Ves a la gente escribir en libros, tumblrs, blogs, libros, cuadernos, diarios, donde sea. Siempre hay mucho para decir. Y muchos dicen cosas lindas. A veces dicen cosas parecidas, pero nunca iguales. Es como si tuvieramos un molde maestro que nos disemina ciertas características y ciertos perfiles homogámicos pero nuestra individualidad nos da el estiletazo que nos define. Se parecen, pero no hablan igual, no escriben igual, no se equivocan igual y no entienden igual. Por eso es que escribo. Porque nadie va a escribir por mí. O porque soy muy bocón y me incomoda quedarme callado.
Aunque todavía soy muy miedoso a la hora de escribir. Por eso escribo pensando en lugares a los que nunca fui. Por eso me la paso atajándome con abstracciones, como si fuese un tipo sumamente reflexivo y obsesionado con lo extramundano (igual lo estoy). Mi lado más visceral, más sanguíneo me divierte mucho más. El que compite y quiere ganar, el que huele la sangre en el agua y se entustiasma. Ultimamente estoy escribiendo mucho sobre el agua y sus formas. Por qué? No tengo ninguna ligazón con las playas, los ríos, los lagos, apenas soy un nadador competente y muy torpe. Me acuerdo una vez que había ido a la casa del tío de una ex novia mía, que tenía pileta. En un momento nos pusimos a jugar algo así como waterpolo. Siendo yo un pésimo nadador, la verguenza no tardó en personificarse en un chico de tez pálida y ciento setenta y sietecentímetros.
Soy de los que se esfuerzan, y se nota que se esfuerzan. Por eso después quise demostrar hombría cuando nos tocó jugar al truco, usando el lunfardo. Fue gracioso, pero también fui serio. Fue medio goma porque se notaba que quería borrar el codo lo que escribía con la mano, pero a su vez mi actuación era coherente con mi comportamiento. Y las cartas me ayudaban para agrandarme. La situación y yo eramos todo ese conglomerado de adjetivos en menos de un lapso de tres horas. Ese fue uno de esos momentos donde comprendí que la diversión empieza cuando empezamos a dominar la individualidad.
Y me la paso escribiendo sobre lugares a los que nunca fui, a ustedes les parece?
Mostrando entradas con la etiqueta misceláneo.. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 22 de enero de 2014
jueves, 9 de enero de 2014
Canis Dementis
Esto lo leí en una página de básquet acerca de los colapsos de los Minnesota Timberwolves en el último minuto. Cuando el partido se decidió por menos de 4 puntos, en lo que va de la temporada perdieron 10 y no ganaron ninguno. Es como si se asustaran, o no supieran que hacer. Nadie le puede encontrar una respuesta. Es una tristeza
Un comentarista puso:
"The whole team is mental
Their fans are mental, the entire country is mental.
Being mental is not an excuse. At some point you have to ditch your meds and take control of yourself."
Un comentarista puso:
"The whole team is mental
Their fans are mental, the entire country is mental.
Being mental is not an excuse. At some point you have to ditch your meds and take control of yourself."
jueves, 26 de diciembre de 2013
El tiempo de Planck
Cuando era chico estaba seguro que iba a ser físico. Había leído nombres como Boltzmann, Planck, Avogadro, cosas que ocurren en el vacío, etc. A los 14 años tuve mi primer año de física y me desencanté visceral y definitivamente con la idea. Que fue lo que pasó? Que me había enamorado de la historia de la física, no de la ciencia, no de su arte. Creo que con las personas nos pasa algo parecido, pero no escribo para hablar sobre eso (todavía).
Creo que tengo una obsesión con el tiempo. No, no miro el reloj cada cinco minutos, si bien reconozco que lo hago cuando llego con lo justo a trabajar (o sea, siempre). Pero me asusta la idea de que el tiempo no sea un bien infinito. No hay nada más impreciso que consumo del tiempo que uno va a tener en una vida. Sólo tenemos unidades estandarizadas que proyectan el promedio de cuantos años uno puede vivir en virtud de su nacionalidad o permanencia en determinado territorio. Pero la esperanza de vida no es el tiempo. Y a veces como que tengo una visión muy líneal de las cosas en que hay ciertos rubicones que deben ser atravesados en determinados momentos. De más está decir que el cuestionarme si los cruzo o no a tiempo me pone en un estado de preocupación constante.
