imperial quiso asesinar a mi estómago en repetidas ocasiones y quizás no me gustó mucho como ciudad, pero definitivamente fue un lugar especial en lo que refiere a mis experiencias como viajero y como persona. Y las torres de la campana, el tambor y la muralla de la ciudad antigua son lindas


Fotos en: https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo/sets/72157655738924880 (sí, están las de Chupete)

Igual acá les dejo una:



jueves, 16 de julio de 2015

Qi-Ba-Jiu




Cuando David me acompañó por primera vez a sacar el pasaje del tren bala de Beijing a Shanghai, el también había sacado uno para el, hacia Tianjin.  El pidió el más barato, el "hard seat", para un viaje de 20 horas. Sería nuestro famoso boleto turista en el tren a Córdoba o Tucumán. Cuando le pregunté por que no pidió un hard sleeper (o sea, una litera) el me respondió que el asiento no es ni tan duro ni tan malo.

En Hong Kong, pedí un boleto de tren de Chongqing a Chengdu, en un viaje en un tren semi bala de 2 hs, 2hs y media.  Si el lector sabe seguir estas historias, recordará que perdí el vuelo de Hong Kong-Shenzhen a Chongqing, por lo tanto también perdí el tren de Chongqing a Chengdu. Como autocastigo por esta secuencia desafortunada, decidí pedir un hard seat para ir de Chengdu a Xi-an. Además, el hard seat costaba 97 yuanes, en contraposición a una litera que rondaba los 350. Lo consideré como un impuesto al idiota que tuve que pagar. Pero a la vez me abrió una experiencia nueva de interacción con China y su gente.

Entonces, una vez que hube viajado 10 horas en micro desde Tagong a Chengdu, a las 20 hs salía de la estación del norte de dicha ciudad el tren tipo K a Xi-An. Las estaciones son inmensas, todas, y sale una cantidad de trenes por hora que a uno le asombraría. Insisto que los trenes son el orgullo de la Ingeniería China, no sólo por sus modelos, sino también por la capacidad de conexión y frecuencia que tienen. De todos modos el modelo de este viaje no era particularmente asombroso.
                                                  (Estación de trenes de Chengdu Norte)


Los trenes, según su tipo y su velocidad máxima, están codificados por una letra. El T y el K son los más lentos, el D y el G son los rápidos y creo que hay algunos intermedios. www.chinatrainguide.com tiene la posta en esto. Los asientos son soft-sleeper (sería algo así como una suite), hard-sleeper (litera dura, parecida al camarote) y hard-seat (asiento normal). Los trenes cuyo recorrido es de pocas horas (los bala) no hacen esta distinción. También podés sacar boletos de emergencia (generalmente cuando el tren esta lleno, lo que ocurre algunos días antes de partir) y viajar de pie.

Cuando subí al tren todos los asientos estaban ocupados, inlcuso el mío. Como no entendí muy bien si era la costumbre o qué, me quedé parado unos minutos cerca. Ahí pasó el guarda, me miró mi boleto y le dijo a quien estaba ocupando mi lugar que no se hiciera el vivo y se pare. Sin embargo, con mi equipaje y unas bolsas que el tenía le improvisamos un asiento para que al menos pudiera viajar sentado. Me lo agradeció.  El hard seat tiene entre dos y tres asientos por lado, enfrentados y una mesa plegable que hace las veces de apoyacabeza la mayoría del tiempo.

Como imaginarán, el vagón estaba atestado de personas y el tren se movía a un paso propio del Roca. Cada tanto pasaba el carrito con comida, vendiendo sopas y snacks. Generalmente lo que se dice es que el dispenser de agua caliente para calentar las sopas está en malas condiciones, por lo cual es una mala idea pedir una sopa en el hard seat, así que es mejor llevar un sandwich o comer algo antes de viajar. En cuanto al aspecto, tengo que decir que no difería mucho del tren que va al norte o cualquiera de nuestros servicios de larga distancia.

Salí a fumar un pucho al espacio delimitado entre el fuelle de los vagones, sala de fumadores de facto en los trenes. Cuando me vieron yendo al espacio para fumadores me bombardearon de preguntas y algunos aprovecharon la oportunidad para practicar su inglés. Mi intérprete en esta ocasión fue un fumador que estudiaba para ser un médico militar (O sea, un joven Berni). Todos los fumadores eran varones. De hecho, no recuerdo haber encontrado a una sola mujer fumadora en China. Ni una, eh. Los fumadores no salían de su asombro de encontrar a un extranjero entre los asientos duros (porque la abrumadora mayoría viaja en sleepers). Me explicaron que los "nombres en inglés" de las personas responden a una cuestión fonética. Ergo, todos los Tang o Tung se hacen llamar "Tom" y casi todos los chinos así tienen su nombre en inglés. También pregunté cual sería mi nombre en Chino, lo cual los puso en un aprieto. Después de mucho elaborar entre ellos, Bao Huangming les pareció aceptable. Vaya uno a saber por qué. Creo que Huangming debe ser dragón amarillo o algo así. También es harto probable es que me hayan puesto cualquier otro apodo ridículo sin que yo supiera responder. Derecho de piso al nuevo, supongo.