El tiempo de Planck es el intervalo de tiempo más pequeño que puede ser medido.
Hay más unidades de Planck en un segundo que segundos desde el big bang. Imaginense algo elevado a la 44. Ahora imaginen un 5,32 por -diez elevado a la menos 44 (todo esto junto)-. Esa es la unidad aproximada (porque no se puede determinar con exactitud) de un tiempo de Planck.
En 40 días voy a hacer el viaje más largo y espectacular de mi vida. Un amigo me dijo que yo iba a vivir muchas cosas en poco tiempo. Pero con tantas unidades de Planck ...cómo va a ser poco tiempo? Lo cual irónicamente, creo que también me asusta. Tantos tiempos de Planck juegan con mi percepción y me hacen creer que no voy a volver nunca más. Soy un ridículo. Pero estoy seguro que un 5,32 por 10^-44 cambia la percepción de cualquiera.
Creo que tengo una obsesión con el tiempo. No, no miro el reloj cada cinco minutos, si bien reconozco que lo hago cuando llego con lo justo a trabajar (o sea, siempre). Pero me asusta la idea de que el tiempo no sea un bien infinito. No hay nada más impreciso que consumo del tiempo que uno va a tener en una vida. Sólo tenemos unidades estandarizadas que proyectan el promedio de cuantos años uno puede vivir en virtud de su nacionalidad o permanencia en determinado territorio. Pero la esperanza de vida no es el tiempo. Y a veces como que tengo una visión muy líneal de las cosas en que hay ciertos rubicones que deben ser atravesados en determinados momentos. De más está decir que el cuestionarme si los cruzo o no a tiempo me pone en un estado de preocupación constante.
El tiempo de Planck es el intervalo de tiempo más pequeño que puede ser medido.
Hay más unidades de Planck en un segundo que segundos desde el big bang. Imaginense algo elevado a la 44. Ahora imaginen un 5,32 por -diez elevado a la menos 44 (todo esto junto)-. Esa es la unidad aproximada (porque no se puede determinar con exactitud) de un tiempo de Planck.
En 40 días voy a hacer el viaje más largo y espectacular de mi vida. Un amigo me dijo que yo iba a vivir muchas cosas en poco tiempo. Pero con tantas unidades de Planck ...cómo va a ser poco tiempo? Lo cual irónicamente, creo que también me asusta. Tantos tiempos de Planck juegan con mi percepción y me hacen creer que no voy a volver nunca más. Soy un ridículo. Pero estoy seguro que un 5,32 por 10^-44 cambia la percepción de cualquiera.
jueves, 19 de diciembre de 2013
Otra perspectiva de la luz.
17 de diciembre de 2013. 22 horas y monedas.
Se cortó la luz por segunda vez en el día. Pero esta vez era serio, se trataba de un corte general. Intento dormir
una siesta pero los vecinos están puteándose entre ellos, de edificio a
edificio, como una especie de reunión de consorcio a cielo abierto.
Los insultos siempre contenían la palabra “Cristina” en las oraciones. Ejemplos: “Gracias a ustedes que votaron a Cristina estoy sin luz, hijos de puta” o “Cristina te va a traer la luz, ignorante” y así.
Después de abortados mis planes de dormir, a eso de las once de la noche, se empiezan a escuchar cacerolas, y movimientos en la calle. Mi hermano Lucas me dice para salir de su aburrimiento “Che, Scioli, vamos a andar en bici un rato por el barrio a romper las pelotas, o al menos a ver qué onda? . Desde que me quebré un par de dedos de mi mano izquierda, la útil, mi hermano decidió apodarme así. Lo que sí creo que no entendió que no iba a poder andar en bici junto a el.
Me calcé mi camiseta del Sao Caetano, la arremangué y salimos a patear. Fuimos a comprar unas birras. El almacén de la vuelta de casa estaba cerrado, así que fuimos a otro que quedaba a cuatro cuadras. En el trayecto por Yerbal, paralela a las vías, pasamos por el único edificio que tenía las luces prendidas en cuadras a la redonda: el telo de la esquina de casa. Tenía las luces prendidas merced a un grupo electrógeno, que estaba funcionando a más no poder. Salía humo que llegaba hasta mitad de cuadra más o menos. Paréntesis: en google maps figura el telo del barrio y no la estación de tren de Floresta que está a dos cuadras. Supongo que el albergue tenía que mantener su reputación, por eso seguía funcionando pese a los imponderables de Edesur. De más está decir que el trayecto por las vías a oscuras era una experiencia encantadora. Floresta luz de luna.
Hablando de Edesur, al llegar a Carrasco y Rivadavia, vemos a un helicóptero suspendido en el aire en el mismo punto, señalando con sus reflectores la central de Edesur de Lacarra y Alberdi. Horas después nos enteraríamos que los vecinos prenderían fuego dicho edificio. Pero no fuimos hacía ahí. El kiosko del paraguayo quedaba para otro lado. Con su cara de pocos amigos de siempre, nos dio dos Quilmes y nos fuimos por donde vinimos. Al volver a pasar por el telo seguimos escuchando el motor funcionando, pero las luces ya no estaban encendidas. Nos afincamos en el paso a nivel de Yerbal y Gualeguaychú, abrimos las birras e intenté prenderme un pucho. Ahora que soy Scioli mis hábitos de tabaco cambiaron bastante en lo que a posturas se refiere. Aprovechamos la ocasión para invitarlo a Eddie (@vendecubitos, háganse un favor y síganlo), amigo de toda la vida, y cohabitante de nuestro edificio a sumarse a la velada.
Corría la primer Quilmes, cuando comenzaron a volver las primeras luces. Del lado norte de las vías, sobre Venancio Flores. "Los chetos", como siempre les decimos, los que siempre tienen luz antes, espetábamos con todo nuestro resentimiento geográfico. La escena ya no estaba 100% a oscuras pero seguía siendo preciosa.
Desde las vías empezamos a ver movimientos raros. Los colectivos estaban doblando por alguna razón en Yerbal y comenzaba a congestionarse la calle a eso de la medianoche. Cuando de repente, un 92 se mandó un giro en U en plena Rivadavia, volviendo por donde venía, hacia el oeste. Resultó ser que en Rivadavia y Mercedes los vecinos habían decidido incendiar tachos, protestar y cortar la calle. Los colectivos que venían desde el oeste hacia el centro no tenían manera posible de desviarse, a raíz de las vicisitudes del barrio y la falta de giros posibles. Entonces comenzó el espectáculo: bondis yendo en reversa, "a lo moonwalk", mientras se demoraban sus buenos instantes en girar aparatosamente en U, otros que casi se tocan, otros que se mandaban a contramano por Gualeguaychú, uno que casi se traga una confitería intentando girar, autos particulares haciendo lo mismo...caos y movimientos inverosímiles por doquier.
A todo esto Yerbal ya presentaba embotellamientos. La razón? Los autos seguían intentando entrar al telo (mientas todo el tránsito de Rivadavia hacia el este había ido a parar a la callecita de una mano), que a raíz de la falta de nafta para el grupo, había decidido dejar de prestar servicio. Consecuencia? Autos esperando para intentar ingresar al establecimiento mientras unas 30 personas habían sido evacuadas al haberse considerado terminados sus turnos. Mientras tanto el edificio seguía echando humo. Las parejas expulsadas parecían contentas de todas formas, pues comenzaban a dispersarse tomadas de la mano (aunque en un momento pasó un número impar por la esquina donde estábamos, lo cual me pareció raro), otras por su parte intentaban salir en auto por el mismo lugar donde otros querían entrar... Otros más testarudos, por decirlo de algún modo, trataban de convencer al sereno que los dejara entrar: la falta de luz no los iba a detener en su objetivo. Quise sacarle una foto a los evacuados (después de todo, nunca vi tanta gente junta saliendo de un telo en mi vida) pero recordé que no había luz.
La escena nos parecía maravillosa. Se la relaté a una amiga por whatsapp, y le pregunto en un momento: ¿che, esto es fantástico de verdad? ¿o es una re boludez que me emociona mucho?. Me dijo que efectivamente, era una re boludez pero que estaba bien, era una forma de alimentar mis emociones.