Volví a mi asiento y había tres chicas, que debían tener entre 15 y 18 años. Me preguntaron si quería jugar a las cartas y cuando dije que no sabía (o mejor dicho, "dije" que no sabía) insistieron, diciéndome ("diciéndome") que el juego era fácil así que acepté. El juego parecía llamarse Qi-Ba-Jiu (7-8-9) y esencialmente consistía en una secuencia lógica donde cuatro jugadores se turnan para poner una carta superior o inferior a la de la mesa, y su objetivo es descartarse la mano. Los 2 hacen las veces de comodín y ahí aprendí, tras unas cuantas manos de práctica, a jugar. El tipo que viajaba al lado mío se ponía loco con algunos errores que yo cometía durante el aprendizaje. Pero loco mal, parecía sufrirlo más que yo. Se agarraba la cabeza, igual lo entendía 100% porque yo también soy así cuando veo a alguien jugando y haciéndolo mal. Sí, de los peores, ya lo sé. También vi que al As allá lo llaman Mao. Coincidencia? No lo creo (?).

Otro juego que vi en el tren, tanto más espectacular por el color y la forma de sus cartas y por su Chinosidad intrínseca, es este: https://en.wikipedia.org/wiki/Four_Color_Cards. Los colores y como usan las cartas y figuras son muy llamativos al ojo neutral. Hasta placenteros me animo a decir.

Los hard seats son tres asientos enfrentados a otros tres (o dos, según el caso). Hay una mesa plegable que hace las veces de apoyacabezas, entonces a la noche ves a todos durmiendo,: ya sea apoyando sus cabezas sobre la mesa plegable compartida, en el piso, en el baño, donde sea. Es duro viajar en esos trenes sin un asiento, pero también la experiencia te cachetea un poco y ves la realidad de muchas personas, sobre todo en un país de 1350 millones de habitantes. También es impresionante la cantidad de paradas que hay y la gente que se baja. Acá quizás no pensás tanto en las estaciones intermedias entre el tren de Tucumán a Buenos Aires, pero allá como todos los pueblos tienen medio millón de habitantes, resulta difícil no hacerlo.

Maldormido, cansado y casi 18 horas después llegué a Xi-an, la anteúltima parada en China.


Las fotos? Esta vez las van a tener que imaginar. No me pareció un buen contexto para relucir la cámara.

Pero puedo decir que era una versión más lúgubre y sucia que este:



sábado, 18 de abril de 2015

La última frontera.

Cuando pensé en China, lo hice pensando en conocer la Muralla. Mientras fui planeando el viaje y descubriendo un poco más sobre el país en base a lectura, me topé con Tagong. Casi no había información sobre el lugar. Sólo unos párrafos y una foto que me daba a entender que estaba en un sitio único. Pensé que ir a China y no hacer el esfuerzo para acercarme ahí hubiese sido un desperdicio. Entonces planifiqué mi viaje tratando de encontrar la forma de llegar al oeste de Sichuan, en la frontera con el Himalaya, en el invierno de oriente.

A las seis de la mañana estabamos listos con Jackie y Liam, viendo en que minivan viajabamos hacia Tagong. Tuvimos que esperar a que se llene, con un monje, y dos personas más que iban a lugares igual de despoblados y remotos que nuestro destino. La ruta, siempre en subida, nos paseó una y otra vez por Minya Konka, una de las 5 montañas más altas del mundo, y otras fracciones nevadas de la cadena del Himalaya. El camino, entre la subida y la estrechez de la ruta, se hace a una velocidad limitada, por precaución. Tras mil giros de montaña, comienzan a verse los primeros asentamientos de arquitectura 100% khampa al costado de la ruta. Casi que se camuflan con el paisaje, porque las casas usan el mismo color que la tierra. Tres horas y un par de paradas para bajar y recoger otros pasajeros en medio de la ruta, vimos una inscripción de miles de banderas tibetanas incrustadas en una montaña. Era la señal que habíamos llegado a Tagong

Tagong se describe sola. No más de 30 casas puestas una enfrente de la otra, en una calle de tierra. La plaza central tiene forma redonda, y alrededor de ella están el Templo, a un costado la posada, y a otro costado unas stupas junto a las ruedas de oración. Atrás del templo está la mencionada inscripción sobre la montaña. A diferencia de Kangding, acá sí son casi todos Khampa, no hay tantos chinos Han como en la capital de Garzé. En la posada aguarda el único contacto con el mundo occidental: Angela, una estadounidense casada con un khampa es quien se hace cargo del hotel, junto a su asistente, una estudiante de linguistica de la Universidad de Texas que tuvo la idea de especializarse en el tibetano, una lengua de la cual se sabe muy pero muy poco y casi no existen reglas escritas más allá de algun libro de frases. Un proyecto ambicioso, pero que el que quiere celeste...