Le expliqué que las vías de Yerbal y Gualeguaychú eran algo así como mi santuario. Ahí crecí, ahí tomé mis primeras birras, ahí siguen parando mis amigos de la primaria, ahí apostábamos sobre que autos que se mandaban por Yerbal iban o no iban a entrar al telo. Creo que ahí me di cuenta que cualquier cosa que pasara por Yerbal me iba a parecer maravillosa. De alguna forma siempre pasaba algo, por menos trascendente que pudiera ser. Y con eso alcanzaba para distraernos.
Dijeran lo que dijeran, a mi me iba a resultar increíble la secuencia del telo prestando servicio ante la emergencia energética, la evacuación masiva, el fuego en Rivadavia, los autos haciendo cualquiera...y nosotros viéndolo todo con un par de cervezas. Y todo a la vuelta de casa, después de medianoche, en ese barrio que no pasa nada, donde los almacenes todavía están abiertos.
Minutos después se hizo la luz en el lado de Yerbal, mientras que se cortó en Venancio Flores. Festejamos la victoria de los oprimidos ante los chetos. Si bien creo que ya nos habíamos encariñado con la penumbra. La noche seguía encantadora. La prueba inobjetable de ello era que el telo volvió a abrir sus puertas, para jolgorio de los nuevos ingresantes. Cuando llegamos a casa a eso de la una, vimos que aún seguíamos sin luz, por más que la calle ya estuviera iluminada.
Ya iba a volver, pensé.
(Yerbal y Gualeguaychú, foto de otra noche, el telo está del lado izquierdo, tapado por unos árboles)
Los insultos siempre contenían la palabra “Cristina” en las oraciones. Ejemplos: “Gracias a ustedes que votaron a Cristina estoy sin luz, hijos de puta” o “Cristina te va a traer la luz, ignorante” y así.
Después de abortados mis planes de dormir, a eso de las once de la noche, se empiezan a escuchar cacerolas, y movimientos en la calle. Mi hermano Lucas me dice para salir de su aburrimiento “Che, Scioli, vamos a andar en bici un rato por el barrio a romper las pelotas, o al menos a ver qué onda? . Desde que me quebré un par de dedos de mi mano izquierda, la útil, mi hermano decidió apodarme así. Lo que sí creo que no entendió que no iba a poder andar en bici junto a el.
Me calcé mi camiseta del Sao Caetano, la arremangué y salimos a patear. Fuimos a comprar unas birras. El almacén de la vuelta de casa estaba cerrado, así que fuimos a otro que quedaba a cuatro cuadras. En el trayecto por Yerbal, paralela a las vías, pasamos por el único edificio que tenía las luces prendidas en cuadras a la redonda: el telo de la esquina de casa. Tenía las luces prendidas merced a un grupo electrógeno, que estaba funcionando a más no poder. Salía humo que llegaba hasta mitad de cuadra más o menos. Paréntesis: en google maps figura el telo del barrio y no la estación de tren de Floresta que está a dos cuadras. Supongo que el albergue tenía que mantener su reputación, por eso seguía funcionando pese a los imponderables de Edesur. De más está decir que el trayecto por las vías a oscuras era una experiencia encantadora. Floresta luz de luna.
Hablando de Edesur, al llegar a Carrasco y Rivadavia, vemos a un helicóptero suspendido en el aire en el mismo punto, señalando con sus reflectores la central de Edesur de Lacarra y Alberdi. Horas después nos enteraríamos que los vecinos prenderían fuego dicho edificio. Pero no fuimos hacía ahí. El kiosko del paraguayo quedaba para otro lado. Con su cara de pocos amigos de siempre, nos dio dos Quilmes y nos fuimos por donde vinimos. Al volver a pasar por el telo seguimos escuchando el motor funcionando, pero las luces ya no estaban encendidas. Nos afincamos en el paso a nivel de Yerbal y Gualeguaychú, abrimos las birras e intenté prenderme un pucho. Ahora que soy Scioli mis hábitos de tabaco cambiaron bastante en lo que a posturas se refiere. Aprovechamos la ocasión para invitarlo a Eddie (@vendecubitos, háganse un favor y síganlo), amigo de toda la vida, y cohabitante de nuestro edificio a sumarse a la velada.
Corría la primer Quilmes, cuando comenzaron a volver las primeras luces. Del lado norte de las vías, sobre Venancio Flores. "Los chetos", como siempre les decimos, los que siempre tienen luz antes, espetábamos con todo nuestro resentimiento geográfico. La escena ya no estaba 100% a oscuras pero seguía siendo preciosa.
Desde las vías empezamos a ver movimientos raros. Los colectivos estaban doblando por alguna razón en Yerbal y comenzaba a congestionarse la calle a eso de la medianoche. Cuando de repente, un 92 se mandó un giro en U en plena Rivadavia, volviendo por donde venía, hacia el oeste. Resultó ser que en Rivadavia y Mercedes los vecinos habían decidido incendiar tachos, protestar y cortar la calle. Los colectivos que venían desde el oeste hacia el centro no tenían manera posible de desviarse, a raíz de las vicisitudes del barrio y la falta de giros posibles. Entonces comenzó el espectáculo: bondis yendo en reversa, "a lo moonwalk", mientras se demoraban sus buenos instantes en girar aparatosamente en U, otros que casi se tocan, otros que se mandaban a contramano por Gualeguaychú, uno que casi se traga una confitería intentando girar, autos particulares haciendo lo mismo...caos y movimientos inverosímiles por doquier.
A todo esto Yerbal ya presentaba embotellamientos. La razón? Los autos seguían intentando entrar al telo (mientas todo el tránsito de Rivadavia hacia el este había ido a parar a la callecita de una mano), que a raíz de la falta de nafta para el grupo, había decidido dejar de prestar servicio. Consecuencia? Autos esperando para intentar ingresar al establecimiento mientras unas 30 personas habían sido evacuadas al haberse considerado terminados sus turnos. Mientras tanto el edificio seguía echando humo. Las parejas expulsadas parecían contentas de todas formas, pues comenzaban a dispersarse tomadas de la mano (aunque en un momento pasó un número impar por la esquina donde estábamos, lo cual me pareció raro), otras por su parte intentaban salir en auto por el mismo lugar donde otros querían entrar... Otros más testarudos, por decirlo de algún modo, trataban de convencer al sereno que los dejara entrar: la falta de luz no los iba a detener en su objetivo. Quise sacarle una foto a los evacuados (después de todo, nunca vi tanta gente junta saliendo de un telo en mi vida) pero recordé que no había luz.
La escena nos parecía maravillosa. Se la relaté a una amiga por whatsapp, y le pregunto en un momento: ¿che, esto es fantástico de verdad? ¿o es una re boludez que me emociona mucho?. Me dijo que efectivamente, era una re boludez pero que estaba bien, era una forma de alimentar mis emociones.
Le expliqué que las vías de Yerbal y Gualeguaychú eran algo así como mi santuario. Ahí crecí, ahí tomé mis primeras birras, ahí siguen parando mis amigos de la primaria, ahí apostábamos sobre que autos que se mandaban por Yerbal iban o no iban a entrar al telo. Creo que ahí me di cuenta que cualquier cosa que pasara por Yerbal me iba a parecer maravillosa. De alguna forma siempre pasaba algo, por menos trascendente que pudiera ser. Y con eso alcanzaba para distraernos.
Dijeran lo que dijeran, a mi me iba a resultar increíble la secuencia del telo prestando servicio ante la emergencia energética, la evacuación masiva, el fuego en Rivadavia, los autos haciendo cualquiera...y nosotros viéndolo todo con un par de cervezas. Y todo a la vuelta de casa, después de medianoche, en ese barrio que no pasa nada, donde los almacenes todavía están abiertos.
Minutos después se hizo la luz en el lado de Yerbal, mientras que se cortó en Venancio Flores. Festejamos la victoria de los oprimidos ante los chetos. Si bien creo que ya nos habíamos encariñado con la penumbra. La noche seguía encantadora. La prueba inobjetable de ello era que el telo volvió a abrir sus puertas, para jolgorio de los nuevos ingresantes. Cuando llegamos a casa a eso de la una, vimos que aún seguíamos sin luz, por más que la calle ya estuviera iluminada.
Ya iba a volver, pensé.
(Yerbal y Gualeguaychú, foto de otra noche, el telo está del lado izquierdo, tapado por unos árboles)
sábado, 9 de noviembre de 2013
el 57.