Los tibetanos no comen animales, salvo que estos hayan muerto naturalmente. Por eso es habitual ver que en el pueblo carneen en plena calle a los yaks fallecidos, porque Tagong no conoce el concepto de heladera (más allá del clima del lugar). La dieta tibetana es principalmente vegetariana, pero el yak en este caso es su "monocultivo animal", porque junto al caballo tibetano (un pony más peludo) es el único animal capaz de sobrevivir en esas condiciones climáticas tan adversas.
La carne, entonces, o se come fresca (al día o al día siguiente) o se desperdicia.  Sin embargo, quienes hacen este trabajo no son los khampa varones (los cuales religiosamente usan su campera de cowboy, su sombrero de cuero y el pelo largo y lacio), sino las mujeres. Debo decir que la carne de yak es de la mejor que comí en China, pero principalmente por el hecho de poder saber que estaba comiendo carne de yak y no de un animal desconocido.

A la derecha de las stupas encontré el monasterio que aparecía en la foto que había visto. Sin embargo, recorriendo , mirando de un lugar para otro, no había encontrado el ángulo correcto, lo cual me hacía pensar que quizás ese no era el monasterio, sino otro.

Recorriendo con Liam y Jackie las colinas, realmente sentís que estas en un lugar que no tiene comparación. Una mezcla de Asia Central, con el Tibet, con China, donde realmente uno siente que las nubes están más cerca. Y el dolor de cabeza también. Obviamente, a 4000 metros de altura es casi imposible no apunarse (o atibetarse, en este caso). La gran mayoria del camino a Tagong se hace a alturas que promedian entre 4000 y 4750 metros.

Las colinas de Tagong son una de las joyas ocultas de China. Entre las montañas nevadas, las sinuosidades y las formas del terreno, el cielo y los cientos de yaks que pastaban daba todos los condimentos de un lugar mágico. Después de miles de kilómetros, finalmente estaba ahí. A lo lejos, a una distancia que parecía ser de unos 5 kilómetros, parecía haber un edificio. Determinado, y pensando que quizás ahí sí estaba mi monasterio, me dirigí sin pensarlo mucho, mientras Liam y Jackie habían vuelto a la posada de Angela. Los cinco kilómetros se hicieron más, sobre todo por la falta de un camino recto. La única orientación era la visual al supuesto monasterio, pero las subidas y bajadas, los yaks salvajes que aparecian en el camino, y las caídas hacían que caminar fuese muy dificil. Después de Huangshan, sin embargo, estaba curado de espanto de caminar en condiciones adversas. Sin embargo, tras mucha caminata, desvío y sudor llegué a destino.

El monasterio claramente no era el lugar que estaba buscando, arquitectónicamente me resultaba evidente. Pero en la puerta, asombrados ante mi llegada, había cuatro chiquitines aprendices. Todos en ojotas y tapados, y uno incluso estaba comiendo un palito helado de agua. Yo estaba con mi campera más abrigada, y estaba muriendome de frío y calor al mismo tiempo, y estos pibes comiendo un palito en el invierno del Himalaya!. Me quedé un rato con ellos y un monje mayor que los acompañaba. Pero tenía que volver, no fuese cosa que me oscureciera y tuviese que improvisar a la intemperie OTRA VEZ.

La vuelta fue ligeramente menos ardua que la ida, pero el total de caminata hizo que la experiencia fuese desgastante. Estaba cayendo el sol y las habitaciones esperaban. Tal como en Kangding, no existía ni el inodoro ni la calefacción. Fue la noche más fría que pasé (después de la de Huangshan a la intemperie, claro está).  A la mañana siguiente, tenía que volver para Chengdu, así que a primerisima hora conseguí una minivan a Kangding y de ahí en micro a la tierra de los Pandas, porque a última hora me esperaba un tren hacia Xi-an. Liam y Jackie no tenían apuro con el tiempo, entonces su plan era seguir al sur, a Litang, y de ahí entrar "por la puerta de atrás" a Shangri-la, en la pintoresca provincia China de Yunnan. Me hubiese encantado hacer esa ruta, pero uno hace lo que puede en el tiempo que tiene. Como premio consuelo, un poco de orgullo o de ego me despierta el saber que quizás sea, no se si el primer argentino en pisar Tagong, pero seguro el primer florestano.

Y sí, cuando estaba casi a punto de irme, finalmente encontré la foto que tanto había ido a buscar. Solo pude tomar dos fotos antes que muriese la batería, pero me mostré conforme con el resultado. Era el primer monasterio, pero por las sinuosidades de la montaña, solamente recién cuando volvía encontré el ángulo que estaba en la foto que había visto.



PD: En la parada en Kangding, me paró un monje khampa y me pidió una foto con el. Decí que tardé en entender que es lo que quería hacer conmigo, sino yo también le hubiese pedido una foto a el, pero no me avivé. Porque el tipo me mostró como quedó la foto que sacamos con su cámara y si yo tuviera una así con el CLARAMENTE sería hoy mi foto de perfil en todas las redes sociales. 

Las fotos están acá y son un montón. Espero haberle hecho justicia al lugar con mi cámara.

https://www.flickr.com/photos/alosconfinesdelmundo/sets/72157651972722406/