Como mencioné en el post anterior, luego de separarse de mi mamá, mi papá nos llevaba una vez cada quince días a Mercedes, la ciudad donde se crió y donde vive mi familia del lado paterno. Nunca me animé a preguntarle si vivimos en Yerbal y Mercedes por casualidad o había una intencionalidad de su parte a la hora de elegir domicilio en Capital. El había conseguido un trabajo en un consultorio, sólo los sábados, así que en lugar de pasar los fines de semana en Parque Chacabuco cómo hacíamos antes (su nueva base de operaciones se ubicaba ahí), nos trasladabamos con él a su nuevo destino. Después de salir del trabajo en el Hospital Penna nos pasaba a buscar a las 21 horas a mí y a mis dos hermanos viernes de por medio.
Nos subíamos al tren Sarmiento (la estación Floresta está a dos cuadras de casa) como podíamos, a los empujones. Prácticamente nunca viajabamos sentados y una hora después llegábamos hasta Moreno. En el trayecto nos acompañaba el bombardeo de luces del tren y las estaciones que según su ubicación, tenían más o menos vida. Llegábamos a Moreno y a esa hora ya no había trenes para Mercedes, ergo, nos debíamos tomar el 57 que paraba a una cuadra de la plaza central. Si hacía calor, tomábamos algo en la estación. Me copaba mucho eso de ser varoncito y estar en la estación de noche. Ni hablar de subirme al 57, con las luces apagadas, corriendo la cortina para mirar por la ventana el paisaje. Mientras duraba la señal, trataba de enganchar un partido en la radio. Me acuerdo de un Talleres- Independiente que salió 1 a 1 muy nítidamente. Cuando se cortaba definitivamente la señal, era hora de acudir al Walkman. Al principio tenía un problema y pasaba las canciones más lentas de lo que debía, por lo cual temas como Another One Bites the Dust parecían baladas casi. Tiempo después quise arreglarlo, pero se generó el efecto contrario: por ejemplo, King of Pain de The Police se había convertido en una pieza punk cantada por la voz de una ardilla.
Como mencioné, la falta de luz del colectivo hacía imposible leer sin que los ojos sufrieran un poquito. Aun así lo intentaba: me acuerdo de la trilogía "Alexandros" que mi viejo había consumido a velocidad asombrosa y cuando los terminó, fue mi turno de hacerlo. Había tres grandes paradas en nuestro viaje: General Rodríguez, que mucho no se veía porque el 57 no se adentraba mucho en la ciudad. Luján, que se veía preciosa en su recorrido, y me hubiera gustado más de una vez bajarme ahí para explorarla por la noche. Y Mercedes, por supuesto.
"Llegamos a la Ciudad Luz" decía en broma, cuando nos acercábamos a destino. A decir verdad, era un lindo espectáculo. Luego de recorrer la ciudad (el colectivo primero surca por la avenida 17 y luego por la avenida principal, la 29) y bajarnos en 29 y 24. O sea, a dos cuadras de la casa de mis abuelos, donde nos alojaríamos. Llegábamos a medianoche, y en el camino un restaurant de tenedor libre nos esperaba abierto todos los viernes que íbamos. Todo ese trayecto es lo más lindo que recuerdo de esa época. Me sentía el príncipe de la ruta 5 y mi espíritu aventurero se maravillaba una y otra vez por el viaje de cien kilómetros.
En un 9 de noviembre, mi papá falleció hace doce años. Esa noche llovió a cántaros.
Nos subíamos al tren Sarmiento (la estación Floresta está a dos cuadras de casa) como podíamos, a los empujones. Prácticamente nunca viajabamos sentados y una hora después llegábamos hasta Moreno. En el trayecto nos acompañaba el bombardeo de luces del tren y las estaciones que según su ubicación, tenían más o menos vida. Llegábamos a Moreno y a esa hora ya no había trenes para Mercedes, ergo, nos debíamos tomar el 57 que paraba a una cuadra de la plaza central. Si hacía calor, tomábamos algo en la estación. Me copaba mucho eso de ser varoncito y estar en la estación de noche. Ni hablar de subirme al 57, con las luces apagadas, corriendo la cortina para mirar por la ventana el paisaje. Mientras duraba la señal, trataba de enganchar un partido en la radio. Me acuerdo de un Talleres- Independiente que salió 1 a 1 muy nítidamente. Cuando se cortaba definitivamente la señal, era hora de acudir al Walkman. Al principio tenía un problema y pasaba las canciones más lentas de lo que debía, por lo cual temas como Another One Bites the Dust parecían baladas casi. Tiempo después quise arreglarlo, pero se generó el efecto contrario: por ejemplo, King of Pain de The Police se había convertido en una pieza punk cantada por la voz de una ardilla.
Como mencioné, la falta de luz del colectivo hacía imposible leer sin que los ojos sufrieran un poquito. Aun así lo intentaba: me acuerdo de la trilogía "Alexandros" que mi viejo había consumido a velocidad asombrosa y cuando los terminó, fue mi turno de hacerlo. Había tres grandes paradas en nuestro viaje: General Rodríguez, que mucho no se veía porque el 57 no se adentraba mucho en la ciudad. Luján, que se veía preciosa en su recorrido, y me hubiera gustado más de una vez bajarme ahí para explorarla por la noche. Y Mercedes, por supuesto.
"Llegamos a la Ciudad Luz" decía en broma, cuando nos acercábamos a destino. A decir verdad, era un lindo espectáculo. Luego de recorrer la ciudad (el colectivo primero surca por la avenida 17 y luego por la avenida principal, la 29) y bajarnos en 29 y 24. O sea, a dos cuadras de la casa de mis abuelos, donde nos alojaríamos. Llegábamos a medianoche, y en el camino un restaurant de tenedor libre nos esperaba abierto todos los viernes que íbamos. Todo ese trayecto es lo más lindo que recuerdo de esa época. Me sentía el príncipe de la ruta 5 y mi espíritu aventurero se maravillaba una y otra vez por el viaje de cien kilómetros.
En un 9 de noviembre, mi papá falleció hace doce años. Esa noche llovió a cántaros.
sábado, 26 de octubre de 2013
Patinar.
lunes, 21 de octubre de 2013
Sarmiento
Viajes en el Sarmiento
La mitad de la estación seguía cubierta. Lonas negras cumpliendo función de velo y rejas bañadas en inscripciones del estilo "yuta puta" cubrían la escena del accidente.
Me subí al tren del andén 4, que salió puntualisimo a las 14:23.
De pie, recostado sobre la pared, leía "Nueve historias" de Salinger. Estaba leyendo el segundo, "El tío Wiggily en Connecticut", y en un momento mi sonrisa se hizo indisimulable, al llegar al pasaje en que uno de los personaes hace una reivindicación de reír como forma de enamorar. Cerré el libro y me alisté para bajar porque era hora.
Tres cuadras antes de llegar a destino una persona de unos 60 años, gorro blanco y sucio, como el resto de su rostro, preguntó, acusó y afirmó. sin que yo pudiera ver sus dientes : "Es un boludo, no? El que chocó el sábado...que boludo por favor!" No pude contestarle ni si ni no. Tampoco me puse a pensar que de no haber pedido ese cambio de horario, hubiera volado junto a ese primer vagón, lugar donde siempre viajo a la ida de mañoso e impaciente que soy. De todas formas, salió volando y no se transformó en un acordeón. Y yo exagero como siempre.
La mitad de la estación seguía cubierta. Lonas negras cumpliendo función de velo y rejas bañadas en inscripciones del estilo "yuta puta" cubrían la escena del accidente.
Me subí al tren del andén 4, que salió puntualisimo a las 14:23.
De pie, recostado sobre la pared, leía "Nueve historias" de Salinger. Estaba leyendo el segundo, "El tío Wiggily en Connecticut", y en un momento mi sonrisa se hizo indisimulable, al llegar al pasaje en que uno de los personaes hace una reivindicación de reír como forma de enamorar. Cerré el libro y me alisté para bajar porque era hora.
Tres cuadras antes de llegar a destino una persona de unos 60 años, gorro blanco y sucio, como el resto de su rostro, preguntó, acusó y afirmó. sin que yo pudiera ver sus dientes : "Es un boludo, no? El que chocó el sábado...que boludo por favor!" No pude contestarle ni si ni no. Tampoco me puse a pensar que de no haber pedido ese cambio de horario, hubiera volado junto a ese primer vagón, lugar donde siempre viajo a la ida de mañoso e impaciente que soy. De todas formas, salió volando y no se transformó en un acordeón. Y yo exagero como siempre.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Corneria
En Corneria siempre es de día.
La vida es más intensa.
La piel se despega del cuerpo.
Todo se ve entre polígonos de dos dimensiones y media,
o quizás en tres.
Thanatos hace olvidar a Eros.
Los cardiólogos serían reyes
si tan sólo existieran
En Corneria nadie tiene el coraje
para hacer una rima consonante
ni para dormir una siesta.
Apenas se habla con onomatopeyas.
Los zorros son reyes
y los sapos objetos de burla
donde las naves explotan
sin sangre.
La adrenalina es música.
Las pasturas son perfectas.
Las nubes nunca se mueven.
En Corneria no hay humanos
y todos se olvidan del suelo.
La vida es más intensa.
La piel se despega del cuerpo.
Todo se ve entre polígonos de dos dimensiones y media,
o quizás en tres.
Thanatos hace olvidar a Eros.
Los cardiólogos serían reyes
si tan sólo existieran
En Corneria nadie tiene el coraje
para hacer una rima consonante
ni para dormir una siesta.
Apenas se habla con onomatopeyas.
Los zorros son reyes
y los sapos objetos de burla
donde las naves explotan
sin sangre.
La adrenalina es música.
Las pasturas son perfectas.
Las nubes nunca se mueven.
En Corneria no hay humanos
y todos se olvidan del suelo.
domingo, 29 de septiembre de 2013
Experiencia
Nos gusta narrar
lo que vivimos
Por eso no sé escribir sobre cocaína
sobre mis hijos o mis sobrinos
mis viajes en el espacio
o las barbies que nunca tuve.
Sí sobre cenas quemadas
los parientes vestidos de papá noel
lo que me costó aprender a nadar
y a andar en bicicleta
los libros leídos a medianoche
los goles que me hicieron
las veces que me vestí mal
los gestos lindos que hice
los que tengo ganas de hacer
las sonrisas que saqué
tras hacer esos gestos lindos
los dientes que me rompí
las banderas de los países
los fichines que di vuelta
la gente con cara de tomate
las veces que quebré
y me recuperé al día siguiente.
(Párrafo aparte para mi papá, que en una navidad cuando yo era muy chiquito y cenamos afuera se olvidó la llave de casa. Ergo se subió a una cornisa en el tercer piso desde el departamento de mi vecina para llegar a nuestra ventana, abrir la puerta a las 3 de la mañana y ver que los regalos estaban en el árbol cuando entré. Después de eso era imposible convencerme que Papá Noel no existía)
lo que vivimos
Por eso no sé escribir sobre cocaína
sobre mis hijos o mis sobrinos
mis viajes en el espacio
o las barbies que nunca tuve.
Sí sobre cenas quemadas
los parientes vestidos de papá noel
lo que me costó aprender a nadar
y a andar en bicicleta
los libros leídos a medianoche
los goles que me hicieron
las veces que me vestí mal
los gestos lindos que hice
los que tengo ganas de hacer
las sonrisas que saqué
tras hacer esos gestos lindos
los dientes que me rompí
las banderas de los países
los fichines que di vuelta
la gente con cara de tomate
las veces que quebré
y me recuperé al día siguiente.
(Párrafo aparte para mi papá, que en una navidad cuando yo era muy chiquito y cenamos afuera se olvidó la llave de casa. Ergo se subió a una cornisa en el tercer piso desde el departamento de mi vecina para llegar a nuestra ventana, abrir la puerta a las 3 de la mañana y ver que los regalos estaban en el árbol cuando entré. Después de eso era imposible convencerme que Papá Noel no existía)
lunes, 24 de junio de 2013
2011.
Ese cae sábado.
Y este otro domingo.
Y este otro también es sábado.
Bueno, este es viernes, una buena.
Pero este cae domingo...entonces...
el anteúltimo es sábado...y el último también es sábado.
O sea que el 1 de enero cae domingo.
Nunca más.
Y este otro domingo.
Y este otro también es sábado.
Bueno, este es viernes, una buena.
Pero este cae domingo...entonces...
el anteúltimo es sábado...y el último también es sábado.
O sea que el 1 de enero cae domingo.
Nunca más.
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